Review Skins: Franky

Franky no es Effy, pero hoy casi lo ha sido cuando se le ha ido la pinza al completo. El cuarto capítulo de esta temporada ha sido malo, en mi opinión: bodríatico y chungo. Aburrido. Porque, visto lo visto, su capítulo solamente podía deparar una cosa y se ha confirmado: asquerosa deformación profesional. El mundo de Skins malea a la gente y lo de esta semana ha sido un mal ejemplo; podemos entender a la señorita Fitzgerald, pero soportar una hora de cosas burdas y algo que no cuaja (algo a lo que le canta mucho el aliento) duele. Sobre todo, porque es de Franky a quien estamos viendo. En caliente, es el peor capítulo de la temporada y es el peor ejemplo de esta generación. Sigue leyendo…

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Empecemos hablando sobre interesantes datos acerca del bien y del mal, esos que se pueden comentar mientras cenamos una pizza hipercalórica con los amigos: las famosas risas enlatadas de las comedias fueron grabadas a un público durante la década de los años cincuenta, lo que quiere decir, y esto es un poco sórdido, que esa gente que ríe y se parte el todo durante las charlitas de Barney Stinson y derivados lácteos está muerta. Escuchamos risas de muertos, ¿a que es macabro? Y da morbo, vaya bonito. Digo todo esto porque mi viejo conocido Fragua dijo que era una pérdida de tiempo leerme, así que por no sentirme culpable procuraré que esta review del primer capítulo de la tercera generación de Skins, centrado en la peculiarísima Francesca Fitzgerald, tenga un mínimo de utilidad para sociabilizar con anécdotas inútiles. Pues hablemos de ella, de la pequeña Franky, pobre y triste Franky. Ya adoro a los nuevos personajes. Bastaron nueve minutos y doce segundos, así a ojo. Y ahí radica la diferencia con la versión norteamericana. Tan simple como eso.

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