True Blood: Duele que alimenta

True Blood: Duele que alimenta

Anochece en Bon Temps y la gente del pueblo se reúne en el bar Merlotte's, donde todos intentan olvidar sus problemas. ¿Me han despedido del trabajo? Una cerveza. ¿Mi mujer me los pone con el butanero y me ha echado de casa? Un plato combinado. ¿Me metí en un bar de ambiente (vampírico), unos tipos se me lanzaron al cuello como posesos y tengo sed? Pues una botella de True Blood, B negativo a poder ser. Porque, gracias a ese invento, una sangre sintética creada por los japos, los vampiros han dejado de ocultarse en sus ataúdes e ir matando gente por ahí y ahora sociabilizan, van a programas matinales a hablar de sus cosillas y hacen 'suyas' a rubias oscarizadas con los dientes separados. Analicemos por qué True Blood es un completo éxito.

¿Lo es por la repentina moda vampírica de este año? Seguramente. Pero si comparamos productos como la sueca y espléndida Déjame Entrar o el fenómeno teen Crepúsculo vemos que no hay color entre la una, la otra y aquella. Y no precisamente por el pálido maquillaje de los protagonistas, sino porque si mientras la película europea no prioriza el tema de los chupasangres y la saga de Doña Mormona los utiliza más que nada para dar morbo entre los adolescentes (y vaya si lo consigue), lo que hace True Blood es ponerlos de telón de fondo para contar unas historia en las que hay absolutamente de todo, un exceso de extravagancias que o bien amas, o directamente detestas.

A mi me gusta considerarme entre el primer grupo porque todas esas muchas historias que transcurren en un pueblecillo sureño donde nunca pasa nada me parecen absolutamente geniales, desde la extraña mujer que acoge a balas perdidas hasta la hija que no puede evitar odiar a su madre, ex alcohólica y probablemente loca, pasando por el cocinero que trafica con sangre de vampiro. Así que, ¿triunfa esta serie de HBO por la nueva moda pasajera? Puede que en parte, pero hay algo más que ha hecho que la season premiere de la segunda temporada doblase en audiencias al estreno, el otoño pasado. ¿La enorme y admirable campaña de marketing? Podría, pero no analizaré esas cosas porque son muy aburridas. Me centraré más en el contenido, siempre más interesante para profundizar.

Leo contínuamente comentarios que se preguntan qué demonios quiere ser True Blood y sin estar muy seguro creo que la respuesta la dio en su primer capítulo, desde esa primerísima y divertida escena en la que unos pipiolos con ganas de pillar intentan comprar una botella de sangre sintética. True Blood quiere ser lo que ya es, una serie excéntrica que se ha creado su propio mundo y sus propias leyes: que seas un vampiro no quiere decir que no respetes el medioambiente, así que debes reciclar. Sin demasiadas pretensiones, aunque a veces se conceda reflexiones metafísicas sobre el ser humano, algo que se lo permitimos visto el juego que pueden dar algunos temas, y que demuestra una fantástica imaginación que ha aprovechado perfectamente el material de las novelas en las que se basa, donde hay sitio para el entretenimiento, la sorpresa y todas esas cosas atractivas que nos aportan las buenas series. En esta recién estrenada segunda temporada (algo decepcionante en sus dos primeros episodios) le pido lo que ha sido, y tras ese desconcertante inicio sigue dando lo que le gusta, con nuevos aportes que enriquecen un poco más a Bon Temps y sus gentes.

True Blood no es Lost, no hay ni habrá tramas complicadas dentro de tramas aún más complicadas; tampoco Heroes, porque no será capaz de superar tantas contradicciones; ni tampoco (a ver qué se me ocurre) Mujeres Desesperadas, porque aunque ambas tengan algo de crítica social y humor pueblerino (de vecinos, en el caso de las de Wisteria Lane), la ABC no es HBO y éstos se arriesgan mucho más, sin llegar necesariamente al sexo y violencia gratuitos… aunque a veces en True Blood sean algo toscos.

En fin, ¿a qué se debe tanto revuelo alrededor de esta serie de estética medio camp medio kitsch, con una ambientación que oprime pero resplandece por su estilo, unos guiones que apenas dejan respiro alguno y unos personajes tan diferentes, extraños y geniales? Pues a eso mismo.


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