Series de tu vida: The Wire

La realidad supera a la ficción. Frase comodín a utilizar en ocasiones tan inverosímiles de tu vida como ver a un señor con paraguas un día soleado o perder el autobús. Sí, se abusa bastante de ella. El caso es que si tan claro tenemos que la realidad supera a la ficción, ¿por qué no hacer una serie cuyo principal baluarte sea la realidad pura y dura? Pues porque ya se ha hecho. Y no salió mal, no. You fill me?

Hay varias series que incluyan el mundo de las drogas en su sinopsis. Weeds o Breaking Bad sin ir más lejos lo hacen. En ambas a lo largo de sus temporadas ocurren cosas (que Nancy descubra que el tipo con el que se está acostando es policía anti-droga o la aparición de Los Primos en la vida de Walter por poner dos ejemplos) que les proporcionan ese chute de adrenalina que avisan al espectador de dónde se va a encontrar el foco principal en los siguientes capítulos. The Wire demuestra que el mundo de la droga no necesita de tramas complejas o personajes excéntricos para que sea interesante. Basta con dejarlo fluir.

Vas a por el pan como cada día. Repentinamente el panadero se quita la careta y aparece tu padre que te dice “Tu vida es una mentira. Has vivido engañado. Nunca compraste baguette, era una barra corriente todo este tiempo“. Sorpresa en tu cara y fundido en negro. No, ¿no? No. Una de las principales características de The Wire es su realidad. En The Wire no hay contínuos giros de guión y cliffhangers sorprendentes. No al menos en cada capítulo. A todos nos ocurre algo sorprendente de vez en cuando, pero no cada 5 horas. Por eso es probable que en muchos capítulos de la serie de la sensación de no estar ocurriendo nada digno de destacar. Tomarse eso como algo negativo es un error. Es una de las principales bazas de la serie: su coherencia absoluta. Digamos que existe una relación entre las series como C.S.I., Sin Rastro, Caso Abierto o cualquier procedimental al uso y The Wire como la que existe entre los humanos y los perros. Lo que para un humano es un año es como siete para un can. Probablemente lo que sucede en las cinco temporadas de The Wire, Grissom y cía se lo hubieran ventilado en un día y todavía les hubiese dado tiempo para irse de cañas. Porque los policías beben. Y se emborrachan.

Spock es un mierdaSpock es un mierda

The Wire cuenta con un grado enorme de autoconsciencia. Toda acción tiene su reacción. Si en la primera temporada de la serie vemos como un chófer llevaba una gran cantidad de dinero en su coche, podrá ser utilizado en su contra cuatro temporadas después. Al finalizar la serie eres consciente de que todo lo que has visto estaba perfectamente planeado desde su inicio. Todo detalle, toda conversación, todo personaje tenía su importancia. Y estamos hablando de una serie que cuenta con 60 episodios. 60 episodios en los que no hay nada colocado con el único fin de rellenar. The Wire es probablemente la película más larga de la historia. Una película muy buena.

Política, policía, educación, prensa… Hay pocos campos que queden a salvo de las tramas de The Wire. Ninguno queda libre de ser completamente juzgado. Da la sensación de que si los creadores de la serie hubiesen querido nos hubiesen descubierto que hasta el colectivo de taxistas tiene algo oscuro que ocultar. Los creadores de la serie se han basado en sus experiencias personales (David Simon fue reportero y Ed Burns policía) para desarrollar la serie. Se ha reconocido en varias ocasiones que la imagen que da la serie es tan parecida a la realidad que asusta. Las tramas de la serie son desarrolladas de un sistema muy similar al que realiza el servicio Multifútbol o similares. Cuando se juegan muchos partidos a la vez se ofrece este sistema que te enseña las mejores jugadas que se pueden ver en cada campo. Con The Wire pasa exactamente lo mismo. Nos movemos entre las diferentes tramas para ver los highlights de cada una. Podemos pasar del capo de las drogas poniendo en marcha su último movimiento al policía borracho que divaga en las vías de un tren. En ambos está ocurriendo algo interesante para el espectador. The Wire es una serie lenta tremendamente rápida.

Si MacGyver fuera a rehabilitaciónSi MacGyver fuera a rehabilitación

Cuando se hacen listas de “las mejores series de la historia” o sucedáneos siempre suelen estar en primeras posiciones A dos metros bajo tierra, Los Soprano, El ala oeste de la casa blanca o The Wire. Todas ellas tienen una cosa en común: son series de personajes. Esa frase tan tópica que indica que el argumento está sometido a las decisiones de los protagonistas y no al revés. En The Wire no es que los personajes evolucionen, es que todos y cada uno de ellos son personas. No vamos a ver mediante flash-backs lo que les marcó en la infancia ni vamos a asistir a una conversación en la que uno de ellos nos indique oportunamente sus traumas. Vamos a ir conociéndolos según pasen los capítulos como podríamos conocer al nuevo de la oficina. A base de compartir tiempo con él. No es nada extraño sentir cariño o admiración por un tipo que se encarga de liderar todo un entramado de tráfico de drogas o por otro que se encarga de intimidar a la gente a base de disparos y muertes. Por supuesto, cada vez que uno muere, muere. Se acabó. No esperemos que resucite mágicamente o verle en forma de espíritu. Solo nos quedará su recuerdo. En The Wire no hay protagonistas. Es habitual relacionar la serie con Jimmy McNulty (Dominic West) o con Stringer Bell (Idris Elba). Basta con ver la serie para observar como estos dos personajes que copan las imágenes promocionales de la serie pueden pasarse una temporada completa sin aparecer. Por supuesto no esperéis maniqueísmo en The Wire. No hay ni buenos ni malos. ¿O es que tú conoces a alguien que sea bondad o maldad pura?

TE DIJE QUE ESE ERA MI HELADOTE DIJE QUE ESE ERA MI HELADO

Y además de todo esto no podemos obviar a la serie como tal. Guiones repletos de frases que quedan para la historia de la televisión. No es de extrañar que en los inicios de cada capítulo se destaque una cita célebre… propia de uno de los personajes que vamos a escuchar a lo largo del episodio. La investigación de una escena del crimen a base de “fucks”, un juez mediando entre dos adultos como si estuvieran en una guardería en lugar de un juzgado, ser testigo de como dos amigos de toda la vida recuerdan momentos de su infancia siendo conscientes cada uno de ellos que acaban de traicionar al otro sin que lo sepa, la apertura de una especie de Disneylandia de la droga, que la excepción sea que el alcalde sea blanco y no al contrario, el concepto de la cárcel como balneario, hacer uso del anticlimax que supone ver a aquel que nunca tiene un fallo caer derrotado por un tipo sin aparente experiencia … Innumerables escenas memorables. Una vez vista The Wire es inevitable que queden en nuestro vocabulario palabras como “Hamsterdam” o “Shieeeeeeeeeeet”. Personajes como Little Omar, Reginald, Vondas, Chris Partlow, Ziggy, Duquan, Tommy Carcetti, Snoop, Clay Davis, Lester Freamon… Realmente es imposible hacer una lista de personajes inolvidables de The Wire. Todos tienen algo que les hace especiales y diferentes.

En conclusión, The Wire es una serie de visión obligada para todo aquel que se declara amante de las series. Crea un ambiente tan absolutamente real y coherente que es inevitable al verla terminar pensar en introducir el nombre de algunos de los personajes en la Wikipedia para ver cómo les ha ido en sus vidas. Hay muchos aspectos a favor para ponerse a ver esta serie, sí, pero hay un gran contra. Una vez vista será inevitable comparar.


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