Unas líneas sobre Frank Underwood

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“It’s not TV, it’s HBO” es el eslogan de la HBO, ese canal en el que entre teta y teta podemos encontrarnos alguna serie de vez en cuando. Netflix decidió coger esa frase y doblar la apuesta. Confiando en que más pronto que tarde la televisión se consumirá por Internet este canal puso una de las primeras piedras creando el remake de House of Cards, una serie británica de 1990, e involucrando a gente de la talla de Kevin Spacey, David Fincher o Beau Willimon, exclusivamente para ser emitida por la red. El resultado no podría ser mejor. Y además se ve alguna teta.

Si os habéis leído las reviews de mi compañera Eulália Gregori ya sabréis de qué va la historia que nos cuenta House of Cards. Realmente lo único que se necesita saber es que Frank Underwood es un miembro del partido demócrata que recibe la noticia de que no será elegido como Secretario de Estado lo que no le hace mucha gracia. Por ello comienza una venganza con el fin de que se den cuenta de que poca gente tiene tanto poder como él en el partido. En el partido, en el país y hasta en el Sistema Solar. Frank Underwood es uno de los personajes del año.

Kevin Spacey da vida a Frank Underwood, un tipo manipulador, sin escrúpulos y que solo se interesa por sí mismo, pero ¡eh! ¡Nos habla a nosotros! Uno de los grandes aciertos de House of Cards es como rompe constantemente la cuarta pared a través de este personaje. A pesar de ser uno de los personajes más mezquinos que la televisión ha dado en los últimos años no podemos dejar de desear que las cosas le salgan perfectamente. Incluso hay momentos en los que pagaríamos lo que fuese por poder llevar un día su ropa. O simplemente olerla. En general todos los personajes de House of Cards dejan mucho que desear pero Frank Underwood se lleva la palma. Sería muy curioso que se realizase un crossover entre House of Cards y Breaking Bad simplemente por poder ver en una misma pantalla a Frank Underwood y Walter White. Es probable que nuestra pantalla se inmolara ante semejante exhibición de crueldad y vileza.

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Kate Mara, Robin Wright, Corey Stoll, Michael Kelly… El nivel del reparto de House of Cards es estupendo pero por encima de todos está él, en otro nivel. Da la sensación de que aunque le diesen la posibilidad de elegir a Kevin Spacey le resultaría difícil encontrar otro papel en el que sentirse tan cómodo como con el de Frank Underwood. O sí. Es curioso, si nos paramos a pensar en la filmografía de Kevin Spacey podemos comprobar que en gran parte de sus papeles da vida a gente que lo tiene todo bajo control desde el principio (Sospechosos Habituales, Seven, La vida de David Gale…). En este caso podemos ver el proceso de cómo Frank Underwood se convierte en un personaje más de Kevin Spacey. Como en una especie de “Being Kevin Spacey” a lo largo de los 13 capítulos que tiene House of Cards iremos viendo como Frank Underwood mueve todos los hilos para ser reconocido como lo que es: una de las personas más importantes del gobierno de Estados Unidos.

House of Cards nos muestra un país en el que las conversaciones tienen un claro fin más allá del informativo: manipular a todo bicho viviente. Nadie abre la boca si no piensa que de ese intercambio de palabras podrá sacar algo que colme su interés propio. En cada capítulo y a lo largo de toda la temporada podemos ver varios juegos psicológicos, casi todos ellos comenzados por Frank Underwood y prácticamente todos ganados por él. Hasta Parker Lewis perdería ante Frank Underwood. Lo que podría provocar una falta de interés y seguimiento de la serie como es que el protagonista siempre se lo monte tan bien funciona perfectamente ya que como decíamos antes deseamos que a Frank le salga todo bien. ¿Por qué? Pues… ¿Porque…nos habla directamente en varias ocasiones? Ya lo he dicho antes, ¿no? Si a alguien se le ocurre otra posibilidad que la diga ahora. Si no siempre podremos preguntarle a Frank Underwood que seguro que tiene la respuesta perfecta.

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Si buscáis una serie que deje un regusto positivo al final de cada capítulo os recomendaría que os sacaseis los ojos antes de ver House of Cards. Las únicas muestras de amor o de afecto que se pueden ver en la serie la tienen los personajes con sus amantes, amantes que en ocasiones satisfacen otros intereses más allá de los sexuales y que por ello son aceptados como tal. ¿Alguien recuerda algún gesto claro de amor entre Frank Underwood y su esposa Claire? Probablemente una de las relaciones de pareja más interesantes que servidor ha visto. Dos tipos que están juntos, se aman pero que por encima de todo, se entienden. A pesar de que el arco de temporada de Claire es precisamente las dudas sobre hasta que punto esa relación es saludable es muy curioso ver esa camaradería entre un hombre y una mujer que forman un matrimonio.

House of Cards es por tanto una serie muy interesante y que basa en su protagonista/antagonista gran parte de su éxito. Queremos ser como Frank Underwood pero a la vez nos repele y nos da miedo su actitud. Además de este personaje hay otros muchos que merecen la pena como la periodista Zoe Barnes que tiene que descubrir hasta qué punto le interesa tener una ética periodística o prefiere seguir dando exclusivas, Peter Russo, un alcohólico que quiere dejar de serlo o cree quererlo o Doug Stamper, la mano derecha de Frank y uno de los personajes más inquietantes a la vez que interesantes de la serie. Pero yo quería hablar de Frank Underwood. Porque quién sabe, quizás en algún lado del mundo está leyendo esto y me acepta como su esclavo personal y me deja lavarle el baño, atarle los zapatos, hacerle la comida… ¿Os imagináis? Un hombre puede soñar…


Categorías: Boardwalk Empire Breaking Bad Opinión Etiquetas:
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