Series de tu vida: Expediente X

Series de tu vida: Expediente X

Septiembre de 1993. El panorama de las series de ciencia ficción está a punto de cambiar. Los lunes por la noche, una misteriosa y ya imborrable sintonía sonaba en las televisiones de millones de hogares, introduciendo a la audiencia en un nuevo misterio que con casi toda probabilidad quedaría sin resolver. Mulder y Scully volvían a enfrentarse a los monstruos, volvían a advertirnos sobre la existencia de extraterrestres y a embarcarse en una búsqueda de la verdad que el gobierno se encargaría de frustrar. Por supuesto, hablo de Expediente X.

Quien esto escribe no es otra que Irene B. Trenas, nuestro fichaje en el mercado de invierno, que se encargará ni más ni menos que de Outcasts, la serie que es más fácil de escribir que de pronunciar en voz alta…

Si tuviera que explicarle a una persona que se hubiera pasado en Marte los últimos veinte años en qué consiste Expediente X, lo lógico sería recurrir a la trama principal: dos agentes del FBI, Fox Mulder y Dana Scully, que se dedicaban a investigar casos relacionados con fenómenos paranormales y la existencia de extraterrestres. Añadiría seguramente la eterna lucha con el gobierno y la continua destrucción de pruebas que hacía de la resolución de cualquier caso una tarea imposible. Sería lo lógico. Pero lo lógico aquí no existe y se dice por ahí que son los pequeños detalles los que hacen las grandes cosas.

Expediente X consiste en todo eso, sí, pero es mucho más. Quien haya visto la serie tantas veces y con tanta pasión como la mano que escribe (más bien teclea, los tiempos han cambiado), sabrá que Expediente X es una larga historia. Una historia de confianza y de la carencia de ella, una historia de lucha, de búsqueda de la verdad, de pérdida, de sacrificio, de entrega, de frustración. Expediente X consiste en un Mulder que cree en todo y una Scully que no cree en nada más allá de lo que puede demostrar la ciencia. Consiste en un Mulder que llega a verlo todo y una Scully que jamás verá nada porque está destinada a ser una eterna contradicción de su compañero, y eso los hace más fuertes. De ahí nace todo.

Como todo en la vida, la serie se mueve en un eterno círculo. Una joven pelirroja es destinada a los Expedientes X con la única función de desbaratar las absurdas teorías del agente Mulder. Así empieza todo. Seguramente los corruptos directivos que le encomendaron aquella misión no contaban con la idea de que Scully pudiera convertirse en la única aliada de Mulder, la única persona en la que él confiaría por el resto de los tiempos.

En su primera misión juntos, Mulder y Scully acaban empapados en un motel de mala muerte en Oregón. Ella se encuentra tumbada en la cama. Él, sentado en el suelo, le cuenta cómo la abducción de Samantha, su hermana pequeña, fue el principal motivo por el que acabó en los expedientes X, y cómo no cesaría hasta encontrar la verdad. Nueve años después, una versión más cansada y devastada de los mismos agentes, cerrará la serie en el mismo motel de Oregón, donde volverán a hablar de sus motivos, de sus esperanzas, y de una lucha que nunca va a terminarse. Ella le escucha desde la cama. Él habla desde el suelo. Cerrando el círculo.

Obviamente Expediente X no fue la primera serie de ciencia ficción (cabe mencionar algunas como La dimensión desconocida), pero sí fue, quizás, la primera que se abrió a un público más amplio. Expediente X llegó, comenzando una tradición que después quedaría plasmada en numerosas series posteriores, que todos conocéis. Expediente X marcó un antes y un después en el fandom que ella misma empezó, en la ficción que numerosos seguidores comenzaron a escribir sin conocer aún el término fanfiction, simplemente imaginando a Mulder y Scully en todas las situaciones románticas y sexuales que la serie no ofrecía de manera obvia. Expediente X es un comienzo.

No puedo marcharme sin mencionar a otros míticos personajes que han formado parte de esta serie y han ayudado que al día de hoy sea lo que es. Unos pistoleros solitarios algo tarados pero de buen corazón, que jamás han dudado a la hora de ayudar a los agentes en las tareas más extrañas. Unos agentes Doggett y Reyes que llegaron cuando Mulder desapareció y llenaron la pantalla con su presencia. Tal vez para muchos nunca fue lo mismo, pero yo creo que se merecen un reconocimiento y que dieron lo mejor de ellos. No puedo olvidar tampoco al director adjunto Skinner, que, dentro de su ambigüedad, siempre ha acabado echándole un cablecillo a esta pareja en su incesante lucha, ni al conocidísimo Fumador, que cigarro en mano, pasará a los anales de la historia como el villano entre los villanos.

A veces son las cosas menos importantes las que nos van dejando huella. Yo nunca dejaré de hablar de aquella serie que, siendo una renacuaja, me sacaba de la cama para escuchar diálogos sobre alienígenas desde el pasillo. Aquella serie que me enseñó que “la verdad está ahí fuera” y sólo hay que buscarla. Aquella serie que, al fin y al cabo, es la serie de mi vida.


Categorías: Series Series de tu vida Etiquetas:
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »