Series de tu vida: Quantum Leap

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Cuando has estado toda tu corta vida viendo series de dibujos animados y de golpe te enganchas a una con personas reales, suele ser sinónimo de que hay un material adictivo entre manos. Es el caso de servidor con la mítica Quantum Leap, que se pudo ver en España a principios de los años noventa bajo el nombre, en Catalunya, de “El salt”, y de “A través del tiempo” en el resto del país.

Ahí me tenéis, a partir de navidades del año 1991, a mis tiernos siete años de edad, esperando con ansia a que cada sobremesa de sábado (posteriormente, en lo que incumbe a TV3, pasaría a las tardes intersemanales, aunque no recuerdo si eran las reposiciones o emisiones nuevas) llegara otra nueva aventura del científico cuántico Sam Becket (Scott Bakula, quien ya no hizo ningun otro trabajo popular, pese a que Steven Soderbergh lo ‘recuperó’ recientemente en “Behind the candelabra” (2013) y “¡El soplón!” (2009)) y su ‘holográmico’ ayudante Al que interpretaba Dean Stockwell, con un personaje que nada tenía que ver con los de sus trabajos previos a las órdenes de David Lynch (“Terciopelo azul”, Dune”) William Friedkin (“Vivir y morir en Los Angeles”) o Wim Wenders (“Paris, Texas”), entre otros.

Como seguro recordaréis, gracias a una máquina inventada por él mismo, el alma (por decir algo) de Becket viajaba adelante y atrás en el tiempo (pero siempre en el pasado), convirtiéndose en una especie de ‘ladron de cuerpos’ de personajes de diferentes edades, razas y sexo que se encontraban metidos en problemas que debían ser solucionados. Al, por su parte, se le aparecía virtualmente (perdonad que tire de referencias prehistóricas, pero el efecto visual que se utilizaba al ‘atravesarle’ personas reales era parecido al de Patrick Swayze en Ghost) para proporcionarle información sobre la persona a la que éste ‘suplantaba’, mientras le soltaba porrazos al aparatejo de mano que utilizaba para buscar información (precursor de aspecto bizarro de los móviles con Internet de hoy en día, vamos).

Ideada por Donald P. Bellisario (autor también de “Magnum”, “El lobo del aire”, y “JAG”), Quantum Leap, cuyos capítulos duraban cerca de una hora, alcanzó las cinco temporadas de duración en su natal EEUU, de 1989 a 1993, para un total de 96 episodios. La única línea argumental que se mantenía a lo largo de la serie era la de los propios protagonistas. En concreto, la de Becket, que esperaba regresar a su cuerpo en uno de los saltos cuánticos que realizaba, puesto que cada capítulo empezaba y terminaba su propia intriga, si bien una vez resuelta ésta los episodios concluían avanzando ya la nueva encarnación de Becket, que cuando descubría el nuevo ‘marrón’ en el que andaba metido siempre se lamentaba con un gracioso, al menos en la versión catalana, “oh, vaja!” (“¡oh, vaya!”)

Recuerdo, asimismo, un ‘final casi final’ (o quizá fuera el de alguna de las temporadas) bastante trágico y hasta traumático (sobre todo para un niño de la edad que yo tenía entonces), el cual, evidentmente, no voy a desvelar por si acaso desconocéis esta serie de ciencia ficción tan entrañable. Para los que sí la disfrutásteis en su momento, me despido aquí de este artículo rememorando su inolvidable sintonía:

(fuente imagen: Zaki’s Corner)


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7 comentarios

  1. Scullywen

    Ay, si hay una serie a la que puedo llamar serie de mi infancia, sin duda es ésta. A pesar de que estéticamente haya envejecido muy mal, los temas y argumentos siguen siendo grandiosos.

    Un pequeño apunte: Scott Bakula también participó como secundario y con bastante peso en una trama en Chuck.

  2. Dread

    En serio tíos, ¿esto en lugar de hablar de la Comic Con? Creo que habéis perdido una oportunidad muy grande de ofrecer contenido mucho más interesante y de más actualidad que este post.

  3. “(Scott Bakula, quien ya no hizo ningun otro trabajo popular, pese a que Steven Soderbergh lo ‘recuperó’ recientemente en “Behind the candelabra” (2013) y “¡El soplón!” (2009))”

    Claro, apenas hizo nada popular, como ser otro de los capitanes de la saga Star Trek…

  4. senatus

    En español decía ¡Dios mío!, traducción muy libre del original Oh, Boy!
    Por lo demás, tengo muy buenos recuerdos de esta serie, aunque haya envejecido mal, y tardíamente, pude ver on line su final pues no recuerdo que lo emitiesen en Canal Sur en Andalucía.
    Lo mejor sin duda es cuando se cruzaba con personajes de la época reales en sus subtramas de saltos en el tiempo.
    Grande, Bakula; siempre será para mí Sam Beckett.

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