Una opinión controvertida sobre La Peste

peste

Sevilla a finales del siglo XVI: la ciudad más importante de Europa, entrada y salida de mercancías hacia las Américas a través del Puerto de Indias, ciudad también podrida por la peste y por la corrupción y todo ello aderezado con unos extraños asesinatos rituales. Así se nos presentaba La Peste hace unos meses. Si a eso le añadimos que el presupuesto era de diez millones de euros y que al frente estaba un director más que solvente, Alberto Rodríguez (La isla mínima, El hombre de las mil caras), el proyecto de Movistar solo podía ser una joya y un triunfo para las series españolas.

Sin embargo, tras ver sus seis episodios en poco menos de dos semanas, debo decir, en contra de las críticas que he visto que de forma mayoritaria la aclaman, que no entiendo el porqué de su éxito. Simplemente, no me ha gustado. Movistar debe estar feliz porque la serie ha sido vista por más de un millón de espectadores, pero si vamos a lo que nos importa, que no son ni los espectadores, ni las ganancias económicas, y hablamos únicamente de calidad, la pregunta es: ¿la serie llega al estándar que esperaba, al menos desde mi humilde punto de vista? Desde este foro me animo a hacer un ejercicio introspectivo para intentar buscar y explicar las razones de ese rechazo que me ha provocado la peste en contra de la opinión general.

Como ya he dicho, un presupuesto de 10 millones de euros es una cifra impensable hasta ahora para una producción española. Es el precio, por ejemplo, de un capítulo sencillo de Game of Thrones, pero ya sabemos que esos juegan en otra liga. Esos 10 millones de euros se han aplicado a seis capítulos de aproximadamente 55 minutos cada uno, de momento y solo por eso ya damos gracias de que alguien se haya dado cuenta que los capítulos de series españolas no tienen por qué durar dos horas, ya que el propio concepto de serie descarta semejante metraje por capítulos.

El dinero se nota, se deja ver por la cantidad de personajes en escena, el vestuario, las calles embarradas, los ricos interiores, las tascas, los barrios de chabolas de Sevilla, los cuales creo que salen una media de una docena de veces por capítulo siendo planos un tanto repetitivos. Sin embargo, esa Sevilla que deslumbraba al mundo y era tierra de oportunidades está prácticamente desaparecida. Cuando se quiere reflejar la riqueza se acude a planos interiores y cuando reflejan la miseria se limitan a oscuros exteriores de callejuelas o interiores de tabernas, mancebías… Para los que hayan visto el tráiler promocional de la serie después de haber visto la propia serie, y si no lo habéis hecho os animo a ello, comprobaréis que en la promo aparecen los mejores planos de exteriores de La Peste porque, aparte de lo que se ve en el tráiler, no hay mucho más. De hecho, creo que el único plano panorámico que aparece en toda La Peste es en el sexto capítulo: cámara detrás del inquisidor, la catedral de fondo y el pueblo clamando justicia.

Una de las polémicas de La Peste ha sido el sonido. Sinceramente, no he tenido problema alguno en entender a los personajes de la serie en contra de la opinión de gran parte del público, incluso algunos han dicho que necesitaron poner subtítulos. No tengo nada en contra del acento, pero sí creo que se debería haber cuidado más las formas de expresión eliminando tanto “oye” o “tú” por algo más apropiado según la época. No es cuestión de ponernos a hablar castellano antiguo, pero sí de adaptar el actual a la época. Si es cierto que el sonido ha sido grabado directamente, pudiendo apagar las voces, siendo ese detalle el que las haga más complicadas al oído. Pero en mi caso debo decir que lo que me pareció bastante irritante fue la música en bucle de fondo que acompañaba todos los capítulos siendo un tanto anacrónica y, en mi caso, pudo ser obsesión personal, prevalecía por encima de los diálogos.

