Zero Hour, o leer el Código Da Vinci con 15 años

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No estaba entre las series más esperadas del año. No estaba entre las siete series de midseason a las que queríamos hincar el diente. Y por no estar, no estaba ni entre mis planes seriéfilos de esta semana. Cosas de la vida, aunque sería más adecuado hablar de destino teniendo en cuenta el universo de aventuras en el que se mueve la serie, el piloto de Zero Hour llegó a mis manos con la timidez del niño nuevo de clase: “oiga, estoy aquí, pero no he venido a molestar, yo sólo quiero una oportunidad…” Y se la di. Y el resultado es mucho más satisfactorio de lo que esperaba, entre otras cosas porque no esperaba absolutamente nada. A veces es maravilloso sentarse a ver una serie como si los últimos dos años de tu vida hubieras estado encerrado en Guantánamo. ¿Alguien más ha visto el piloto?

Zero Hour es como leer el Código Da Vinci cuando tienes 15 años. Una pasada. Con 15 años, al menos con mis 15 años, de los que ya hace casi 15 años, había pocas cosas tan apasionantes como que cayera un buen libro de aventuras en tus manos. Yo recuerdo con mucho cariño los de la colección “Elige tu propia aventura”, en los que la historia te hacía decidir el destino de los personajes y, en función de tus elecciones, te encontrabas con un final amargo o un final feliz. Los libros no se leían, se devoraban. En realidad tampoco hacía falta una gran historia, bastaba con que te identificaras con los personajes para que al acabar de leer un capítulo dijeras aquello de… “va, el último y a dormir”. Cuando leí El Código Da Vinci, sin embargo, tenía más de 15 años. Así que la aventura fue un poco menos apasionante, como si hubiera visto Indiana Jones la semana pasada o como si no hubiera visto Los Goonies cuando apenas tenía 12 años. Hay películas, libros o series de televisión que se asocian indivisiblemente a etapas de la vida. Y el efecto Código Da Vinci, ese que dice que sienta mejor leerlo con 15 que con 22, se propaga a una serie como Zero Hour.

Sin voluntad de desvelar demasiado, algo imprescindible para disfrutar del piloto, Zero Hour nos presenta a Hank Galliston (Anthony Edwards), editor de la revista Modern Skeptic en la que se tratan temas de mitología y conspiraciones. La oferta de contenidos de su revista es también el eje temático de una “macro conspiración histórica” en la que intervienen los nazis, una hermandad secreta como los Rosacruz y un legado que lleva transmitiéndose de generación en generación desde hace más de 2000 años. El secuestro de la esposa de Hank, que acaba de comprar un reloj que contiene parte del misterio, será el punto de partida de una serie de aventuras que se asemejan a las que vivió Tom Hanks en la piel de Robert Langdon o a las del mismo Indiana Jones (la trilogía, no eso que hicieron después), aunque poniendo muchas comillas, sobre todo en lo que a la comparación de protagonistas se refiere. Porque no, Galliston no es el Langdon de los libros, ni mucho menos Indy.

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Zero Hour tiene cosas muy buenas, de entre las que destaco el ritmo. El piloto no para. De la presentación histórica del conflicto pasamos a conocer muy por encima a los personajes, de ahí nos plantamos en el secuestro de la mujer, del secuestro al intento de rescate y del intento de rescate fallido pasamos sin pausa a la investigación del caso, que por supuesto es mucho más que un secuestro a cambio de dinero. Zero Hour da prioridad a la historia frente a los personajes, lo que para mi es sin duda un punto a favor. Aunque podríamos discutirlo, hacer una buena historia suele ser más fácil que hacer un buen personaje. El resultado es que el piloto falla a la hora de conectar a la audiencia con los personajes, ya que no nos sentimos parte de la aventura en ningún momento, pero acierta a la hora de retenernos para la semana que viene, donde, ya sí, habría que conectar con los que van a guiar esta historia de 12 episodios. ¿Más cosas buenas? La serie va a ser una mina de cliffhangers, giros de guión y torceduras de cuello (posiblemente poco creíbles), ideal para los que no quieran romperse mucho la cabeza y estén dispuestos a sacrificar la credibilidad por el entretenimiento. Otro punto a favor: la temática nazi. Esa esvástica tiene algo acojonantemente atractivo.

Si analizamos la serie al detalle no tardaremos en verle las costuras… pero nadie dijo que fuera obligatorio hacerlo. Ya hemos dicho que Zero Hour sienta mejor si borramos la palabra credibilidad de nuestra cabeza cuando la estamos viendo y si le concedemos un margen de maniobra a la hora de presentar a los personajes. Que Galliston vaya a ser el héroe molón de este tipo de aventuras, ya tengo más dudas… En cualquier caso, ved la serie. Hacedlo con el mismo espíritu con el que leíamos aquellas novelas en las que elegíamos nuestra propia aventura. Hacedlo sin más pretensiones que las de hundir nuestra cabeza en un saco de granos de entretenimiento. Hacedlo como si volviéramos a tener 15 años y el Código Da Vinci cayera en nuestras manos…


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