Unas líneas sobre The Slap

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“Esas tonterías se arreglan con un buen tortazo”. ¿Quién no ha oído alguna vez esta frase procediendo de algún padre o alguna madre al ver a un joven infante revolucionado en plena ebullición de su hiperactividad? Muchos padres tienen la filosofía de que a edades tempranas un golpe puede evitar futuros problemas. Un poco la actitud de Kim Jong-un pero en versión doméstica. Otros en cambio piensan que cualquier acto físico que pueda recibir su hijo marcará de alguna manera el resto de su vida convirtiéndola en una espiral de perversión, drogas, violencia y cualquier otra cosa negativa que se os ocurra. La mini-serie The Slap coge estas dos vertientes y tomándolas como desencadenante nos cuenta la historia de un grupo de amigos que a través de un tortazo a un niño descubren que sus vidas se ven necesitadas de una clara reflexión interna.

Esta mini-serie australiana sigue un esquema similar al de Skins solo que en este caso en lugar de a jóvenes inmaduros y alocados seguimos a adultos inmaduros y alocados. The Slap tiene como punto de partida una barbacoa que organiza Aisha (Sophie Okonedo) para celebrar el cumpleaños de su marido Hector (Jonathan LaPaglia). A esa barbacoa asistirán amigos y familia. El hijo de la pareja formada por Rosie (Melissa George) y Gary (Anthony Hayes) está especialmente descontrolado y ante la pasividad de sus padres, el primo de Hector, Harry (Alex Dimitriades), decide tomarse la justicia por su mano y darle un tortazo al niño para que se calme. Como comentaba antes todo esto provocará una serie de consecuencias que afectarán a gran parte de los asistentes a esa barbacoa durante los días que componen los ocho capítulos que forman The Slap.

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Quizás me traiciona mi subjetividad pero uno de los elementos más sorprendentes de The Slap es que desde un principio te posiciona claramente a favor de uno de los dos bandos que se organizan en torno al incidente de la torta. Podríamos hablar de un Team Harry y de un Team Rosie. Cada espectador es un mundo pero juzgando los hechos de la barbacoa es muy difícil no darle la razón a Harry en un principio… y en un final. Vale, cada capítulo de la mini-serie nos irá enseñando que todos y cada uno de los protagonistas hacen méritos suficientes para ser reprochados, odiados e incluso temidos pero si tuviésemos que ejercer de de jueces no creo que tuviésemos muchas dudas. Gran mérito de la serie es este. El incidente del tortazo no es utilizado para hablarnos sobre las diferentes formas de educación que existen y cuál de ellas es la correcta. El tortazo es solo la excusa para hablarnos de lo jodidas que están las vidas de nuestros protagonistas debido a varias razones.

Cuando nos encontramos a alguien que ve una serie que nosotros también seguimos una de las preguntas que acaba surgiendo es la de “¿Cuál es tu personaje favorito?”. Es entonces cuando sacamos todo nuestro arsenal de razones para defender por qué el nuestro es el mejor de todos. Cuando te encuentres a alguien que vea The Slap esta defensa se hace con la boca pequeña y centrándose especialmente en que sus defectos no son tan graves como los del personaje que haya elegido tu adversario. The Slap no toma partido por ningún personaje. Desconfianza, malos tratos, cuernos, mentiras… Todos los elementos que no podrían faltar en cualquier tele-novela del tres al cuarto los coge esta mini-serie para demostrarnos que todos tenemos algo que ocultar y de lo que no sentirnos orgullosos para plantearnos que quizás deberíamos mirar mejor dentro de nuestra casa antes de tratar solucionar los problemas del mundo. “Consejos vendo y para mí no tengo”, que diría el refranero.

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Otro de los puntos fuertes de la serie es esa sensación que da continuamente de que las cosas no irán a mejor nunca. Si se produce algún cambio será para complicar un poco más las cosas. Para ello ayuda que apenas tengamos datos del pasado de nuestros personajes (excepto en un par de contadas ocasiones). Solo les conocemos a partir de esa barbacoa en la que, a pesar de las sonrisas, chistes o bromas que se hacen los participantes, es obvio que el ambiente no es el de un grupo de amigos que disfruten de la compañía de cada uno. Los paralelismos entre las vidas que iremos conociendo de cada uno de los personajes nos dan pistas de por qué no debemos esperar un feliz desenlace de todo esto. No es casualidad que en el último capítulo descubramos que el padre de Richie tiene problemas con la bebida o que su madre es excesivamente sobre protectora con él. En muchas ocasiones da la sensación de que estamos viendo a un mismo personaje en diferentes épocas de tiempo o afectados por un ligero cambio. Al fin y al cabo, y por poner un ejemplo, Harry y Manolis no dejan de tener exactamente el mismo problema en su vida a pesar de que cada uno decide exteriorizarlo de una manera.

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De una manera sutil y utilizando fórmulas que han funcionado en otras series The Slap nos hace ver que un poco de auto-crítica en ciertas ocasiones nos supondrá evitar males mayores como reflejar en un juicio nuestra mala praxis como pareja, padres, amantes o cualquier otro campo en el que el ser humano pueda cagarla. The Slap nos recuerda que Oceanía no solo son canguros y Flight of the Conchords. Si investigamos un poco podremos encontrarnos mini-series como esta que nos ayudarán a odiarnos un poco más.


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