Series de tu vida: Veronica Mars

A long time ago, we used to be friends…” Al ritmo de los Dandy Warhols arrancaba en 2004 la serie Veronica Mars en la cadena UPN, posteriormente The CW. Parecía, a priori, una serie de adolescentes más: una joven rubia y mona, inadaptada social, el instituto americano, chicos malos… Sin embargo, Veronica Mars era cualquier cosa menos la típica serie teen. En realidad el drama adolescente escondía un trágico asesinato, una ciudad llena de mentiras, y nuestra joven y rubia protagonista era una mezcla entre el olfato de Sherlock Holmes y la bordería del Doctor House. Meses antes nuestra Verónica era una jovencita ingenua y popular que vio cómo su vida se desmoronaba cuando su mejor amiga, la deslenguada y rica Lilly Kane, aparecía asesinada en su piscina. Entonces la dulce Verónica deja paso a una chica ácida y sarcástica con un único objetivo: descubrir al auténtico culpable.

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Por el camino pudimos ver a Verónica ejercer de detective privado trabajando para muchos de los chicos populares que tanto despreciaba, encontrando por fin a un auténtico amigo (Wallace Fennel, el chico menos curioso de la historia), descubriendo oscuros secretos familiares y encontrándose en complicado triángulo amoroso entre su exnovio y hermano de Lilly, Duncan Kane, y el chico malo oficial y exnovio de ésta, Logan Echolls.

Esta primera temporada fue un éxito ante los críticos (no tanto las audiencias, desgraciadamente), que alabaron la frescura y calidad de sus diálogos y su fantástico uso de la voz en off de la protagonista, que recuerda a películas clásicas del cine negro. Una de las muchas virtudes de la serie era conseguir un equilibrio perfecto entre tramas episódicas (Verónica resolviendo misterios con una habilidad y un sentido del humor inolvidables) y la trama general. La resolución del caso, siendo el padre de Logan el asesino de Lilly fue brillante, culminando en un último capítulo emocionante y tenso de principio a fin. La gran pregunta al empezar la segunda temporada era cómo iban a mantener ése ritmo una vez resuelto el asesinato de Lilly, pero Rob Thomas y compañía lograron engancharnos con la trama de un asesinato en masa. Además, la serie se volvió un poco más oscura, asesinando a Meg, atreviéndose a eliminar a Duncan y dándonos un villano inesperado y muy cruel, el aparentemente buenazo y apocado Beaver.

Quizá por la dificultad de repetir el modelo, la tercera y última temporada eliminó esa estructura de trama por temporada en favor de diversos misterios con cierta continuidad. El nivel de audiencias decayó un poco, y el futuro de la serie se volvió incierto. Al final, y aunque Veronica Mars seguía siendo de una calidad muy superior al resto de su parrilla, The CW decidió renovar su programación y canceló la serie tras una temporada de 20 capítulos en la que no hubo tiempo de cerrar todas las tramas (¿Lo oís? Son los gritos de un montón de fans de Logan y Verónica, que aún siguen airados por cómo terminó su historia…)

Los fans se movilizaron, y muy cerca estuvimos de disfrutar de una cuarta temporada centrada en las pesquisas de Verónica en el FBI, pero como otras tantas veces, no pudo ser. Si queréis llorar y lamentaros por lo que pudo haber sido, os recomiendo ver el tráiler de ésa temporada (aquí y aquí).

A pesar de sus sólo tres temporadas, el legado de Veronica Mars es importante. Para empezar, nos dio a conocer a esa gran actriz que es Kristen Bell (House of Lies) y fue el comienzo de la carrera de Amanda Seyfried (vista en Mamma mía!, Chicas Malas, Querido John y un largo etcétera de películas bastante taquilleras). Además continuó la estela de Buffy demostrándonos que era posible crear un personaje femenino joven y complejo, y ambientar una serie en un instituto sin caer en tópicos y tramas ñoñas; nos dio una de las parejas con más química de la televisión (Logan y Verónica, el amor épico) y nos regaló una de las figuras paternas más adorables de la historia, el gran Keith Mars.

Apartado especial merecen sus diálogos llenos de ingenio y referencias culturales variadas, desde Battlestar Galáctica a El gran Lebowski, pasando por canciones de Johnny Cash. Aún hoy cada vez que alguien me entrega un sobre no puedo evitar agitarlo y gritar “¿Es un pony?”. Pero sobre todo, nos regaló a Veronica Mars, uno de los mejores personajes femeninos jamás creados. Verónica era sarcástica, ácida y desconfiada, pero también inteligentísima valiente y leal. Era un personaje lleno de contradicciones y detalles al que era imposible no querer y admirar, aunque a veces te sacara un poco de quicio. Porque ya lo decían en el piloto: “Eso funcionará con las masas, pero sé que bajo esa coraza de jovencita cabreada hay una jovencita menos cabreada que se muere por prepararme un bizcocho. Eres blandita, Verónica Mars, eres un merengue”.

Puede que no durara mucho, y que no la siguiera demasiada gente, pero para aquéllos que tuvimos la suerte de verla, Verónica es uno de los grandes personajes de nuestras vidas. Como muestra, os dejo un par de vídeos recopilatorios de algunos de sus grandes momentos (en inglés, me temo que en castellano no hay demasiado material en Youtube)


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