Silicon Valley (HBO): Final de la cuarta temporada

Resulta mental y emocionalmente saludable visitar de vez en cuando una comedia que haga las veces de cámara hiperbárica que nos relaje y nos quite los dolores por tanto drama acumulado. Y Silicon Valley, una comedia creada por John Altschuler, Mike Jodge y Dave Krinsky, cumple su misión. La serie se desarrolla en la archiconocida zona de California que agrupa a lo largo de pequeñas poblaciones a las principales empresas tecnológicas y startups más significativas del momento. Un nombre, el de Silicon Valley y que da título a la serie, inventado por un periodista allá por el año 1971 del pleistoceno y que relacionaba la principal actividad de las empresas radicadas allí con el sílice utilizado para la fabricación de microchips.

Concebida como una comedia de enredos, estos se convierten en el eje principal de las tramas y son los responsables del buen humor que desprende la serie. Y para aquellos que no la hayáis visto, contaros SIN SPOILERS que la historia arranca en su primera temporada con Richard Hendricks (Thomas Middleditch) un programador tímido y solitario que trabaja para el gigante de internet Hooli y cuyas dos “o” tan bien colocaditas en el centro de su nombre no parece que sea un capricho o casualidad ¿verdad?

Dirigida por un estrambótico y caprichoso Gavin Belson (Matt Ross), un auténtico rey de las ocurrencias, un CEO supermoderno, estrafalario y guay a más no poder que necesita día sí, día no, crear nuevos programas y aplicaciones que mantengan su compañía en el lugar más alto en la obtención de beneficios y ventas para contentar así a sus accionistas.

Pero Richard tiene otras inquietudes y, paralelamente a su trabajo allí, ha desarrollado una aplicación de música a la que ha bautizado como Pied Piper (El flautista de Hamelin) gracias a Erlich Bachman (T.J. Miller), un vendemotos que se hace llamar a sí mismo “Inversor de riesgo” que apuesta por las startups más cutres y desesperadas, pero que ha encontrado en la aplicación de Richard el filón que necesita para pegar el pelotazo y convertirse en multimillonario. La confirmación de que está ante algo muy grande le llega cuando descubre que Pied Piper contiene un excelente algoritmo para la compresión de datos.

Si el nombre de la multinacional Hooli no es caprichoso, tampoco lo es el de la aplicación Pied Piper, pues a lo largo de las sucesivas temporadas todos se moverán tras ella como posesos al compás de su flauta y será su razón y el faro que les guíe durante toda la historia para intentar que algún gigante tecnológico se la compre.

Para distanciarse del topicazo y sin duda como otro guiño más, el grupo de jóvenes contratados, ingenieros y programadores para el desarrollo de la aplicación, no se buscan un garaje, sino que se instalan en la casa de Erlich y es allí donde comienza el gran follón: Conflictos de toda índole, situaciones desternillantes, enredos de unos con otros…

Además del papel protagonista de Richard, su equipo lo formarán unos personajes a cada cual más extravagante: Cabezón (Josj Brener); Gilfoyle (Martin Starr); Dinesh (Kumail Nanjiani); Jared (Zach Woods), además del ya mencionado inversor Erlich Bachman y un joven coreano Jian Yang (Jimmy O. Yang) que se incorpora al elenco como ayudante de Erlich para dejarnos escenas de descojones continuos gracias a esa forma tan extraña para nosotros que tienen los orientales de tomarse las cosas. Las interpretaciones del grupo nos arrancarán más de una carcajada por el absurdo de sus diálogos, relaciones y situaciones tan cargadas a veces de tal surrealismo que la diversión está garantizada.

Por ponerle una pega, sólo eso, y tras haber visto ya el final de la cuarta, tengo la sensación de que esta historia es la típica a la que se le empiezan a notar ciertos tics de “agotamiento”, y una prueba clara de esto es el abandono de la serie de T.J. Miller al parecer por discrepancias con los creadores sobre el rumbo de su personaje, cuando precisamente era él uno de los que más momentos y situaciones cómicas nos arrancaba.

La HBO ya anunció su renovación para la quinta temporada y yo la veré, claro que sí, pero lo que no quiero es sentarme a verla en el sofá con la escopeta cargada esperando el fallo. Y esto nos lleva a lo de siempre, al eterno dilema sobre cuándo deberían acabar las buenas series y que yo desde luego tengo claro desde hace muchos años: en su parte más alta de intensidad por mucho que nos joda a los espectadores.


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2 comentarios

  1. Bighead

    La base de esta serie es comedia, originalidad y como se ha dicho, extravagancia. El reparto es un fiel reflejo de ello y a su vez uno ligeramente oscuro de los protagonistas de Big Bang. Para descacharrarnos de risa no tiene que recurrir a las risas enlatadas y sin embargo tiene momentos en los que tienes que pausar el vídeo porque es imposible parar de reír. La última temporada no es la mejor, es cierto y ahora prima más la historia de superación que bueno, está bien pero no es lo que me atrajo originalmente. Necesitas ver esta serie.

    • Estoy de acuerdo, es una serie para partirte de risa y con puntaditas continuas a esa industria, aunque también es cierto el “desinfle” que se va a preciando en esta última temporada.

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