USoT: Tarados

USoT: Tarados

Este año, los United States of Tara están viviendo su particular guerra de secesión. No hay sangre, no hay un bando que practica el incesto ni tampoco artillería pesada, pero el conflicto se respira con la misma tensión. Tras una primera temporada que gustó, esta segunda está encantando. Redonda. Lo malo, que Tara, Max, Marshall y Katie han sufrido el síndrome de las segundas veces, que no es horrible pero sí molesto: una división, maldita sea, y qué irónico, bastante marcada de tramas que está perdiendo uno de los grandes factores de la primera tanda de la serie de Diablo Cody: la unidad familiar.

Mientras Marshall se inicia en el mundo gay con malas compañías (estúpido Lionel) y peores decisiones, y Kate sigue procurando saber quién es experimentando, esta vez, como la extravagante princesa Valhalla Hawkwind y las cámaras web, el matrimonio de los Gregson sufre su mayor crisis y Charmaine anda por ahí, con sus rollos de adúltera inmadura. De esto va la segunda temporada de Tara, más o menos. El principio no me gustó, puestos a comentar. La trama de la asquerosilla de Courtney, mereciéndose Moosh lo mejor del mundo, se alargó demasiado y atrancó varios episodios, que sólo salvaba la potente presencia de Viola Davis (la vimos hace nada en Un Ciudadano Ejemplar), artista bohemia, que tenía que decir unas cosas a Kate y, más importante, resucitar a una Tara estancada en su medicación y el lío extraconyugal de Buck. Y luego llegó el tornado, este tornado, y capítulo perfecto se encadenó con capítulo perfecto. Porque no hay nada mejor que enclaustrar a los personajes para sacar lo mejor de ellos.

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Sobre todo en la primera temporada, había ocasiones en que las historias de los jóvenes Gregson me parecían infinitamente más interesantes que las de los verdaderos protagonistas, Tara y Max. Sin embargo, el añadido del misterio de su niñez, su crisis y sus vaivenes (gran camarera, esa Pammy), así como el hecho de dejar más cancha para la mujer, más allá de las personalidades, ha sido el gran acierto del segundo año. Más que la riquísima repostería de Alice o la chulería de Buck, ahora lo que nos interesa es la propia Tara Gregson, con Shoshanna, otro descubrimiento, o sin ella. A veces nos parecerá que ella misma se toma muchas licencias, “porque tengo excusa”, pero nunca dejará de comportarse como debe, aunque traiga locura a la casa, enfados y jugarretas.

La brillantez alcanzada estos últimos episodios ha convertido, de una forma brusca pero esperada (de la fórmula Gillespie, Spielberg y Cody tenía que salir algo fantabuloso no, lo siguiente), a la serie en una de las más jugosas de cada semana, la que esperamos con ansia porque, exacto, veinte minutos se pasan en un respiro. El exquisito papel de Toni Collette ya está dando sus frutos. Premios, geniales roles en cine (ha fichado por el remake de Fright Night y la veremos en la comedia Mental, del director de La Boda de Muriel), y un medio por el cual canalizar su explosivo talento. No hay más que ver el final de Dept. of F'd Up Family Services. Bru. Tal.

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El próximo lunes emiten la finale de la segunda temporada, titulada From This Day Forward. Suena a esperanza, pero también a cambio en las reglas del juego. Pero antes, más vale que el pasado de las hermanas se resuelva, que Kate se espabile a su estilo y que Marshall sea un poquitín feliz, al menos hasta el comienzo de la tercera. Va a ser una transición muy interesante.


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