Series de tu vida: Los caballeros del zodíaco

Guardo una relación muy especial con la palabra zodíaco. Por un lado, me repele la parafernalia de los signos zodiacales en toda su vertiente horoscopera. Tengo motivos, he trabajado en periódicos y sé qué tipo de bolas de cristal se utiliza para predecir si hoy te vas a enamorar o si te despedirán de tu trabajo. Pero, por otro lado, el zodíaco forma parte de ese gran universo con el que casi todos hemos alimentado nuestra imaginación guerrera cuando éramos (más) jóvenes. Y no, no me refiero a las constelaciones del cielo, sino a las del manga Los Caballeros del Zodíaco.

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Recuerdo perfectamente estar en la calle jugando al fútbol con la camiseta de mi Betis y dejar de lanzar un penalti para subir a casa al escuchar de lejos esa musiquilla: “Caballeros del Zodíaco, cuando lanzan sus ataques, entonando siempre su canción, la canción de los mejores“. Sí, lo sé, la letrita del opening no parecía que la hubiera escrito Sabina… Pero daba igual, el veneno ya estaba en la sangre y no había nada que hacer. Ni siquiera tu madre, esa que siempre cantaba las alabanzas de Heidi y Marco y que se escandalizaba al pasar por delante y ver los gloriosos combates de nuestros caballeros de bronce con todos sus litros de sangre derramada. Ni siquiera ella, decía, podía hacer que dejáramos de verla. Conste que hablo en plural porque estoy seguro de que a muchos también os ha pasado.

También doy por sentado que bastantes de los que la habéis visto os acordáis de sus personajes y que, incluso, tenéis vuestro preferido y alguna vez habéis imitado sus fatalities, sus golpes maestros. Si por el motivo que sea no es así y has tenido la enorme desventura de no haber disfrutado de la serie (aún), déjame hacerte un resumen del argumento y, ya de paso, un recordatorio de nuestros héroes. Resulta que el mundo está en peligro porque las fuerzas del mal están cabreadas y quieren arrasar con todo. Menos mal que hay un grupo de jóvenes dispuestos a luchar para defendernos a todos y, sobre todo, a la diosa griega Atenea, que por lo que sea está entre nosotros.

¿Y cómo van a hacerlo? Gracias a sus armaduras de bronce (correcto, también están las de plata y las oro, que irán vistiendo a medida que se deshagan de sus enemigos y consigan sus respectivos power up), logradas con su sudor y sangre. Estas armaduras les protegen de los golpes enemigos y les ayudan a elevar su cosmos, que es algo así como su energía interior, la cual viene alimentada por la constelación de cada personaje dentro del universo. Me recuerda mucho a cuando Goku se ponía rubito y sacaba su fuerza, literalmente, de todo lo vivo de la Tierra. Cada Caballero del Zodíaco, también llamado santo, tenía sus fortalezas y debilidades pero lo que les unía era un sentido del compañerismo y una capacidad de sufrimiento fuera de toda duda. Si no, ¿cómo calificarías tú a un tío al que le destruyen todos sus sentidos y sigue peleando?

Aunque la serie es bastante coral, teníamos a Seiya, el protagonista, que infundía pavor con sus famosos Meteoros de Pegaso. Shiryu, el caballero del Dragón, con toda su bondad, no paraba de mostrar su cólera cuando había que defender a sus compañeros. El Caballero del Cisne, Hyoga, es el sarcástico y de temperamento frío del grupo (nunca mejor dicho) que luego se lanzaba al cuello del que fuera necesario con su polvo de diamantes. Las cadenas de Shun y su armadura rosa, que iba perfectamente a juego con su carácter, son inolvidables. Su hermano Ikki, el Fénix, era sin duda mi preferido: podía parecer que había muerto (y moría, en realidad) cien veces pero sabías que en el peor momento volvería a aparecer.

Dime que no te acuerdas de esas interminables escaleras en la Saga de la batalla de las doce casas. Mejor no me lo digas porque, si no te acuerdas, es que no has visto la serie. Aún.


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