Top 5: Actores no lamentables

Top 5: Actores no lamentables

En esta mediatizada era que nos ha tocado vivir, nosotros, los humanos de a pie, nos hemos convertidos en sujetos fácilmente manipulables por las altas e influyentes esferas: vestimos la ropa que nos dicen, comemos la comida que nos dicen, escuchamos la música que nos dicen, adoramos los ídolos que nos dicen… Subliminalmente, con artimañas publicitarias y otros trucos de feriante, nos dicen qué debemos y qué no debemos hacer. Para que seamos uno más. Todos hemos de ser uno más… o eres el raro: en el siglo XVI, Galileo fue perseguido por los jesuitas por defender su teorías astronómicas; hoy, un humilde muchacho (tan humilde que se compara con una de las figuras mas influyentes del Renacimiento y, por ende, de todita la historia del universo) desafía por enésima vez las leyes de la cordura para presentar una nueva y polémica (uy, sí) lista. ¿Qué excusa se habrá sacado de la manga hoy? Considerando que tendemos a sobrevalorar determinados actores por interpretar determinados papeles en determinadas series, se ha creído oportuno destacar la labor de cinco actores con mayúsculas.

En el puesto número 5: ¡David Duchovny! Si algo caracteriza a los genios, son sus peculiares caracteres. Son distintos. Y ser distinto lleva a la soledad. Y la soledad, al lado oscuro. Y el lado oscuro, a los vicios. Y David es genio… y vicioso: adicto al sexo, concretamente. Vicio sano, pero vicio. La mala fama fue manchando el currículum del señor Duchovny, un maquinón que tan pronto protagoniza con solvencia un thriller parapsicológico (Expediente X), como una comedia de acción (Evolution) o una dramedia (Californication). Salvando las distancias, su carrera es paralela al de otro de los truhanes de Hollywood, Robert Downey Junior, otro ser tan maravilloso en lo laboral como desastroso en lo personal. Ya es hora de que a David le regalen también una segunda oportunidad: la televisión se le queda pequeña.

¿Alcohol? Tranquilo, yo controlo¿Alcohol? Tranquilo, yo controlo

En el puesto número 4: ¡James Gandolfini! Si te aburriste con El Padrino, enhorabuena: ya somos dos. Será por ese trauma (uno de tantos que albergo en mi subconsciente) que me costó una barbaridad acercarme a Los Soprano. Gracias a la ayuda psicológica, terminé por atreverme a echarle un vistazo a la serie de mafiosos por excelencia: familia, muertes, vendettas, negocios, final retorcido… A destacar, el papel de Gandolfini (Tony Soprano), capaz de emocionar e intimidar con sus desconcertantes gestos y miradas. Librarse de la figura del capo no le está resultando sencillo, sin embargo, ofertas (de las que no se pueden rechazar) no le van a faltar.

La amenaza de la cabeza de caballo, versión 2.0La amenaza de la cabeza de caballo, versión 2.0

En el puesto número 3: ¡Hugh Laurie! Según los expertos, así en general, la comedia es la más difícil de las artes. La risa es un fenómeno inexplicable y, quizá por ello, los artistas que se inician en ese mundillo suelen acabar siendo los más completos. Y es que un drama que no logre arrancar un llanto, puede seguir siendo un buen drama; sin embargo, una comedia que no provoca carcajadas, es caca; y eso obliga a los profesionales del gremio a rendir permanentemente al 100%. El caso que nos ocupa, el de Hugh Laurie, es una excelente muestra: un actor cómico que se ha coronado en el drama componiendo al complejo Dr. House. Amargado, cínico, antisocial, satírico… Sólo uno de los grandes sería capaz de lograr que tan tremendísimo motherfucker fuera abrazado con tanto cariño por el público… pero es que Laurie es uno de los grandes.

Y compone, y canta, y toca, y sabe poner la lavadora y...Y compone, y canta, y toca, y sabe poner la lavadora y…

En el puesto número 2: ¡Terry O'Quinn! En aquella mal llamada serie de personajes, eran minoría los actores que brillaban con luz propia. El que más, sin duda, Terry O'Quinn… y no únicamente por su calva: fue líder, fue subordinado; fue víctima, fue verdugo; fue héroe, fue villano… infinitas caras y un único rostro: el de Locke. ¿Qué habría sido de Lost sin él? Nunca lo sabremos. Los guionistas tuvieron la oportunidad de otorgar el protagonismo absoluto a Matthew Fox cuando decidieron matar a John, aunque corrigieron el error con uno de esos giros geniales con los que frecuentemente nos deleitaban. Supongo que fueron conscientes de que no podían prescindir del profesional más versátil que disponían en plantilla.

¿Cómo te llamas, Terry o Quinn? No, no le ha hecho gracia...¿Cómo te llamas, Terry o Quinn? No, no le ha hecho gracia…

En el puesto número 1: ¡Bryan Cranston! I-N-D-I-S-C-U-T-I-B-L-E Que no fuera capaz de descubrir que detrás de la mirada de cocker deprimido de Walter White se encontraba Hal, el inclasificable padre de Malcolm (de Malcom in the middle), puede significar dos cosas: que mi memoria es limitada (que sí) o que Bryan Cranston es lo que los críticos más rabiosos definen como actor camaleónico (que también). Objetivamente, la evolución de Mr. White es harto complicada: de inseguro y débil cabeza de familia, a respetado (y nada escrupuloso) narcotraficante. Y tú, espectador de gusto sublime que sigues Breaking Bad, te crees a pies puntillas esa brutal metamorfosis. ¿Por qué? Porque lo de Cranston es un recital continuo. Una fórmula ganadora.

Walter in the middle. Breaking HalWalter in the middle. Breaking Hal

Y fin. ¿Que se quedan algunos fuera de la lista? Correcto, listo. ¿Qué tu opinión es diferente a la mía? Evidente (y respetable). ¿Entonces? Sencillo: dejen sus alegatos y/o reclamaciones (en son de paz o de guerra) en el apartado de comentarios: que sepáis que por cada uno que recibo, destino dos euros a una causa solidaria… ¡La fabricación de vuvuzelas!

Adopta una vuvuzela: ella te lo agradecerá; tu vecino, noAdopta una vuvuzela: ella te lo agradecerá; tu vecino, no


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