Esto no parece español

Polseres Vermelles

La serie que hizo llorar a Steven Spielberg te mete colirio en el ojo. Siempre. Luego te inyecta ácido sulfúrico. Y te retuerces de dolor, de emoción y de la impotencia del telespectador. Y eso no es malo, no tiene por qué. Es bueno. Porque así no tienes que pagarte el colirio y ahorras un poquito. Aunque lo del ácido es otro tema. Pero yendo al asunto: Polseres Vermelles ha regresado al canal que confió en ella, TV3; en nada se verá en castellano a través de TNT, en lo que es un agradecido gesto de solidaridad, y ya en verano llegará a Antena 3, la gran impulsora del fenómeno de Albert Espinosa, que es escritor (y guionista), superviviente y Dios. Os diré que he visto el primer capítulo de su esperadísima segunda temporada, que lo he visto en catalán y que, si puede considerarse importante, no sé catalán. Sólo sé que se comen las sílabas al hablar, y es por ello que tenía la esperanza de enterarme de algo si apretaba el oído. Me enteré de cositas (creo, bueno), aunque seguro que –mentalmente– me he inventado medio capítulo. Pero no importa, capté lo esencial, y lo esencial en ese episodio se decía sin palabras, largas secuencias silenciosas-musicales y grandes actuaciones de artistazos como Àlex Monner, con pelo o sin pelo. Polseres Vermelles sigue emocionando y sigue funcionando. Un año después de descubrir a los pulseras, y el idioma no importa, mantengo mi impresión inicial, que es la de que son unos grandes. Ellos, como personajes. Y Pulseras Rojas, al margen, como serie. Como serie española. Serie de aquí.

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