The Deuce despeja todas las dudas

El pasado 15 de septiembre ya hicimos por aquí un análisis del piloto de The Deuce, esta magistral serie escrita por David Simon y George Pelecanos. En él me asaltaban las dudas y no tanto por lo que se contaba en su primer capítulo, sino por lo confuso que me resultó la sinopsis elegida para publicitarla y que focalizaba la historia en el nacimiento de la industria del porno en New York.

A lo largo de sus ocho episodios hemos podido ver cómo The Deuce es algo más que eso, mucho más. La historia nos ha ido mostrando una industria pero no tanto la del porno y sí la del sexo en su conjunto donde la prostitución se ha erigido como única forma de subsistencia para las chicas y sus chulos. Mujeres jóvenes y no tan jóvenes que se ven forzadas a lanzarse a esa actividad por una falta de recursos y un futuro inalcanzable. Mujeres de ciudad, mujeres de pueblos y pequeñas localidades que necesitan huir de sus miserables rutinas para atrapar un sueño que se desvanece desde el primer momento cuando son colocadas en alguna de las esquinas de la gran ciudad para el enriquecimiento de sus proxenetas.

Una historia ubicada en los años 70 entre la W 42nd St. y la 8th Ave, calles convulsas y conflictivas, por aquél entonces, y muy próximas a Times Square y que nos muestra cómo de dura era la vida allí para algunos de sus habitantes donde el instinto de supervivencia se imponía a cualquier otro.

Como no podía ser de otra manera y tratándose de David Simon los espectadores hemos recorrido, con esa parsimonia que ya demostró en The Wire, aquellos lugares junto con sus personajes. Hemos empatizado con algunos, querido a otros y odiando a aquellos por los que no se puede albergar otro sentimiento que el odio y la rabia que nos producen sus actos.

La serie está tan bien escrita que en ocasiones nos hace caer en la trampa de “comprender” ciertas cosas y actitudes y asumirlas como si se tratasen de un mal menor. Cuando vemos a una de las chicas cómo es explotada y maltratada por su chulo y cómo éste la protege tras sufrir ella la agresión de un psicópata que había pagado por sus servicios matándolo a puñaladas en el interior de su coche, nos alegramos y empezamos a ver esa figura detestable como eso, como un mal necesario que nos jode y nos retuerce pero que reconocemos necesario allí, en ese mundo, en esas calles y con esos personajes tan deplorables.

Es tan cruda la historia y tan real al mismo tiempo, que lo que nos llega no son imágenes en la distancia a través de un televisor sino las historias sobre unos hombres y mujeres de carne y hueso que se presentan como parte de nuestro entorno, de nuestras propias vidas que logran emocionarnos con sus dudas, con sus conflictos, sus problemas, sus dramas y tragedias y sus momentos de felicidad y esperanza que también los hay.

Es en los dos últimos capítulos de esta primera temporada cuando la sinopsis cobra todo su sentido y vemos los primeros escarceos de esa incipiente industria del porno. Lo paradójico, y lo mejor que muestra la historia, es que aquello llega no tanto por el interés de algunos, sino por el de las propias mujeres que ven en esa industria la forma de librarse de una vez por todas del yugo de sus chulos. Son ellas las que dan los primeros pasos ofreciéndose a rodar escenas de sexo bien para cabinas situadas dentro de antiguos sex-shop, o bien para películas que el vacío legal permite ya proyectar en algunas salas de cine.

A este nuevo negocio, cómo no, llega la mafia con sus ingentes cantidades de dinero negro buscando lugares dónde invertirlo. Y qué mejor que el sexo en todas su vertientes. Conocedores como nadie de las miserias humanas, ellos comenzarán a buscar edificios en la zona con pocos inquilinos a los que echarán para montar allí sus negocios de sexo. Las inversiones en bares y garitos quedará relegada ahora dando paso a los prostíbulos que van creciendo sin parar.

Los hermanos Martino participarán de esta expansión junto con los mafiosos, aunque el entusiasmo de los gemelos no será el mismo. Mientras que Frankie, un crápula al que le gusta el dinero fácil se subirá a éste carro sin ponerle pero alguno, Vincent, dedicado en exclusiva a levantar y revitalizar bares en ruina y convertirlos en lugares de cierto éxito en la zona –con ayuda del dinero de la mafia, eso sí–, por contra verá en la expansión del negocio del sexo una práctica que no va con él y a la que empieza a buscarle pegas para disgusto de su socio el mafioso Rudy Pipilo (Michael Rispoli).

El sexo comercial y de pago se va extendiendo por The Deuce. Los prostíbulos van abriendo uno tras otro sacando a las mujeres de las calles y dejando a sus proxenetas sin presencia alguna. Ellos siguen cobrando del trabajo de ellas pero su control sobre las chicas se va haciendo poco a poco imperceptible hasta tal punto que reunidos en un bar se quejan de esto mismo, de que sus “figuras”, su postureo está desapareciendo de las calles y eso les jode y si a ellos les jode a nosotros nos regocija ver esa decadencia de su actividad como si fuese una victoria de las mujeres.