La historia, a priori, es interesante: una suerte de El nombre de la rosa, en un ciudad podrida por la enfermedad. Sin embargo, la forma de contarla es espesa y dificulta su seguimiento, no porque el guión sea complicado, sino por cómo lo han desarrollado con tramas o personajes secundarios que se podían haber eliminado en favor de otras situaciones o personajes más interesantes. Por ejemplo, Leandra y su relación con Valerio aportan bastante poco, ya que no añaden nada sustancial, ni como trama secundaria ni a la principal. ¿Por qué no dar mas minutos al inquisidor Celso de Guevara o a Teresa Pinelo? Porque ambos sí tienen una relación directa con la trama principal y son personajes francamente atrayentes…

En este sentido, destaca el papel de la mujer en el siglo XVI, el cual era prácticamente nulo a no ser que tuviera una posición claramente de poder como por ejemplo Isabel la Católica cien años antes. Sin embargo, tanto Eugenia como Teresa Pinelo son dos rebeldes, si la primera se atreve a practicar la prostitución fuera de las mancebías al grito de “en mi cuerpo mando yo”, la segunda no tiene problema alguno en despedir a toda la plantilla de hombres de su fábrica para sustituirlos por prostitutas como si de una ONG se tratase. Francamente, se me hizo difícil aceptar esas situaciones, ya que la historia siempre hay que estudiarla y comprenderla con la mentalidad de la época, pero… todo sea en pro de la narración un tanto adaptada a nuestros tiempos. Según el propio guionista de la serie, Rafael Cobos: “La mujer en esa época era considerada un ser voluble, inestable, de apetencias dudosas, así que quise construir una que contradijese esa visión”, explicaba en relación con Teresa Pinelo.

Otro ejemplo es Mateo. Francamente, sigo sin saber por qué requieren sus servicios. No se explica el pasado de este hombre que actúa como un Grissom del Siglo XVI. Sólo sabemos de él que fue un soldado. Por otra parte, Valerio no hace más que suspirar por el Nuevo Mundo quejándose de las miserias de Sevilla, cuando en varias ocasiones en la serie se dice que es la ciudad de las oportunidades. Y en este sentido, una vez más siendo cuestión reiterada en el cine español, nos encanta dar una visión absolutamente negativa de nuestra historia, nos encanta flagelarnos por nuestro pasado avergonzándonos del mismo. Un pasado donde todo se hace siempre mal, convirtiéndonos en los malos de nuestra propia historia. Efectivamente se hicieron cosas mal, pero también se hicieron muchas bien. A mí me gustaría ver también ese lado positivo y que así se muestre al mundo. Un ejemplo a seguir son las series inglesas, como Los Tudor, donde se refleja lo malo pero también lo bueno.

Del reparto destacaría la interpretación de Pablo Molinero (Mateo Núñez) y Patricia López (Teresa Pinel), creo que ambos realizan una labor excelente en contraposición a Paco León, que sinceramente parece totalmente perdido en la serie, incluso en el momento más dramático de su personaje parece que está leyendo la lista de la compra. El resto de los actores tienen una labor más que solvente.

Todos estos peros que pongo a La Peste podrían quedar “tapados” por la excelente labor de fotografía, producción, vestuario… pero el principal problema de La Peste es que es una serie sin alma en la que parece que se han preocupado mucho del continente y se olvidaron del contenido, haciendo que el futuro de los personajes y el desarrollo de la trama nos sea un poco indiferente. Los capítulos de La Peste se arrastran por bonitos decorados, pero lo que te cuenta no interesa. Es una pena porque visualmente agrada, pero emocionalmente no engancha.

Personalmente, tenía muchas ganas de ver esta serie, pero tras visionar el primer capítulo sabía que no iba a ser lo que esperaba, y no es porque tengamos la manga más estrecha con lo español que con lo extranjero. Insisto: me encantaría poder decir que está por ejemplo al nivel de Rome, pero desafortunadamente no ha sido así. De cualquier manera, lo que sí ha demostrado La Peste es la posibilidad de hacer grandes series en las que no todo tiene que ser cartón piedra, decorados cutres y 90 minutos por capítulo. Podemos competir con las series extranjeras: sólo necesitamos un poco más de experiencia.

Por último, hago una apreciación final: ¿por qué los tres personajes femeninos hacen desnudos integrales? Sinceramente no lo entiendo, no es cuestión de puritanismo, es que simple y llanamente son gratuitos. No creo que a estas alturas la forma de atraer público a una serie sea esa y no encuentro justificación suficiente para ello. Quizás en la segunda temporada las actrices tengan más fuerza para influir en productores, directores o quien quiera que sea que tome esas decisiones, y tal y como ocurrió en Game of Thrones puedan decir: “hasta aquí hemos llegado”.


