Reviews Skins: Nick / Alo

Reviews Skins: Nick / Alo

Primero toca bajar la cabeza y pedir disculpas por el retraso en el repaso a Nick, capítulo excepcional, emitido hace un par de semanas. Y luego es plan también de decir hola, preguntar qué tal la semana y, de manera diplomática, proponeros que en vez de hacer las reviews por separado del 5×05 y el 5×06, Alo, también brillante, bien pulido, hacerlas juntas y de manera menos farragosa si procede. Pero ahorrémonos, please, eso de coger un palo de golf, hierro-5, y destrozar la casa y partirme el cráneo, gracias, por sacarme con algo de caradura y de la manga que el tema de ambos capítulos es común para tener una excusa palpable y afirmar que Nick y Alo se enfrentan en dos pedazo de episodios, y así lo repito por tercera vez, a la cobardía y a la paternidad con resultados pelín opuestos. Así que hola, cómo os va, y a comentar la incursión de estos dos personajes en una quinta temporada que no baja la guardia en ningún momento. Wonderful wonderful, citando a Andy Botwin.

Nick

Coincidiréis conmigo en que lo que habíamos visto de Nick funcionaba de usado y abusado tópico cachas, hipermusculado ¡y qué rico!, y de complemento a Mini, la guapísima, y que uno se preguntaba –y pensaba– qué más podía ofrecer este personaje salvo el incesante placer de sus ojos. Y por ello mismo, siendo como somos, la curiosidad mata, y su episodio era uno de los esperados a la vista de lo que el personaje ofrecía de primeras. Tras Liv, saber que tiene un hermano y que ese hermano es Matty, el loco, la moral cogía el elevador.

Los temas que ha arrollado Skins desde el principio y la especial tónica de la tercera generación (“¿qué hago yo aquí?,” mucho más marcada que nunca, que ya come sin reparos de las miradas de Franky) envuelven al personaje con un carisma y un guion increíble. Sobre todo cuando el episodio juega con un 'tiempo real,' que en realidad no lo es, y se empieza hablando de La Fiesta de Esta Noche y de El Partido de Mañana y eso es lo que ofrece el viaje de Nick, tan autodestructivo y de realización personal, “no seas un cobarde,” como el de su rollo puntual de la semana anterior, la pecosa Oliv. El viaje iluminatorio de un joven, donde se cruzará con gente que le dará pistas como los coyotes en el desierto a Homer Simpson. Ya sea con la forma de Franky en un columpio o con el careto de su amigo el bastardo, que parece un erasmus boy de los de toda la vida.

Matty y NickMatty y Nick

Genial todo en el 5×05, todo, todo y todo, desde las conversaciones tensas y puras del par de hermanos, los constantes perdones fraternales y ese cariño incómodo, hasta ese final en el que ambos queman el marketing de baratillo de su padre perfecto el de la autoayuda, ideados sin duda por la misma empresa que nos inunda con las promociones tontunas del Media Markt. La relación entre Matty y Nick es el alma vertebral de esta entrega, más que el sexo y el romance (Liv o Mini, ésa no es la cuestión) que el atleta quiere hacer subyacer en su vida de paranoia. ¿Son celos, cree que Liv es su persona, o simplemente está arrollado por la presión de ser el hijo perfecto que maquille la rebeldía del genial unicejo del otro Levan? Qué complicada es la mente del adolescente.

La escena en el campo de rugby bien podría ser un sueño, y la prostituta con la que se cruza y se tira un reflejo de la madre ausente. Pone y mucho que este capítulo, como el 2×06 de Tony, esté tan abierto a reflexiones y lecturas, a la ambigüedad del viaje paranoico y lleno de ira, y sin drogas de por medio, como lo bueno de esta vida.

La discusión con el entrenador, un loco del apartheid sudafricano, es un momento enorme, un resoplido de esperanza para Nick, que había decidido dejar atrás a un padre que fuerza y no agradece, un enfermo del control y, como claramente se nos muestra, más preocupado por las voces sin cara que le entran por el oído que por lo único que le queda después de que su mujer echase patas. El joven Levan retrata los deseos que impone el papi desde la distancia: sé como debes ser, un hijo mío, un deportista, ten una novia perfecta. Pero Matty y sus pequeños sofocos de energía, su pasotismo y su vivalavida no son bienvenidos en una casa minimalista carne de golpes en esos momentos íntimos de ira. Y qué pasa cuando uno envidia la falta de tensión acumulada, la despreocupación. Quiero ser como ellos, no quiero ser como él, podría plantearse. Nick es, al final, un tipo humano y se harta de la represión, de la presión. Ya ha perdido demasiado por dejarse llevar una vez, con Liv y con Mini, y a las dos las ha perdido, pero lo ha disfrutado.

