Series de tu vida: Aquí no hay quien viva

29 de abril de 2007. Me dispongo a escribir mi segundo post en Todoseries, y el quinto de la historia del blog (Martínez había abierto el tarro de las esencias cuatro días atrás). Tema: La que se avecina. Una serie de corto recorrido, tanto en el blog (ahí está la tag, ) como en nuestros corazones. Y es que no nos engañemos, segundas partes pocas veces fueron buenas. El listón de Aquí no hay quien viva estaba muy alto, y ni el trasvase de actores logró que su heredera mantuviese el nivel. Porque las cosas como son: Aquí no hay quien viva era buena, muy buena. Ni la sombra de José Luis Moreno (su productor ejecutivo) ni el tufillo de Antena 3 hundieron un barco que llegó a dar cabida a 10.000.000 de espectadores. ¿Preparado para un post de spanish caspilla? Aquí-aquí-aquí no hay quien viva, aquí-no, aquí-no

Empezaré soltando lo inevitable: una serie con un personaje como Mauri y un actor como Luis Merlo merecen toda la atención del mundo. Periodista, homosexual, inestable, sibarita, mordaz… Mauricio Hidalgo no era ni mucho menos el protagonista de la serie (los focos iban más hacia los no menos grandes Cuesta y Emilio, o hacia La Pija), pero se comía la pantalla en casi cada escena. Y eso que Fernando (Adriá Collado), su habitual pareja, no le llegaba ni a los talones… Aún hoy, cuando me quiero echar unas risas, busco este vídeo.

Aquí no hay quien viva encajaba en esa socorrida definición de serie coral. Ambientada en una comunidad de vecinos, claramente inspirada en el concepto del cómic 13, Rue del Percebe (mosaico de personajes muy encasillados y alocados), contaba con:

  • Los Cuesta. José Luis Gil como Juan Cuesta, el doble español de Brian (el de La vida de). Presidente semivitalicio de la comunidad, citaba siempre a su ilustre sucesor (cuyo nombre no recuerdo…) y se desvivía por atender las obligaciones del cargo. Quizá debería haber puesto más empeño en gobernar una familia más caótica que un lunes de rebajas, donde su mujer Paloma (impagable Loles León) hacía y deshacía a su antojo. Juan y Paloma, él el clásico calzonazos, ella la arquetípica marujona envidiosa, se idolatraban, aunque sólo en apariencia. Al final, las altas demandas económicas de la actriz llevaron a su personaje a la cama de un hospital, sumida en un coma profundo del que (si no recuerdo mal) nunca llegó a despertar. A veces una señora de complexión y cabello similar al de Loles León aparecía para alterar todavía un poco más la vida del señor Cuesta… Por cierto, que tenía dos hijos: la preneumática Natalia, interpretada por la (seré suave) pésima Sofía Nieto, cuya única función era provocar el tartamudeo de algún que otro personaje masculino; y el insolente José Miguel (Eduardo García Martínez), una especie de Torrente Jr. superdotado, si es que eso es posible… No era la bomba, pero infinitamente mejor que su hermana.
  • Belén & Emilio. De alguna manera, la pareja de la serie eran Belén y Emilio. Belén López (sublime Malena Alterio en su rol de constantemente peleada con la vida) era posiblemente la persona más desgraciada del mundo. No podía presumir de padres (gran Beatriz Carvajal), ni de amigas, ni de trabajo, ni de novio… un auténtico desastre. Por su parte, Emilio (mejor dicho: Fernando Tejero) fue el primer gran descubrimiento de la serie. Un pueblerino llegado a la capital para probar suerte que tiene la mala fortuna de acabar en lo más parecido a un manicomio. Emilio era gracioso por sí mismo, pero cuando lo mezclaron con su padre la cosa subió como la espuma. Luego hablaremos de él…
  • La otra pareja. Roberto (Daniel Guzmán) y Lucía (María Adánez) empezaron siendo el motivo de ANHQV, ya que la serie daba comienzo al llegar ellos a la finca de Desengaño, 21. Luego se fueron diluyendo. Ni eran lo mejor de la serie, ni eran lo peor, y funcionaban claramente mucho mejor por separado. Él era parte fundamental del Consejo de Sabios, esa reunión de videoclub en la que las ideas más brillantes provenían del imberbe José Miguel, en las que Paco (Guillermo Ortega, el fracasado dueño del local) sólo hacía que sorprenderse, en las que Roberto soltaba su clásico Vamos, no me jodas y en las que Emilio filosofaba libremente, para gusto del consumidor.
  • Las señoras. Para todos los gustos: hay quien se queda con la dulce locura de Vicenta (Gemma Cuervo) y hay quien opta por la desengañada y corrosiva Marisa (Mariví Bilbao). Sinceramente, creo que pocos votarían a la malhumorada Concha (la malograda Emma Penella), excesivamente dependiente de su ¡Váyase, señor Cuesta, váyase! Lo cierto es que la tercera edad era parte fundamental de la serie, porque sus ansias de cotilleo y su poco respeto por la intimidad ajena eran en muchas ocasiones el motor de las tramas. Gloriosas inventoras de Radio Patio.
  • El crack. Mariano Delgado, metrosexual y pensador. El padre de Emilio solo asomaba la cabeza en la primera temporada, pero rápidamente se dieron cuenta de que ahí había un filón. Buena parte de la culpa del personaje la tiene el inclasificable Eduardo Gómez Manzano, artífice de esa manera de hablar tan peculiar y de ese físico que no evitaba que Mariano se las diera de Adonis. El señor Delgado era una suma de valores bastante negativos (gorrón, caradura, mentiroso…) y a punto estuvo de llevar a la ruina a la comunidad en muchas ocasiones. Llegó a escribir una biografía (no autorizada) de su vecina: Paloma Cuesta, y punto en boca.

Más tarde llegarían Andrés e Isabel, los Guerra (mucho mejor ella que él); la sosita Bea, el cansino Carlos, la insoportable Nieves… En realidad, ninguna incorporación logró mantener el nivel de la serie, y básicamente por eso me bajé del tren antes de que acabase.

Las juntas eran otro gran personaje de la serie, y el momento en que los guiones funcionaban con más precisión. La cantidad de puñales que volaban era brutal. ANHQV también destacó por su capacidad para generar frases hechas: ¡Chorizo! y ¡Váyase, señor Cuesta, váyase!, las favoritas de Concha; Un poquito de por favor y Ignorante de la vida, marca de la casa de Emilio y su padre, respectivamente; Ésta nuestra comunidad y ¡Qué follón…!, archirepetidas por Juan Cuesta; ¡Aquí no, Juan, aquí no!, la preferida de Paloma, etc.

Aún estando varios niveles por debajo de las sitcoms USA (como bien dice Pepe Colubi, a ver cuándo aprendemos a hacer comedias de 20 minutos), Aquí no hay quien viva es de lo mejor que se ha hecho con el humor episódico en España. Explotaba el mismo género que su gran rival, Los Serrano, aunque de manera más variada. Eso sí: el Fiti seguirá siendo el mejor personaje de la TV española…


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