Series españolas: La Embajada

LaEmbajada

El pasado lunes 25 de abril se estrenaba por fin en Antena 3 la ficción más ambiciosa de la temporada: La Embajada, arrebatando el protagonismo de la noche al fichaje estrella de Mediaset y hasta el momento rey de la franja horaria, Bertín Osborne. Un éxito que, a pesar del esfuerzo promocional de Telecinco, no debería sorprender a nadie.

En primer lugar, por la curiosidad que cualquier novedad genera en nuestro país; y en segundo, por las crecientes expectativas en torno a las producciones de Bambú. Como hemos apuntado muchas veces ya en reviews anteriores, las series españolas hace bastante tiempo que sustituyeron los decorados por exteriores realistas, y las series multitarget por productos más adultos y arriesgados. Un cuidado del detalle que se ha acentuado en los últimos tiempos, y que ha refinando el paladar del espectador, ganándose su beneplácito. Una ventaja respecto a épocas anteriores de la que La Embajada hace bandera, alardeando no sólo de una factura técnica impecable, sino de un rodaje ambientado en Tailandia.

Además, la serie no se conforma sólo con ser un buen producto visual, sino que busca responder al género de moda en el audiovisual español: el thriller. Político, para más inri, con un interesante planteamiento y un fluido desarrollo. Sin embargo, en el trato de la corrupción no existe término medio. Si trasladas prudentemente la acción de España a Tailandia para no acusar a ciudades ni partidos concretos, sino para denunciar en abstracto un sistema podrido de raíz, no hay lugar para menciones esporádicas de postureo reinvindicativo. A señalar sin señalar, para ganar credibilidad.

Producción y actualidad, por tanto, serían los aciertos más relevantes de La Embajada, que además cuenta con un plantel de conocidos actores de la pequeña y gran pantalla, siendo Belen Rueda y Raúl Arévalo sus mayores atractivos, pese a la reiteración que supone el parecido de este último con su personaje en Cien Años de Perdón. Mención especial merece la naturalidad de una Amaia Salamanca que sorprende gratamente.

Por otro lado, la serie adolece de exceso de clichés y de afán de culebrón. Aunque se agradece infinitamente que en televisión se represente a un hombre joven atraído por una mujer madura, y viceversa, resulta totalmente gratuito e innecesario para la trama principal crear un triángulo amoroso intrafamiliar. Además de caer en el eterno cliché del yerno heredero del imperio, y la hija formada pero incapaz de resolver conflictos por sí misma. Esperemos que al menos el personaje de Belen Rueda tengo un rol más activo en la lucha por los intereses familiares que recorrer los callejones de Bangkok en busca de un salvador.

En definitiva, una serie con muchísimo más potencial del aprovechado y con defectos de guión subsanables, que sin embargo señala el camino hacia la excelencia de la ficción española.


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1 comentario

  1. Michel

    La premisa pintaba bien pero se ha tirado a tintes culebronescos, sobre todo amores, cuernos, infidelidades… poca chicha con politica y corrupción. Un fallido intento de emular al genial “Crematorio”.

    Han hecho un “Tyrant” a la española.

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