The Newsroom: análisis de la primera temporada

El equipo de The Newsroom

En estos últimos tiempos, donde incluso los propios informativos de la televisión pública emiten reportajes moralizantes -¿qué sería del código de vestimenta de los niños españoles sin ellos? ¡Gracias, tve!- habría que obligar a más de un productor ejecutivo a ver The Newsroom, la serie que aborda el día a día de una redacción de noticias de un canal por cable. Pero no les gustaría. Seguro. Poderoso caballero es don Dinero, que diría aquel.

Y las iniciativas quijotescas -todo fan del ficticio programa Atlantis Cable News, en torno al que gira la serie, sabrá que la referencia al caballero andante no es gratuita- son escasas en el contexto de crisis. Valiente quien prescinda actualmente de los anunciantes. No todos son la idealista productora Mackenzie McHale, (Emily Mortimer).

Así pues, mientras no se clone en la vida real a esta mujer (¿realmente querríamos eso? Laboralmente es brillante, pero personalmente es una bomba de relojería que ni James Bond desactivaría) siempre nos quedará acudir a The Newsroom y a su canto al periodismo puro y no mediatizado.

El padre de la criatura, Aaron Sorkin, considera que existe la posibilidad de informar sobre la actualidad sin vender el alma al diablo publicitario y sin que en el proceso sea necesario centrarse en los datos de audiencias. Y desde luego, todo programa de noticias que se precie no incluiría en ningún punto de su escaleta que “Misifú se ha comido una sardina” es el video más visto en youtube, o que la crónica negra la protagoniza “el nauseabundo, horripilante, desmoralizante-¿más sinónimos?-crimen cometido por el supuesto Fulanito- siempre añadiendo, por descontado, la coletilla de supuesto, que queda muy bonita y formal, aunque antes ya se haya lapidado al supuesto autor”. Así, a poco que te acerques a los medios de comunicación comprendes que esta idea de periodismo sin injerencias, más que utopía, es una locura con todas las letras y que es más fácil dedicarse a la cría de unicornios o a encontrar a una abuela que no sobrealimente a sus nietos.

Y pese a ello, te dejas engatusar. Ahí reside el mérito de la serie, en vendernos la posibilidad de ir contracorriente y de creer que la sociedad va a responder positivamente a esta vocación. Pero ahí radica también su mayor fallo, el motivo por el que tras su estreno-el verano pasado-la crítica la vapuleara y que entre los “piropos” más repetidos se incluyese la mención a su moralina y a un patriotismo exacerbado. Cierto es que hay un capítulo en concreto –aquí los delicados de oídos y anti spoilers deberían pasar al párrafo siguiente, avisados quedan-en el que a Sorkin le falta acompañar cada imagen con la bandera de barras y estrellas…Pero hemos oído tanto sobre el 11-S y sobre lo malo que era Bin Laden que se veía venir que el episodio en que se narraba su captura y la urgencia por ser los primeros informativos en contarlo-previo contraste de fuentes, eso sí-merecería titularse “Dios bendiga a América”.

Estos detalles más o menos criticables, los salva con creces la hábil pluma de Sorkin con su dibujo de personajes coherentes y de estructura psicológica firme. Al igual que ocurría en El Ala Oeste de la Casa Blanca, sus protagonistas evolucionan, maduran con el paso de los capítulos, pero su esencia permanece identificable. Su comportamiento no chirría. En otras manos, no dejarían de ser estereotipos: el presentador estrella, intimidante, pero con su corazoncito; la productora soñadora; la chica llegada a la gran ciudad que va escalando frente a la indiferencia de su novio y la admiración del otro, ese chico que hará las delicias femeninas (sí… ese chico al que las madres de los estados de la América profunda le prepararían limonada y su tarta de manzana especial) o el imprescindible fan de las teorías de la conspiración (Bigfoot puede existir).

Pero pronto los identificamos: Will McAvoy (un Jeff Daniels recuperado, en un papel que le va como anillo al dedo) tiene mucho más de testarudo y orgulloso que de desagradable; al mismo, solo es capaz de darle réplica su ex, la ya mencionada-e incisiva- Mackencie, recién llegada de informar en la guerra y que en compañía del “chico estrella”, adicto al trabajo, Jim Harper, está dispuesta a ponerlo todo patas arriba. Pese a quien pese. Y quien no esté en el barco, que se vaya. Don Keefer, va por ti. Acuden a la llamada de Charlie Skinner, ese jefe al que te imaginas en sus primeros años de carrera en una redacción llena de papeles y cables con mucho olor a café. Con carisma suficiente como para enfrentarse a la directora de la cadena, Liona Lansing (Jane Fonda, siguiendo la estela de otros importantes actores que se pasan a la televisión), que por medio de su hijo- utilizado en la historia como representante de todo lo criticable del periodismo actual, aficionado a medios de obtención de información altamente cuestionables- posee una compañía de tales proporciones que la convertirían en nuestra Rupert Murdoch ficticia.

Don Keefer

Evidentemente, no todo es periodismo en The Newsroom. Podría hablar al detalle sobre las relaciones personales de los personajes: el pasado de Will y Mac; el triángulo Jim-Don con la ingenua Maggie…Eso sí, muy mala discípula de McAvoy sería si me centrase solo en eso(para enmarcar su escena intentando civilizar a la “periodista” de cotilleos–el entrecomillado lo añadiría él, seguro-criticando su labor). Esto no es Cuore. Las vidas privadas son una capa más, pero no la más importante. Es más, se analizan sin una tendencia excesiva al drama y prueba de ello es que Sloan-gran Sloan, de esos secundarios inolvidables, la inteligente periodista responsable de la sección económica- claramente inepta en todo a lo que a empatía y vida social se refiere pasa a ser la confidente de muchos de los que allí trabajan.

Por todo ello, y por mucho más, rompo una lanza por The Newsroom. Por sus historias, por su manera de contarlas. Porque en un mundo lleno de grises está bien que de vez en cuando llegue alguien que diga-aunque sea vía serie de televisión- “Eh, podemos cambiar el mundo y acabar con los gigantes”. Deseando volver a enfrentarnos a los molinos de viento durante esta segunda temporada.


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4 comentarios

  1. Carlos

    Hola! Me gusto mucho lo que escribiste, estoy terminando de estudiar periodismo en argentina y aunque encuentro cosas que no me gustan me parece excelente esta serie. Ojalá te encargues de hacer las reviews este año. Un saludo!

  2. Javier

    Totalmente de acuerdo, la mejor serie de la temporada pasada en mi opinión. Larga vida a The Newsroom!!

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