Review Skins: Everyone

Lo hicimos, Alo. Llegamos ahí. Perdimos nuestra virginidad, nos enamoramos y de hecho nos lo pasamos de puta madre. Lo dice Rich, y Alo contesta: eso hicimos. Luego lo repite un par de veces, convenciéndose, y brindan. Y justo después arranca ese bellezón de tema que canta la anónima Rae Morris (Don’t Go, haciéndose un hueco en nuestra lista más melosa de reproducción) y todo se vuelve mudo, casi, para despedir Skins. Lo más reprochable de este satisfactorio Everyone es precisamente comprobar la holgura con la que se mueve por los preciosistas –aquí, muchísimo– pasillos de la (auto)satisfacción. No llega al onanismo burro, pero todos son felices y la felicidad, y mirad que somos asquerosos, nos fastidia un poco bastante: este Skins 3 acaba mejor que cualquier Skins, recompensa las trabas del camino (Franky), la amargura es conveniente y suena fenomenal (Matty, Alex) y quizás, sólo quizás, desde nuestra experiencia, hace que este final sea menos Skins que nunca. Sigue leyendo…

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Franky está espléndida, Mini más pecosa que nunca y Alo roba la función mientras Rich y Grace están sobrados a la hora de arrebatarnos un poquito el corazón. Lo que a la vez nos hace caer en la trampa de los guionistas. Malditos, repetí más de una vez, y sentí que mucha gente lo gritaba al unísono. Es el regreso de Skins, derrapando ya su sexta temporada, y sin síntomas de agotamiento, creo yo, porque la adolescencia debería durar para siempre y desde Bristol saben asegurarse de ello; sin ser un capítulo espectacular en su grado mayúsculo, cumple su función, sabe marcarnos y, lo mejor, no se nos quiere mostrar como un regreso después de una larga espera, sino como el viaje (a Marruecos) que dábamos por hecho, por supuesto. No hay explicaciones, hemos llegado hasta aquí y aprovechemos nuestros últimos días con vida, porque lo que vemos en Everyone podría ser el último momento en que estén todos juntos.

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Voy a decir lo que todos estabais pensando: Everyone es un cierre fantástico. Magnífico. Bello. Lo es todo. Campestre, cómo no, honesto y coherente a un modo muy Skins teniendo en cuenta la quinta temporada –igual de loca, de enorme, de disfrutable– que finiquita con un abrazo imparable. El motivo, una boda in extremis en la Inglaterra verde de los cuentos. El leit motiv, esa manía tan nuestra de perdernos para encontrarnos. La canción del carillón, o Glockenspiel Song, que el grupo brit Dog is Dead toca en la última escena, es ideal para dibujar al tercer grupo de Bristol. Con esos coros, ese We are a mess, somos un desastre (como Liv, como Franky). Ese We are failures, somos un fracaso (como Nick, como Alo). Ese And we love it, y nos encanta (como lo hacen todos). Y eso nos encanta.

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