Review Weeds: God Willing and the Creek Don’t Rise

Regresar a Regrestic, anteriormente conocida como Majestic, anteriormente conocida como Agrestic, se queda casi como algo anecdótico en el episodio 100 de Weeds. God Willing and the Creek Don’t Rise (“the creek always rises”) es la penúltima entrega de la serie y el mayor homenaje posible a un recorrido de ocho años, aunque éste se centre en los tres primeros, los que terminaron en incendio (atentos al museo). Con todo, el episodio tiene el punto más memorable en sus últimos cinco minutos, un tremendísimo ejercicio de auto-consciencia, patetismo, volver al pasado para luchar por el futuro, un revolcón que resume las intenciones de todos los personajes, y donde –como vemos– nada está dejado al azar, ni siquiera el vestidito que lleva Nancy, estampado verde, floral, herbáceo, como la maría que vende. Es lo que necesitábamos para llegar al Final, mayúscula, ese que llega el domingo con un capítulo de una hora, It’s time. Porque es hora, eso cree Andy. Esa escena es la más dramática y la más honda de la serie en no sé cuánto tiempo, la verdad, y hace que el capítulo centenario adquiera otra dimensión y digamos: vaya. Despecho, nostalgia, pasado y futuro, futuro inevitable.

Hay algo curioso en este episodio, pues los personajes se enfrentan a ellos mismos, a lo que son, cuentan mentalmente sus pasos y, como Shane, demuestran su lealtad y sus principios. Como Doug, hallan el camino, aunque –en su caso– el camino sea una parida. Como Silas, se dan cuenta de quién han estado enamorados y con quién deberían estar. Su elección amorosa, la de la sorda y guapísima Megan, desaparecida en combate, es una elección idéntica a su decisión laboral: ¿qué quieres y qué te ha hecho feliz?

Y luego está Andy, cuyo destierro romántico-sexual con el no-hijo de Jill, con la esposa de los veintipocos y ahora con Yael, que no se acuerda de él, le abre los ojos y se da cuenta, nos damos cuenta, de que es un cachorrito que tiene que apartar la dentadura láctea de los pechos de Nancy, que nunca le ha querido y que sólo emana leche en polvo, de supermercado, la única que puede ofrecer un alma tan deformada como la suya. Nancy, acostumbrada a prostituirse por interés propio, se lanza a Andy para agarrarle una vez más.

Y es que Silas y don Andrew Botwin nos lo recuerdan en este capítulo: ostras, LaPlant se lo ha montado con todo el mundo, con desconocidos, con mafiosos y con rabinos enviudados, pero no se lo ha hecho con el único que le entregaba el amor más sincero, ingenuo, infanticida y adorable: el hermano de su marido cadáver. Otra cosa: y es que llevarnos al lugar donde cayó muerto Judah es un gesto de la ostia, y me ha encantado. Copular con su hermano vivo en ese mismo sitio, por primera vez, por primera vez, tiene también un despunte poético y muy Weeds. Aplaudo eso de reírse de la muerte y ser totalmente cojonudos en el intento, que nos deja con ese sabor irreverente y de guiño a los ojos a nosotros, fanes totales y fatales. Hacer el amor allí puede tener efectos tan devastadores como purificadores. Lo veremos la semana que viene.

“You are so, so, so, so, so bad for me…”

Desde la fantástica sexta temporada, el tema Andy-Nancy parecía dejado en barbecho, creciendo hacia algún sitio improbable, quizás se olvidaron de ello, y nos hicieron a nostros olvidarlo también un poquito. Y eso que es fuente de inmensos momentos de placer, como el gran episodio Suck ‘n Spit y lo de chupar la teta, perfecto recordarlo para esa metáfora tética de los párrafos anteriores. Porque en Weeds están acostumbrados a hacerse los locos, y cualquiera pensaría que habían dejado esto en una esquina, de cuclillas, sin resolverse. Por suerte, el pastel está reservado para el final y será, creemos, el principio definitivo del fin. ¿Cuáles serán las consecuencias últimas de consumar el imposible matrimonio de estos dos?

Toda la frustración que arrastra Andy es por culpa de Nancy. Él, nos llevan insinuando varios episodios, no es un tío libre. Es un esclavo, y el uso de las palabras release me es perfecto. Es dependiente de los Botwin, como indica Doug en una escena al inicio del episodio y que nos devuelve al mini debate creado en la última review, aquella polémica sobre el descuidado cuidado de la familia/los guionistas a asuntos tan esenciales como su coherencia interna o, por decirlo de alguna forma, ¿dónde demonios anda Stevie y quién lo alimenta?

Andy B tiene un polvico rapidico, y largo tiempo deseado, con Nancy. Por supuesto, no es como se lo hubiese imaginado, por supuesto que no. No lo digo porque llevan al extremo la expresión “bailar sobre tu tumba,” sino porque ella siente cierta obligatoriedad, deuda en complacer a Andy. La dama y señora no quiere que su apoyo moral se vaya, ahí va la segunda obviedad de la noche, y recompensa su eterna paciencia con algo que simplemente deja la dignidad del eterno hermano por los puñeterísimos suelos de lo lamentable. Pobre Andy, y pobre, a la vez, Justin Kirk, que lleva desde 2005 ansiando un morreo contractual con la Mary-Louise Parker.

Nancy ve en los suburbios originales la gente que puede ayudarla a volver al trono de Reina de la Droga Blanda, pues esta Cersei Botwin no tiene problemas en regatear o en poner sonrisitas para conseguir lo que quiere. Guillermo, que regresa a la serie en toda la gloria, es junto al enorme Conrad (Romany Malco no ha perdido el tiempo en estos años: la simpática No Ordinary Family o la maestra The Good Wife están en su currículum reciente) el sospechoso habitual y potencial colega de negocio, o miembro de la junta, como se lo liga Nance.

Muy buenos los guiños que nos regala el capítulo, desde los clasicorros créditos del principio, mínimamente adulterados, hasta el reencuentro con secundarios de toda la vida y genios ocultos como Lupita y su “¡la bruuja!” La mención a Celia, que ojalá haga aparición sorpresa esta semana, también nos pone tonticos y nostálgicos. Nada de Heylia o Dean, que ya tuvieron su momento la temporada pasada con máscaras de Sarah Palin. Aunque yo no me enganché a Weeds hasta que la quinta ya se había emitido, todo esto parece una vida entera. Y es que vemos al Shane de la temporada 1 y luego al Shane adulto en la sala de interrogatorios y, efectivamente, ha pasado una vida entera.

Cuestionémonos el futuro de Nancy y su asociación con Guillermo Díaz: ¿conseguirá atravesar el paso, se los llevará por delante, los engatusará, o a ella se la llevarán por delante, con una pistola en la nuca? A esto debería responder la series finale, un guion con el que lloró la Parker, según reconoció en una entrevista de hace un par de meses. Con It’s time, todo se despeja. Va a ser duro, pero ahí estaremos.

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4.5
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