Top 5: Great Britain’s greatest series

Top 5: Great Britain's greatest series

Qué raros son estos ingleses: conducen por la izquierda, rechazaron formar parte de la zona €uro y su fútbol se juega sin centro del campo… ¡Qué raros son estos ingleses! ¿O somos los demás los raros? ¿Por qué se les considera, en su globalidad, un pueblo raro? Si en el fondo son como nosotros, los mediterráneos, y lo demuestran cada verano cuando visitan las costas españolas adaptándose perfectamente a nuestra Santísima Trinidad: beber, comer y el sol. Cuando viene a nuestro país, el inglés común se esfuerza para ser uno de los nuestros: bebe lo que ha de beber (y más), come lo que ha de comer… Eso sí, su relación con el Lorenzo es de amor-odio, pues al entrar su piel en contacto con sus rayos, le transforma en una especie de hijo bastardo de la Antorcha Humana. El español, en cambio, viaja a cualquier país británico y al regresar resume su experiencia con dos expresiones: “asssssco de comida” y “asssssco de tiempo”. Son un pueblo incomprendido. Sus series, por extensión, son víctimas de esa mala fama: ¿acarrean la reputación que se merecen? No. Habría que darles una oportunidad. Yo os propongo cinco motivos para ello:

Años y años y aún se mantiene en primer planoAños y años y aún se mantiene en primer plano

En el puesto número 5… ¡Bean! Cómicos capaces de hacerte reír sin mediar palabra, escasean. El sr. Rowan Atkinson es de esos pocos elegidos: gruñidos y muecas le bastaron para construir un personaje atemporal y estúpidamente descacharrante, que ha triunfado tanto en televisión (mucho) como en cine (menos). Hay que verla. Sí, sé que no está tan en boga como la shitcom sitcom de los chicos (y chica) de The Big Bang Theory; y que no tiene la frescura de How I met your Mother… pero habrá que comprobar si alguna de estas comedietas será capaz de resistir tan bien el paso del tiempo como las aventuras del señor Bean. Los clásicos nunca mueren. Las modas pasan.

Fauna británica en peligro de extinciónFauna británica en peligro de extinción

En el puesto número 4… ¡Spaced! Hoy en día no abundan los buenos cómicos… ni tampoco los buenos directores. Seamos justos, que no es exactamente así: buenos directores, haberlos haylos; sin embargo, la palabra riesgo no entra en el vocabulario de ningún productor; por lo tanto siempre coartan la libertad del creador para que vaya sobre seguro. Son simples marionetas. Pero cuando atraviesas el desierto, siempre mantienes la esperanza de encontrar un oasis; y en lo que a atrevimiento y entretenimiento se refiere, ese oasis tiene nombre y apellidos: Edgar Whright. Gamberro. Absurdo. Incorrecto… ¿Y qué pasa cuando a un talento de las cámaras se le suman dos talentos de la comedia? Whright + Simon Pegg + Nick Frost= cachondeo asegurado. ¿Pruebas? Shaun of the dead y Hot fuzz, geniales parodias de las películas de zombies y de las buddy movies, respectivamente. ¿Y qué encontramos en esta Spaced? Partiendo de una premisa simple (aspirante a dibujante de cómics y aspirante a periodista, se ven obligados a fingir que son pareja para poder alquilar una casa), pronto se sacude su previsibilidad para ahondar en el maravilloso universo del s-u-r-r-e-a-l-i-s-m-o. Si entras en su juego de paranoias y sinsentidos, te gustará. Si lo tuyo son las sitcom de risas enlatadas y de tópicos a mansalva, huye.

La oficina originalLa oficina original

En el puesto número 3… ¡The Office! Ricky Gervais era un señor con muchas ideas. Una de ellas fue la de realizar una serie, en formato de falso documental, que retratara las alegrías y miserias de unos oficinistas de una sucursal de una empresa papelera. Modo polémica on: A diferencia de otras, ésta sí es una serie de personajes, ya que el contexto de la historia desempeña un papel meramente secundario: podría enmarcarse en un banco, en una fábrica o en la redacción de un periódico; lo que nos importa es el desenlace de la tensión sexual entre Tim y Dawn, el pasado militar de Gareth o el futuro profesional de David. El corazón de la Oficina no es ninguna luz, sino ellos, los personajes, por eso no es necesario añadir ningún truco tramposo para que te encariñes de los ellos de manera forzada Modo polémica off.