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8 comentarios

  1. Julen

    Hola,
    Felicidades por la review, pues no he visto el capitulo ni me interesa demasiado a priori esta serie, pero me ha gustado leerte, primero porque es una review propiamente dicho (no te dedicas a contar linearmente la trama como se hace demasiadas veces para mi gusto, sino que analizas), y luego un par de detalles a los cuales soy también sensibles y siempre me enrabian cuando miro una serie y occuren:
    – la música: se ha vuelto ya costumbre cubrir todos los capitulos de música “ilustrativa” insoportable, que no solamente aporta nada, sino que además pretende insinuar al espectador los sentimientos que deberia asociar a los hechos en curso. Empezo creo con Mujeres desesperadas, y sus horripilantes violines. Lost en la época los usaba también, pero por suerte era muuy sutil.
    – los desnudos: esto es una tradición española, aunque HBO no se queda atrás, y mientras los guionistas y los ejecutivos de las cadenas televisivas sean hombres, no cambiara.

    • Paloma

      Gracias por comentar Julen, efectivamente HBO es muy dada al tema desnudos gratuitos pero en este terreno España se lleva la palma desde hace mucho tiempo, diría que desde los 70, es hora de actualizarse.

  2. Rob Diesel

    También muy decepcionado. Muy floja la serie y más con el presupuesto que tiene.

  3. Anónimo

    María Elvira Roca Barea es una profesora que ha escrito un libro esencial que todo el mundo debería leer: “Imperiofobia y Leyenda Negra”.
    Ya le dio las del pulpo a “Oro” por su falsedad negrolegendaria y tiene que volver a hacerlo con esta puñetera serie:
    -Velas rojas, con lo caro que era teñir la cera.
    -Luces encendidas por todas partes y a todas horas, incluso de día, que lo único que les faltaba a los religiosos que sustentaban los hospitales con limosnas era gastarse el dinero en velas para tenerlas encendidas de día.
    Y ahora, lo de siempre:
    -El irremediable cura que maneja en las sombras toda la trama (no podía faltar).
    -El oro como única obsesión de los españoles en el Nuevo Mundo.
    -Incapacidad nacional para la industria y los negocios (aderezado a la posmoderna con su sexo, su gay y su poquito de género).
    -Se escucha: «Se exporta a Flandes. Debe ser de las pocas fábricas sevillanas que exporta algo». Pero resulta que se exportaban muchas manufacturas locales desde ese puerto: loza, paños, libros, vino, sal… y hasta sofisticados productos farmacéuticos trasatlánticos como la quinina, que era el no va más de la medicina de la época.
    Escribe doña María Elvira: “Naturalmente el protagonista vive perseguido porque es el impresor que alumbró la famosa Biblia del Oso y estuvo relacionado con un grupo protestante local: «casi todos tuvieron tiempo para escapar a Ginebra, yo no». Pues no le arriendo la ganancia, porque si hubiera podido, como pudo Servet, ir a buscar refugio en los faldones del calvinismo, le hubiera ido bastante mal. Primeramente le hubiera sido imposible ir a emborracharse en los mesones, cosa a la que es muy aficionado. Estaba el alcohol muy prohibido en Ginebra. Tanto que tuvieron que cerrar todas las tabernas. Pero en el caso de que lo hubiera conseguido y proclamado alegremente a gritos, como hace el protagonista, que «Dios está en todas partes… en las frutas, en los pechos de las mujeres (…), en las música y los órganos (…). Todo es Dios», los diáconos de Calvino lo hubieran quemado varias veces. La primera por borracho. La segunda porque la música (y hasta el toque de campanas) estaba prohibida en Ginebra, y la tercera por panteísta. Confundir a Dios con sus criaturas es creencia intolerable en la Cristiandad oriental y occidental, entre católicos y protestantes, entre musulmanes y judíos. Cabe preguntarse si quien escribió el monólogo del mesón cree que lo dicho es cosa remotamente protestante.”
    La cosa no termina aquí, ¡eh! La cosa continúa, lo dejo por hastío, porque llueve sobre mojado en el cine/series españoles.
    Dejo el enlace, si Todoseies a bien lo tiene:
    http://www.elmundo.es/opinion/2018/02/03/5a748655468aeb480d8b47fc.html

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