Series de tu vida: Aquellos maravillosos años

Creo recordar que era sobre las ocho de la tarde, y estoy seguro de la cadena: La2. Un momento mágico en que Joe Cocker cantaba “With a little help from my friends” (piel de gallina…) y la voz en off del adulto Kevin Arnold nos hipnotizaba. ¿Recordáis Aquellos maravillosos años?

El viernes empezamos fuertes, y queremos seguir arriba. Por eso apelo a una de las mejores series de la televisión (toma ya…): Aquellos maravillosos años, una historia de crecimiento y aprendizaje, de niños y de adultos, de sonrisas y lágrimas, y con una gran capacidad para envejecer. Yo aún veo capítulos ahora y me encantan.

El protagonista era Kevin Arnold, un chico normal que vive en los suburbios de una ciudad cualquiera y asiste a un colegio del montón. Todo aparentemente gris. Junto a Kev, el resto de la familia Arnold: papá Jack, mamá Norma y sus hermanos, Karen y Wayne. Además de las tramas familiares, el otro gran centro de acción era el propio colegio, donde Kevin estudiaba junto a su mejor amigo, Paul Pfeiffer, y su chica: Winnie Cooper.

Kevin nos conducía por su adolescencia doblemente: desde el tiempo de la serie y desde el presente, gracias a su voz en off. Creo que Fred Savage, el actor que daba vida al protagonista, tuvo buena parte de la culpa del éxito de Aquellos maravillosos años; al menos a mí se me hacía muy creíble. Junto a Savage estaba un elenco de actores sin mucho nombre, pero que resultaron ideales. De pequeño me preguntaba si Dan Lauria (el padre de Kevin en la ficción) sería tan gruñón y áspero en su propia casa, o cómo el hermano de Kevin (Jason Hervey) lograba ser tan tocapelotas…

Paul, Kevin y WinniePaul, Kevin y Winnie

Kevin, Paul y Winnie eran el epicentro infantil / juvenil de la serie. Kev no era ningún ganador, era más bien un chico al que las cosas le iban saliendo bien algunas veces y mal otras. Que se enamoraba perdidamente con demasiada frecuencia, aunque siempre tenía a Winnie en mente. Era un tira y afloja muy divertido, y curioso, porque Winnie no era universalmente guapa (aclaro: a mí sí me lo parecía, aunque me lo parece más ahora [1 y 2]). Por su parte, Paul era empolloncete, alérgico a todo, gafe… y el mejor amigo de Kevin. Y no, no es Marylin Manson. De entre los muchos acierto de la serie destaca la música. Cientos de canciones originales que para muchos debían de significar una vuelta al pasado, y para quienes no las conocíamos, una manera de descubrir buena música.

Aquellos maravillosos años tuvo muchos momentos míticos, algunos tristes y otros alegres (la serie combinaba muy bien ambos ingredientes y quiero creer que era un buen reflejo social de la América de la época), pero lo más característico de todo era la frase con la que el Kevin adulto nos deleitaba de vez en cuando: “Y entonces sucedió…”

El final fue algo abrupto, y el futuro de los personajes se nos revelaba en un epílogo que en absoluto era lo esperado para una serie americana: el padre de Kevin moría dos años después del último episodio, Winnie se mudaba a París para estudiar, Paul se graduaba en Harvard… Y los maravillosos años se esfumaban. Incomprensiblemente inédita en DVD, su supervivencia, supongo, está en manos de las redes P2P. Si por casualidad encontráis el decimotercer capítulo, Coda, no dejéis escapar la ocasión de mirarlo…


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