The Good Wife: ¿dónde nos habíamos quedado?

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The Good Wife regresa hoy, después de un parón de dos semanas, para ofrecernos la última tanda de episodios de la serie. Pero, ¿dónde nos habíamos quedado? Hagamos memoria. El hilo argumental hasta el momento se bifurcaba basicamente en dos: Alicia y Jason, y el cerco judicial a Peter. Ambos, cada vez más cercanos. Y ambos, cada vez más complicados. Hacemos un rápido análisis y ya estamos listos para los últimos cuatro. Let’s go!

A tan pocos capítulos para el final, parece que se confirman las sospechas que teníamos en reviews anteriores sobre el enfoque elegido por The Good Wife para terminar la serie: volver a la casilla de salida, con Peter imputado y Alicia apoyándole públicamente. Mismo conflicto, mismos personajes, pero siete años de diferencia. La encarnación de la metamorfosis experimentada por Alicia, de su mentalidad, pero sobre todo de su posición respecto Peter. En la nueva imputación ya no hay lugar para la decepción, la humillación, ni la obligación de ceñirse a unos arcaicos y conservadores mandatos de cómo debe comportarse una buena esposa (del buen esposo, ya si eso, hablamos luego). Con una nueva vida en la que se siente realizada profesional y porque no decirlo, sexualmente también, apoyar a Peter será ahora sí, una elección para Alicia, un favor. Y curiosamente al borde del divorcio, la pareja se comportará frente a las agresiones externas por primera vez como un equipo.

Recapitulemos. Después de dos capítulos de confusión y de jugar al teléfono loco con la Fiscalía del Estado, todo parece indicar que finalmente Peter será acusado por tráfico de influencias. Lo que resulta sorprendente, es que tras de años de asisitir como espectadores a las luces y sombras de la gestión política de Peter, desconozcamos por completo que liberara de la cárcel al hijo de un tal Lloyd Garber a cambio de contribuciones políticas. Lo lógico hubiera sido que tras ser derrotado en las primarias, hubiera salido a la luz por fín el fraude electoral de sobra conocido por todos y no un delito random, pero conociendo la serie y con un juicio a la vuelta de la esquina, puede que este misterioso caso aun nos depare sorpresas. De momento le daremos el beneficio de la duda. Lo que sí parece seguro es que con la declaración de Eli el juicio ofrecerá espectáculo. ¿Eludir testificar contra Peter o mantener contento al Fiscal para Marisa no tenga que subir al estrado? He ahí la cuestión.

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Como adelantábamos en la entradilla, Alicia no es la misma. Ni el terreno político, ni el sentimental. Ni su concepto de pareja es el mismo. Una vez decidida a recuperar con Jason el tiempo perdido con Will, Alicia se sumergirá de lleno en esa combinación universal de sexo, comida y televisión que supone crear intimidad con una nueva pareja. Sin embargo, y como ya dijimos hace muchas reviews aquí, el empeño de Alicia por distanciarse de su yo victoriana de hace siete años, no hará más que atarla a las mismas normas de las que trata de huir, sustituyendo las de la buena esposa por la del amor liberal. De ahí que no sepa lidiar en el con la decepción de ver a Jason con otra mujer. Y es que es lógico no comprender la falta de reprocidad en el principio de una relación, cuando más ilusión y esperanza hay depositada, sin que eso implique boda o sea incompatible con vivir el presente y despreocuparse por el futuro. No se es más moderno ni liberal por decir que una relación es solo sexo, si con ello se justifica el miedo al compromiso o la falta de respeto hacia los propios sentimientos y los de los demás. De hecho tiene mucho menos sentido que alguien te guste mucho, pases meses tonteando, y cuando por fín consigues dar un paso más, rompas la magia del momento por no saber decir que no a una ex amante de visita. Absurdo.

Aun así, y a pesar de sentirse confusa con la situación, no llorar ni estar tan afligida como cabría esperar, supondrá para Alicia una ruptura con su antiguo yo, distinto del que estaba con Peter, y distinto del que estaba con Will. Las palabras de Lucca de continuar con Jason mientras se divierta, y no considerarse una cara más en el haren de alguien, sino crear el suyo propio, harán mella en la abogada, que ante el semblante preocupado y arrepentido de Jason, decidirá no tomarse las cosas tan enserio y dejarse llevar.

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Una ruptura con la Alicia primigenia evidente, pero no total. Ya que será necesario el resurgir de la hipocresía de Peter respecto a la santidad del matrimonio para revisar ese remiendo emocional llamado acuerdo, con una perfecta metáfora de la invasión de la privacidad de Alicia: Peter entrando en su casa y encontrándose a Jason en calzoncillos y bebiendo café. Epic drama. Un difícil trago que situará a Jason en una posición inversa al capítulo anterior y devolverá a Alicia a la realidad de su existencia. Un matrimonio que la priva de esa libertad que tanto le ha costado ganar. Motivo suficiente para que en sintonía con su nuva filosofía de vida, decida por fín divorciarse.

En el imaginario colectivo aun persiste la asociación entre la fidelidad de una mujer y su validez como madre, un criterio no así aplicado al hombre, generando culpabilidad en las mujeres por no adscribirse a las características de sacrificio y renuncia esperadas en una madre. De ahí que Alicia rompiera con Will en la segunda temporada, y que Peter lo utilice de nuevo como argumento para evitar el divorcio. Aunque sin éxito, afortunadamente. Al final, sólo un cambio de actitud, libre de reproches y de tú a tú, convencerá a Alicia para aplazar el divorcio y no perjudicar a Peter antes del juicio. Una última concesión en pro del bien común.

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Con el terreno sentimental casi resuelto, parece que el futuro profesional de Alicia va cobrando forma de bufete dirigido por mujeres. Una característica que no tendría porque resultar peculiar en una sociedad realmente igualitaria, pero que en un mundo tan tradicionalmente androcéntrico como el lesgilativo, es un gran avance. Sin embargo, y a pesar de que un bufete de estas características podría cumplir los requisitos que demandábamos para Alicia: de su propiedad, en primera instancia, y que marcara una diferencia, en segunda, la forma tan sencilla de resolver el conflicto entre las partes afectadas puede resultar poco creíble, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes conspiranoicos de Lockhard & Gardner. Sin embargo, si lo pensamos desde la lógica de una evolución colectiva de personajes, puede entenderse como una apelación de la serie a los espectadores para negociar en lugar de competir, mostrando que ceder terreno en la mayoría de situaciones no significa obligatoriamente perder, sino ganar en otras facetas de la vida.

Con el repaso de los últimos acontecimientos de la serie hecho, ahora sí: dentro los últimos cuatro. ¡A disfrutar!


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