Y una vez más, otra más, los creadores han disparado contra nuestras contradicciones y nuestras normas morales porque contemplamos esa “evolución” de las cosas como algo positivo, como una especie de liberación de esas mujeres explotadas. Aunque lo terriblemente cierto es que ahora también siguen explotadas pero digamos que en otras condiciones más “cómodas”. Y es tal la mierda que hemos visto que cualquier resquicio de mejora en sus vidas lo vemos como un intento de aferrarse a un madero en mitad del océano, como ese “mal menor” que comenté y que en ese universo concreto se nos presenta convertido en una brizna de esperanza para ellas.

Cabe destacar en esta fase de cambios a la espectacular y soberbia Maggie Gyllenhaal en su papel de Candy, una prostituta ya mayor y con muchas horas de calle a sus espaldas y poseída de un carácter rebelde con el que ha logrado zafarse de aquellos chulos que la prometían el paraíso. Una mujer independiente que ve en la incipiente industria del porno y en sus películas de bajo presupuesto el camino para saltar a otro estatus más digno y sobre todo seguro. Y tanto es su entusiasmo por esa nueva narrativa que acaba dando sus primeros pasos en la dirección de algunas escenas. Candy actúa y dirige y lo hace con el entusiasmo de alguien que por fin ha encontrado su camino aportando al porno ese toque femenino a las escenas de sexo explícito. Pero claro, hablar de dignidad haciendo porno parecerá para algunos una contradicción ¿verdad?. Pues eso no nos llega, al contrario, y me repito: otra vez Simon nos pone en la tesitura de qué elegir y como somos buena gente elegimos lo mejor para ella y sí, claro que sí, elegimos el porno como la única salida a la prostitución.

Hay en la historia una paradoja que me resulta sencillamente fascinante y por eso me recreo en ella: es la trama que interpreta Natalie Paul en su papel de Sandra Washington, una periodista joven que trabaja duro en uno de los periódicos tratando de abrirse camino para que sus artículos tengan una visión más social y profunda que los que ahora se ve obligada a redactar. Sandra empieza a adentrarse poco a poco el mundo de la prostitución y va estableciendo contactos con algunas de las chicas, pero ella quiere llegar más lejos, quiere conocer con detalle el porqué de ese negocio, quién lo fomenta, quienes se benefician y qué papel juega la policía como consentidores de esa industria.

Sandra conoce al policía de calle Chris Alston (Lawrence Gilliard Jr) un agente que hace su trabajo sin meterse en líos y aunque él sabe de las corruptelas de algunos de sus compañeros con los sobres que les llegan gracias a la extorsión, él también calla y asiente cuando recibe su propio sobre. Pero la vida de Chris sufre un vuelco cuando se enamora de la periodista y más cuando ella le pide con insistencia que le dé los nombres de los oficiales corruptos para poder publicarlo en su periódico. Una condición que le resulta imprescindible pues su director se niega a publicar nada que no lleve nombres y apellidos así que, en un escena proverbial, la persuasiva periodista, que hasta ahora se había negado a ir más allá en su relación, le pide muy melosa en la cama al policía que le facilite los nombres poniéndole a su presunto amado en la tesitura de arruinar su carrera para lanzar la de ella y deslizando sibilinamente, debido al rechazo de su novio a facilitarle esos datos, que su relación podría deteriorarse. Es decir, sexo a cambio de algo. Y ahora viendo el mundo que nos están mostrando uno se pregunta si acaso esto no sería también una forma de prostitución. A fin de cuentas de eso se trata ¿no? sexo a cambio de dinero…o de fama y prestigio en éste caso.

Esta es la grandeza de la serie. Mostrar y enseñar de la forma más cruda una realidad sin prejuicios panfletarios que emponzoñen la historia, sin señalar el camino al espectador para que seamos nosotros los que saquemos nuestras propias conclusiones y decidamos cuál de todas las opciones que se nos presentan, a nosotros y a cada uno de los personajes, sería la mejor de todas. Moral, prejuicios, supervivencia, conflictos por todas partes, vitalidad a raudales… en definitiva, una historia sobre la lucha de auténticos supervivientes por conseguir una vida mejor y esa felicidad negada durante tanto tiempo. ¿Y acaso no es esto por lo que también nos movemos y luchamos nosotros?


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2 comentarios

  1. Sofi

    Buena serie y como dices Antonio solo se ve lo de la industria del porno en los ultimos capitulos.
    Da pena ver por todo lo que tiene que pasar las chicas para sobrevivir y como ven a las peliculas porno como el mal menor.
    No habia relacionado a lo que le pide la periodista al policia como una especie de protitucion, pues es cierto que da sexo a cambio de algo. Buena observacion.
    Espero que la segunda temporada sea tan buena como esta primera.

    • Lo que más me gusta de esta serie es lo que más admiro de David Simon: la parsimonia con la que poco a poco te va metiendo en su universo sin que te enteres. Esta es la mejor manera de conocer a los personajes e imagino que habrás sentido lo mismo que yo cuando ha llegado el final y ya los empiezas a echar de menos.

      Estoy seguro que la segunda será tan potente como esta, pero habrá que esperar…

      P.D. Por cierto Sofi, no recuerdo si me comentaste algo sobre Narcos, creo que sí. Te dejo la reseña que hice el otro día: https://todoseries.com/narcos-supera-a-narcos/#more-132923

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