Un verdadero diamante africano

Un verdadero diamante africano

De todas las series que produce anualmente la televisión del mundo conocido y por conocer, ¿cuál podemos decir, entre tanta paja, que marca la diferencia? Encontrar un dedal de oro, que aunque no te acabe de gustar brille como ningún otro (por el motivo que sea), es tarea jarta. The No.1 Ladies' Detective Agency, estrenada en la BBC y la HBO la pasada primavera, consta de una (¿única?) temporada de seis episodios, una localización nunca vista antes y unos argumentos que parecían perdidos. No es un dedal de oro. Es un enorme baúl de joyas que nos muestra lo lejos que, con unos ingredientes básicos, la televisión puede llegar. No hay fuegos artificiales, no hay giros argumentales tremendísimos, pero hay humanidad. Y qué bien le sienta a uno. Imprescindible.

El tándem Anthony Minghella y Sydney Pollack, tras esfuerzo del fuerte y sudor del de Fama, consiguieron vender a sendas cadenas de cable lo que inicialmente estaba previsto como una película, que acabó como telefilm y, a causa de su logrado éxito, una serie. En un principio, de trece episodios, pero la vida llega y la muerte también, y la desaparición de ambos creadores, que si bien trabajaban individualmente genial y emparejados a la perfección, pudo ser uno de los factores que rebajaron el encargo a la mitad. Sin embargo, ahí quedó la cosa, y esas ocho horas totales de televisión podrían entrar perfectamente entre lo mejorcito del año, si no fuera porque su condición de “yo pasaba por aquí”, avinagrado con su orfandad forzada, han relegado a este diamante africano a figurar tímidamente en los premios (los Globos de Oro y alguno más tienen su olor exótico en alguna categoría menor).

Y lo de joya africana viene a que, si me lo he saltado, esta serie tiene como gran protagonista el continente viejo, bestial e infravalorado (temido, más que nada) que es África. Esa que está debajo nuestro, acechando, y que tiene piratas. Ese lugar que hace aún más maravilloso nuestro planeta, y el que a veces viene bien recordar a los suicidas desventurados; para que sepan que el paraíso existe en la Tierra. Más concretamente, en el sur de África, Botswana. Y es en ese país, en esa capital que es Gaborone, donde el autor Alexander McCall Smith (un enamorado de su belleza) situó las aventuras de Mma Ramotswe, Grace Makutsi o BK, en la saga literaria homónima que adapta la serie póstuma de Pollack y Minghella.

¿Y de qué va esto, ahora que lo dices? Pues sin mucho misterio, The No. 1 Ladies' Detective Agency trata sobre la primera agencia de mujeres detective de aquella región, que lidera con sutileza la cantante metida a actriz Jill Scott, un currículo y un ¿caprichoso? nuevo registro que se hace notar a las primeras de cambio, por todo eso de zapatero a sus zapatos. No obstante, el espectador se va acostumbrando y las formas de su creación, la asombrosa Precious Ramotswe, dan algo indescriptible al personaje y se le echa de menos una vez finalizados los sesenta minutos de cada entrega. La amplia y variada paleta de secundarios, desde la estirada secretaria hasta el chismorrero peluquero, pasando por el entrañable mecánico dan relieves a unas historias que, si bien tienen un aire a procedimental por el trasfondo detectivesco, aportan algo inmenso, por mucho que pueda ser el día a día que cada uno de nosotros puede vivir hoy o mañana (siempre aplicados a los obvios problemas y tradiciones que conlleva un país africano). Eso, y unos guiones exquisitos, la hace única. Le hace marcar la diferencia.

Las protagonistasLas protagonistas

La mujer que engaña al marido, el secuestro de una hija, las ambiciones de un joven, los malos rollos entre ese y aquel, el maltrato, la violencia y la enfermedad. Estamos hartos de oír esos rollos. Asumido. Y algunos, incluso deprimen. Pero tratados con esperanza, con optimismo, y con buen corazón, eso ya no se ve tanto. Y si se ve, resulta ridículo. The No. 1 Ladies' Detective Agency evita esto último y resulta notable en lo anterior. Como para quejarse.

Siempre con un trasfondo moral, sin enseñar mucho el plumero, y una humanidad desbordante, algo enormemente complicado en la época tan cínica y superficial que vivimos, esta serie se hace el doble de imprescindible estos días festivos donde, entre mucho pavo y cuchilladas familiares, un tipo con colesterol que se cuela por nuestras chimeneas se impone, se tiene que imponer a aquel autobús al que han puesto una bomba. Rra Matekoni y su troupé no sólo entretienen y te hacen reír (y llorar), te recuerdan lo valioso que es lo que tienes enfrente. Estés en África o estés en Carabanchel. Que le digan a James Stewart.


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