Skins: Somos los hijos de nadie

Skins: Somos los hijos de nadie

Bebe todo lo que tengas a mano, aunque esté asqueroso (y eso va por ti, señor kalimotxo), bebe y sigue bebiendo. Lo que aguantes. Luego, fúmate hasta el último porro. Haz lo que tengas que hacer, como si no hubiera mañana. Porque ése es el problema, lo habrá. Los adolescentes, con nuestros problemas que resultan tan estúpidos como cruciales. Sobre todo ahora, somos más que nunca los hijos de nadie, la juventud bastarda; no hay figura autoritaria, y si la hay, no es suficiente. “Escucho a Lady Gaga en mi iPod y me voy con ella a otra parte”, dices contoneándote. Los padres no están ahí lo necesario para decirte basta, más ocupados en sus propios asuntos, y los profesores pasan sus clases mirando los cheques de reojo e ignorando lo evidente: que estás jodido. Ya lo decía, a mediados de los ochenta, aquella canción de The Replacements. Inglorious basterds éramos en aquel 1983, lo fuimos en la Gran Depresión americana y lo somos a día de hoy. Y en la tele actual, llena de chicas cotillas y árboles solitarios en una colina, los que mejor lo reflejan son los desperdiciados y alcoholizados muchachos de Bristol. Skins. Comentemos el nuevo fichaje de Todoseries…

Skins, que vuelve este mismo mes tras un habitual parón de casi nueve meses, se hace mayor de edad este 2010. Este es, sin duda, su año. Su esencia, esa que la hace tan grande, continúa tan inocente como en el primer episodio, pero ya la dejan entrar en los bares que una pequeña serie teen de una pequeña cadena británica ni podía oler. Y ahora es reconocida por el más escéptico, ese abuelo gambón que critica a las nuevas generaciones. Que sólo beben, que sólo verborrean y que sólo cometen estupideces (y si eso es, hasta cierto punto, una gran verdad, todo lo demás es una equivocación tremenda). Ni sus creadores, padre e hijo en la vida real, esperaban, cuatro años después de crear un producto barato y sin un reparto significativo (sólo Nicholas Hoult, únicamente conocido por hacer pinitos con Hugh Grant, nos podía decir algo, y ahora está ganando premios como un descosido), que su serie llegase tan alto: ya hay un libro en las estanterías de Reino Unido, una versión americana en proceso y una película a la vuelta de la esquina. Skins is different. Igual que los jóvenes, tachados de todo lo que te encuentres en la sección de sucesos del periódico.

Cuando idearon su argumento, no se estrujaron la cabeza: “hablaremos de la vida”. La de un grupo de adolescentes, la cuadrilla que tienes o que tuviste, que vive la vida como bien pueden. El duro viaje a la madurez y todo lo que hay entre medias, con las risas y el dolor que significa. Los amores y los desamores, la amistad y la familia. Haciendo frente a los problemas de otros, a los suyos propios, y a los que vienen en su dirección a toda máquina y sin frenos. Porque Skins es ir a la mente de un chaval y sacar sus malas hierbas, sus enormes problemas y, con perdón, la mierda que hace y le pasa. Y aunque el chulito (Tony, Katie), el pardillo (JJ, Sid), el “diferente” (Cassie, Naomi) o el desmadrado (Cook, Effy, Chris) puedan parecer en un principio un estereotipo como la copa de un pino, ese que nos podemos encontrar en Física o Química o en el pupitre de al lado, los creadores Bryan Elsley y Jamie Brittain sorprenden con un punto de vista (cada capítulo está dedicado a un personaje), unas historias y una magia que van del drama más duro a las situaciones más surrealistas, ridículas y absurdas que jamás hayas visto, sin concesiones ni tonterías. Y puede que te pongan un número musical de por medio, que te lo vas a creer. Y la sonrisa de tonto que se te queda…

En marzo ya habrá acabado la cuarta temporada después de haber emitido unos austeros ocho episodios, menos que antes pero con más ganas que nunca. Y con ella, terminará también la segunda generación de personajes (cada dos años, se cambia la hornada, un menudo experimento que les ha salido realmente bien). Vista la cosa como acabó, nos encontraremos con este nuevo grupo de amigos conformado por Effy, Freddie, Pandora, Cook, JJ o Thomas más unido y sus relaciones mucho más consistentes tras ese cazo de agua fría que supuso el tercer tramo de la serie, un mundo completamente nuevo que ya hacemos como nuestro. Cabe decir, además, que gran parte del mérito reside en el canal que la emite, E4, que viene a ser el colega que te presta el dinero, y se está convirtiendo rápidamente en un lugar de reunión para los productos más carismáticos y frescos de la Gran Bretaña. ¿El último acierto? Misfits. Ya hablaremos de ella.

En definitiva, Skins es la hostia. Juventud a flor de piel. Directos. Al estómago o a las vísceras, las de aquel territorio desconocido y añorado que es el del adolescente. Y punto. ¿Tienes cuarenta años, trabajas en un cubículo vendiendo batidoras ecológicas? Sabes que una parte de ti se quedó en los diecisiete. ¿Tienes ochenta? Qué bueno fue eso, ¿a que sí? ¿Tienes catorce, y ya se te insinúa el vodka? (Sabes) la que te espera.


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