Sigamos. Los estadounidenses, esos carroñeros escasos de talento y sobrados de dinero, propusieron al bueno de Ricky una suculenta oferta: producir una versión americanizada de su éxito a cambio de un suculento cheque. Y de esta manera, la sucursal inglesa de The Office, tan trasgresora y british, tuvo que cerrar las puertas para dejar paso a The Office USA, más conservadora y americanizada; en la que se minimizan las referencias a los gobernantes y se suaviza el tono hardcore de la original. Modo demagogia on: EEUU, un país que se mete en guerras para luchar por la libertad de otros países y que, sin embargo, censura la suya propia Modo demagogia off.

Roy + Jen + Moss +  Reynholm jr,= EPIC WIN!bordeRoy + Jen + Moss + Reynholm jr,= EPIC WIN!

En el puesto número 2… ¡The IT Crowd! Tiempo atrás, ya dediqué una tesis (dile tesis, dile CritiK.O.) para defender la superioridad de esta serie respecto al producto estrella de Chuck “Anticristo del humor” Lorre. Nada más que añadir: The IT Crowd es LA SERIE DE FREAKS/GEEKS (así, en mayúsculas). Por excelencia. Y punto. Y a finales de junio llega a las pantallas la ansiada cuarta temporada, por lo tanto tenéis tres semanas para actualizaros. ¿Desea una serie alternativa? ¿Desea reír? ¿Sí? ¿No? ¿Sí a todo? En caso afirmativo, The IT. ¡Ah! Los yankees imperialistas, como los conoce Hugo Chávez, también se hicieron con los derechos de esta producción y estrenaron el correspondiente remake, pero aún contando con el Moss auténtico, la serie fue eliminada prematuramente de la parrilla. Lección valiosa, muchachos: el poderoso caballero Don Dinero no siempre se sale con la suya.

Aquí hay más látex que en una fábrica de condonesAquí hay más látex que en una fábrica de condones

En el puesto número 1… ¡Little Britain! No sería exactamente una serie al uso, más bien un programa de sketches con un mínimo hilo argumental; sin embargo, cualquier excusa es suficiente para dar a conocer la obra de Matt Lucas y David Walliams. ¡Y qué obra! Un tour guiado por Inglaterra de la mano de una madre soltera choni, de un homosexual que no acepta que los demás le acepten, de un minusválido que no lo es pero que simula serlo por comodidad y de muuuuchos otros extraños personajes, a cual peor/mejor. Cómo no, representantes del país de la bandera de las barras y las estrellas, tentaron a la pareja Lucas-Walliams… y los camelaron. Y los untaron de dólares. Y así nació Little Britain… ¡USA! Sí, es un título un poco contradictorio; pero el contenido sigue siendo coherente con el estilo Williams-Lucas, aunque ligeramente adaptado a la (susceptible) sensibilidad estadounidense. En fin, ya lo cantaba Nino Bravo: Américaaaa es Américaaaa

Apunte final: como habrán comprobado los más listos de la clase, los derechos de todas las series presentadas en este despropósito artículo han acabado (antes o después) siendo compradas por los poderosos estudios de Hollywood, que no tienen ideas brillantes propias, pero al menos sí saben reconocer las ajenas. “De acuerdo, la factoría de ficción británica está en forma, pero ¿qué pasa con las series españolas? ¿Nadie compra nuestras ideas brillantes?” Claro que sí, estimado lector: las adquiere Portugal. O Italia. O Grecia. Las cuatro grandes potencias europeas (Portugal, Italia, Greece, Spain), siempre hermanadas. Para lo malo y… para lo peor.


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