Series españolas: Familia

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Con total escepticismo me ponía delante de la pantalla para ver la nueva comedia de Telecinco, aterrada ante la idea de encontrarme ante la nueva Los Serrano. Pero para mi sopresa, Familia no ha estado tan mal. El acierto de la serie ha sido apostar por la naturalidad como elemento conductor: en las interpretaciones de los actores, la fluidez de los diálogos y la cotidianeidad de las escenas. Familia no quiere ser Los Serrano, quiere ser Brothers & Sisters, y eso es de agradecer.

Como pudisteis leer en el último 3×1, servidora no daba un duro por esta nueva ficción, que por su promo recordaba a la Mediaset más cañí. El momento exacto en que me he cuenta que Familia tenía algo más que ofrecer, ha sido cuando al principio del episodio las dos hermanas, Malena y Carlota, mientras le arreglan el vestuario a su padre, le reprenden por adelantado de las conversaciones que va a tener con los invitados a la cena. Una escena cargada de complicidad, que con sencillez muestra una situación familiar reconocible.

Que Carlota trata de ser Kitty lo sé, y que el famoso vino de Pasadena se esconde tras cada cerveza que se toma un Oquendo, también. Sin embargo la dirección de actores no ha sido una protagonista más y ningún actor ha dado vergüenza ajena, que es mucho decir. Más bien al contrario, Alexandra Jimenez, Diego Martín, Juana Acosta y Santiago Ramos con su orgánica interpretación, consiguen que en muchas escenas nos traguemos el guión sin rechistar, y no reparemos en sus posibles errores con tanta saña como sucedería si las actuaciones nos espantaran.

La historia que me ha resultado más interesante es la del conflicto que puede surguir cuando una adopción no sale como uno querría. Poco vista y poco políticamente correcta. Alejada curiosamente del idealismo con que se suele tratar este tema en series, normalmente, mejor hechas como las americanas. Sin embargo, no se observa el mismo cuidado y el mismo esmero a la hora de elaborar los personajes de la hermana pequeña y la madre, más incoherentes y desdibujados, al menos de momento.

Aunque a priori la serie hace bien en centrarse en personajes más adultos, corre el riesgo de repetir uno de los errores que más sangran las ficciones de nuestro país, no definir los targets, e incluir siempre amoríos adolescentes. Que ya vemos venir, en el que para mí es el punto más débil de guión y casting: el hijo de Carlota. No solo resulta inverosímil que una madre adolecente se saque la carrera de derecho sino que ese chicarrón sea su hijo. Por favor.

Preparándome psicológicamente para lo peor, o quizá por eso mismo, Familia me ha reconciliado un poco con el género patrio después de Fenómenos, en una review de las que me gustan. En las que puedo destacar elementos positivos de la serie, y mostrar que la ficción española quiere progresar adecuadamente. Yo veré el segundo capítulo.


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