Review Weeds: Thwack

Weeds 6x01: Thwack

¿Echabais ya de menos las situaciones rematadamente pintorescas, el humor más negro y sarcástico y la ilustración más sui generis del mundo del narcotráfico jamás vista? Sí, demos la bienvenida al sexto volumen de aventuras de la tribu de los Botwin. En vez de preguntarnos si será su última temporada o no, si la marihuana va a seguir creciendo fresca por más tiempo, dediquémonos a disfrutar de las alocadas situaciones que nos ofrece, siempre cargadas con la correcta dosis de ironía, sarcasmo, acidez, reflexión y crítica al entramado social (y político) contemporáneo. Vuelve en estado puro

Doble D says: ¡Weeds en Todoseries! ¿Nos estaremos volviendo locos?

El relato se retoma exactamente en el punto donde se dejó en el final de la quinta temporada. Nancy Botwin y sus tres hijos emprenden su enésima huida hacia no se sabe muy bien dónde. La escapatoria va a resultar más complicada que nunca, ya que estarán perseguidos y acosados tanto por un poder tanto oficial, relacionado con la carrera política de Esteban y las más que probables polémicas y revuelos mediáticos, como extraoficial, por parte de todo el tinglado de narcotráfico en la frontera. Por mucho que los Botwin se hayan acostumbrado a vivir peligrosamente, habiendo tenido que lidiar con todo tipo de maleantes, desde rudos camellos de barrio hasta sanguinarias redes criminales armenias, la verdad es que lo tendrán bastante crudo para salir de ésta. Ya no se trata de drogas, se trata de un asesinato. Y no un asesinato cualquiera, sino el de todo un pez gordo de la política sureña, un manipulador cerebro en la sombra con multitud de contactos e influencias.

Por suerte, un aliado inesperado les ha dado una buena bocanada de oxígeno ante una más que probable persecución policial, pero ellos todavía no lo saben. El propio César, supuesto hombre de confianza de Esteban Reyes, se queda con la única copia del vídeo donde se aprecia de pleno el delito. Lo hace delante de su subordinado, a quien amenaza para se vaya de la lengua, sin que le tiemble el pulso lo más mínimo, pero siempre con la mayor serenidad y naturalidad. ¿Qué oculta este mercenario con pinta de adorable y rechoncho hombre de barrio? ¿Cuáles son los motivos que lo llevan a actuar de esa manera, contra todo pronóstico?

Una nueva Una nueva “aventura”

Lo importante es que también Shane, y no sólo Silas, han pasado progresivamente de ser las necesarias comparsas a elevarse como los pilares donde se sustente buena parte de la intriga, el drama y por supuesto la comedia. No tengo nada en contra de la enorme Nancy, ni mucho menos, pero el crecimiento que ha tenido sus hijos en un entorno tan poco ideal y sumamente amenzador no podía pasar inadvertido. Aunque las diferencias de planteamiento son casi abismales. Silas, por edad y perspicacia, es el primero en seguir los pasos de su madre, aunque sigue conservando, en la medida que puede, los valores más universales acerca de la difusa línea entre el bien y el mal, y hasta qué punto se puede traspasar esa frontera.

En cambio, Shane, condenado a la marginación desde el principio de la serie, se ha ido abriendo camino por sí mismo de una manera completamente atípica, hasta llegar al punto de cometer un asesinato con una inmediatez y tranquilidad que nos dejó pasmados a todos. Lo peor es que ni siquiera con la cabeza en frío parece percatarse de la que ha montado, al menos, no de gravedad moral. Incluso le resulta divertido y todo. ¿Será esto un crossover camuflado con el que la Showtime nos intenta contar con más continuidad la juventud de Dexter Morgan? No, creo que no. Shane Botwin actuó por impulso, con rapidez y dejando todos los rastros. No es el estilo del señor Morgan.

Cría cuervos...Cría cuervos…

Por supuesto, no podía faltar Andy, a ratos patético pero siempre entrañable. Su historia con Audra también se retoma donde se dejó, con un antiabortista psicópata en el salón de su casa apuntándola a ella con una ballesta (que resulta ser un ex-novio suyo), y él “yéndose por el viento”. No escapó de ese peligro, sino de una relación que parecía tan perfecta que sabía que en algún momento se iba a ir al garete. Una Audra frustrada lo pone a prueba, con aquel elemento delante; lo ningunea para ver hasta qué punto aguanta. La llegada de la expedición de los Botwin, con una Nancy borracha, no hace más que empeorar las cosas. Finalmente Andy, todo corazón, pero también profundamente inseguro, cae en la trampa de su novia y acaba haciendo lo que mejor sabe hacer, quizás porque no sabe hacer otra cosa. Se une de nuevo a la familia con la que ha convivido, con la que tanto aprendido, junto a una mujer por la que, en el fondo, sigue coladísimo, y la única que, pese a drogas, huidas, asesinatos y demás tramas criminales, es capaz de hacerlo feliz.

El eterno bala perdidaEl eterno bala perdida

Por otra parte, una auténtica pena que no haya continuado la rematadamente sarcástica y veleta Celia Hodes. No está previsto el retorno de Elizabeth Perkins, la actriz que le ha dado vida, y no parece que vaya a haber novedades favorables en ese sentido. ¿Volverá al menos ese grotesco clan que montó al final de la quinta temporada? Ojalá, porque sería el colofón a la (probablemente) última temporada de una comedia que se ha transformado magistralmente, casi sin darnos cuenta, de una sitcom familiar atípica y repleta de humor negro, a un pintoresco thriller transfronterizo de drogas, crimen, sexo y corrupción, siempre bajo la aureola de un humor mordaz y a ratos retorcido. Habiendo tocado tantos géneros, ¿nos traerán ahora una road-movie por las jugosas carreteras de la Costa Oeste? ¿O por el contrario, se instalarán los Botwin en algún nuevo lugar? ¿Lograrán crear su propio Agrestic privado? La verdad es que da igual, la sexta temporada tiene una pinta estupenda, y parece que no hará concesiones con nada, ni nadie.


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