Quiero ese bombónQuiero ese bombón

Alo

Alo es también un levantamiento granjero, pseudo-analfabeto e instintivo contra la presencia de los padres, pero más centrado en la madre autoritaria y protectora –a su manera old school y mano dura– que en el padre imbécil de Nick, porque aquí el patriarca lleva otra voz, la que se oye en bajito y en gruñidos que no dicen nada, y muy similar a la que retrataba Papá JJ la pasada temporada. Inténtalo de verdad, le decía a él la parienta, y al que ve cómo las vacas vuelan (por los aires) se lo dice un amago de infarto y una roca grande volcada en medio de la nada, del no cambio y de la tradición.

Nick termina con las llamas y la unión como la rebelión, pero aquí el mensaje es de asombrosa madurez y, mirándola desde mi punto de vista, adolescente como el de estos inglesitos, tira al conformismo y al amor paterno, incondicional con condiciones amarradas, cosas bonitas y, sí, tan ciertas como lo que son, pero con una moralina que no acostumbra a verse en Skins porque aquí a veces parece que el guion lo escribe Ginsberg. Pero Alo es como Sid, no es tan determinado y seguro como el que protagonizaba el episodio de antes, y lo suyo es limpiar la prueba del delito con calcetines y dejar que un perro le de lametazos mientras su acto de riesgo principal se basa en tirarse harina y huevos, semidesnudarse y tartamudear dificultosamente mientras se alza contra la necesidad familiar, contra lo convenido en leyes sanguíneas. La otra cara de la pound, por decir algo.

¿Y tú qué eres?¿Y tú qué eres?

Este 5×06 lleva a Alo en la sangre, si apretamos los ojos podríamos hasta verle el pelirrojo al reproductor de vídeo, pero sin embargo no escatima en dar retazos de los otros personajes. Por fin surge la pregunta, idea de Liv, de a ver si te gustan los chicos, o las chicas. Es la duda general, Franky. Esta chica es sincera, pero por mi parte la duda sobraba: es especial. Y punto. No sé si es necesario incluir a un personaje homosexual en cada gang de la serie, porque en ese caso las estadísticas estallarían, y después de la maldita sobredosis lésbica de Naomi y Emily, que siempre mantendré como uno de los fallos más crasos y edulcorados del panorama catódico de Britania, creo que Franky es más que eso. Después de ver su episodio, y con esa nube de acusaciones, que si travesti, que si transexual, que si perro verde, opino con inocencia adquirida que Franky, y pagaría un seguro médico, es heterosexual. Ayudan los ojos que le pone a Matty, qué obviedad tan maravillosa para los desconsiderados, y que ya supimos de su entorno familiar y de sus particularidades como chicarrona excepcional.

Otro apunte, más allá de Rich y Grace, que esperamos comentar mejor cuando este jueves se emita el capítulo de ella, es “Minerva McGuinness” y… Alo. Ni con cola, pero la experiencia como espectadores grita lo siguiente: que si aparece el plano detalle de un guisante es porque alguien se va a atragantar con él. Y si Mini se decide por bailar con el pelo zanahoria después de reoudiarle porque resulta que ha visto “algo” en él, algo que le hace especial, o eso hemos creido ver, es por otro “algo.” Y que si Alo descubre que Mini no es tan esposa de zorro como aparenta ser, es por ese otro “algo.” No, no pegan ni con cola. Pero los dos están compuestos y repuestos (expresión que delata lo que pasa después de que los episodios individuales tengan lugar en Skins), y solos también, y unir es consecuencia lógica cuando dos chavales se miran en la penumbra. Sería gracioso verlo, tanto como ha sido pensarlo.

Eso de 'crecer' juntosEso de 'crecer' juntos

Acabo de decir lo del guisante, pero la roca inamovible es lo mismo. Estaba ahí por algo, y en última instancia lo que se necesita para arrastrarla es el viejo tractor. Alo es testaduro, vaya cabezota. Es reacio a la vida que le ha tocado, todo muy bucólico-pastoril, asqueado de las privaciones de vivir alejado de “the town,” de la ciudad como concepto meta-lo que sea (de ser un adolescente que no se puede comportar como tal, de tener que esperar a que tus amigos te consigan la llave del desvirgamiento feo y comprado).

Y llega la reconciliación. Decir buen trabajo, Alo, y contestar con buen trabajo, papá, y no se necesita más. Igual que Matty y Nick, y si nos remontamos algo más, Liv y Maude en la sala de cine. Y dejadme pensar más allá: porque esto puede darse, también, con Mini y su madre, aunque sus miradas estén llenas de desgracia (de “voy a ser como tú, o tú eres como yo, mamá, mírate, cojones”), que al final también es estar frente a frente y con el perdón y, vete tú a saber, amor de corto alcance, en la mano. Qué bonito, a que sí.

Nick y Alo, como los cuatro episodios que los preceden, estar constituyendo sin el menor esfuerzo, al menos desde el otro lado de la pantalla, este, la temporada más redonda de la serie. No hace falta decir más.

Ah, sí: gracias por soportar esto y disculpas de nuevo por los retrasos. Hasta Grace.

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