The Event: Hundirse o volar

The Event: Hundirse o volar

Si os comento de un episodio piloto que lanza sus ideas a todo trapo, que tiene como escenario un avión estrellándose y que se adorna con chicas guapas en bañador, hawaiana isla tropical mediante, y en pleno 2010, lo que pensáis es absolutamente cierto. La primera entrega de The Event, muy notable pero quizás poquitín frenética y corta-pega (esos horribles rótulos), no estaría entre nosotros de no ser, en parte, por la sombra de Lost, y seguramente tampoco si no culminase una década marcada por el pánico al terrorismo y las películas de Roland Emmerich y sus presidentes afroamericanos que, o son Morgan Freeman, o un Blair Underwood que apenas si encuentra un empleo a su medida.

Seguiré viendo The Event, medida de urgencia de la NBC después de que sus héroes se convirtieran en villanos de las audiencias, hasta que salga un canguro y/o caiga en esa tentación que se ve descarada en su 1×01, un olor rancio a telefilm ambientado en esa Florida tan revisitada que sólo tiene de soundtrack canciones cubanas de chiringuitos (o, en otro caso, que sus tópicos de thriller de sobremesa se coman todo lo demás bueno). Pero, sin duda, la veré. Atrae. Es novedosa y amena, flirtea con la ciencia ficción para principiantes y ya se echa de menos una propuesta que coma la cabeza. ¿Morirá de ganas de gustar? De momento, unos nada despechados once millones la vieron el domingo, y la cadena va a poner reposiciones en cada hueco que vea libre. Apuesta por ella, y no les avergüenza que se note. Nosotros, también. Queremos saber qué ocurre en Alaska, qué puede hacer Zeljko Ivanek que no pueda hacer otro, ese extraño rol de segundón cizañero, y por qué Laura Innes consiguió que travistieran a un personaje originalmente masculino, cuando de primeras da tan mala impresión. Hasta ahí, labor lograda y con medallita.

Pero luego está ese matiz que me ha hecho ilusión tremenda comprobar, yo mismo, con una facilidad preocupante, que tengo la consideración donde acaba la espalda. Pues, más allá de una trama conspiranoica que parece bien hilada, o eso nos quieren contar sus productores-que-no-creativos, los personajes y sus rollos personales echan agua por cien costados. El crucero, para empezar, tiene ese toque tan Harper's Island de pladur con criaturas irritantes. Que si te vas a prometer, chaval, que si te haces amigo de dos guiris vivarachos y les salvas el cuello en el mismo peñón desde el que se despeñó Flocke. Eso ya lo hemos visto. Y el macguffin del cuento, la novia desaparecida, podría habernos interesado un poco más si nos hubieran dejado crear empatía con ella, más allá del indispensable dato de que no sabe beber muy bien y luego mira lo que pasa. Que te secuestran. Pero sin embargo, este rollo a lo novela de Haruki Murakami puede traer consigo, precisamente, esos rollos que se le dan bien al escritor japonés, y meter al protagonista, Sean Walker, también conocido como el dopplegänger televisivo de Sam Merlotte, en callejones sin salida dignos de ver. El primero, ya lo vimos: un avión desapareciendo a pocos metros del presidente de los Estados Unidos de América.

The Event ha comenzado y parece haberse dejado el freno en la recámara. Lo que hemos visto ha sido bueno, muy bueno, y con el especial don de crear una admiración firme o un odio impenetrable (qué fantasmada, qué curtez o qué mareo, ya he oído). Ha experimentado en su primer capítulo, y eso no se echa en cara, y aunque beba de esto, de lo otro y quizás acabe teniendo que escupir un poco de todo, tiene mérito.


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