Review Weeds: Fingers Only Meat Banquet

Las reviews van casi como la narración de la propia serie. A contrarreloj, con sobresaltos y elipsis repentinas. Podría quedar de guay y decir que se trata de un ejercicio metalingüístico-referencial, pero no lo haré. Simplemente, para resolver esa “elipsis” de dos capítulos en el historial de esta web, procedamos a un breve y conciso previously on Weeds. Nancy contrata a un abogado muy particular para hacerse cargo del tema de la custodia, a la par que el negocio de toda la vida se le va al traste por un hilarante efecto mariposa desde Afganistán. Shane se matricula en la Universidad y empieza a recibir el dinero del crédito universitario. Silas reorienta su carrera de modelo hacia una salida y fuente de clientela para el negocio familiar. Quien sí parece aprovecharse de esa efímera carrera de modelaje es su tío Andy, tirándose a la artista que había contratado a su sobrino, aunque acaba metido en un extraño juego sexual de una pareja con amplia diferencia de edad. Y el bueno de Doug está en su salsa en su nuevo empleo de contable para una importante corporación (en el que entró por enchufe, como no podría ser de otra manera), tanto que se permite el lujo de contratar a Nancy como secretaria/ayudante/infiltrada. Resuelta entonces la laguna, vamos con la review.

En esta última entrega, la veterana de la Showtime vuelve a demostrar su condición de hiperactiva, de no poder parar quieta en un sitio desde que se movió de Agrestic. Y aunque parezca que hayan sentado la base en Nueva York, la que de momento están siendo la principal trama de la temporada nos lleva hasta Oakland (California), y de paso, puede que la escapadita sea más larga. Porque a la supuesta vuelta tenemos la más inesperada de las reapariciones: la férrea y compulsiva Heylia James, a la que no veíamos desde la tercera temporada y nunca esperábamos que volviese. ¿Significa esto que la puerta está abierta para Celia Hodes? La cuestión es que este regreso desde las tinieblas no es del todo casual, ya que Nancy y Silas van a lo que van. Desengañémonos, que por mucho que exista un objetivo principal de la temporada, aparte del propio tráfico (en la pasada era la huida, tanto de Esteban como del FBI, y en esta, como llevamos visto, la custodia del pequeño Stevie), el concepto central de la serie se mantiene, aunque sea ya sólo como el único método de supervivencia posible.

En este último punto entra una treta que nos será familiar a más de uno: ¿cuántas veces nos hemos quejado de que a este o a este otro le han dado una beca, y que como realmente no la necesita, se gasta el dinero en caprichos y vicios varios? Pues es precisamente lo que está haciendo Shane. El pequeño psicópata ha cumplido exactamente lo que su madre quería que hiciese, estudiar, pero realmente con una intencionalidad bien diferente, la de utilizar el crédito universitario para acomodar un poco su estancia de los suyos en la gran metrópolis, y de paso, ayudar a mantener el negocio familiar si es necesario. Asesino, camello y ahora encima fraudulento. Menos mal que sus pretensiones no son egoístas y él mismo paga los aviones a Oakland, y eso que la madre escoge como testigo a su hermano mayor, con el cual las relaciones no pasaban por su mejor momento. Muy buena por cierto la auto ironía del momento en que se matricula en Justicia Criminal Aplicada, con un profesor algo gruñón pero todo servicial cuando descubre el poderío del billete.

El gran hito de este episodio es la reconciliación entre Nancy y su primogénito. Parece ser que el ser humano saca su lado más solidario y conciliador cuanto más mísera y desfavorable se torna la situación, y los Botwin, aunque disfuncionales como ellos solos, no suponen excepción. El viaje a Oakland desencadena varias leyes de Murphy, una tras otra. No ayuda una Jill que se revela cada vez más como una auténtica víbora. Poco puede o quiere ayudar el marido de esta, calzonazos redomado, como tantas parejas/cónyuges masculinos de esta serie. Ni tampoco el excéntrico abogado que le ha tocado a Lady Botwin, un papel que Martin Short vuelve a bordar. Tiene que ser Silas, que deja aparte tanta frivolidad de la industria de la moda y defiende a su madre (no hay más que una) como malamente puede ante el juez, tal cual anuncio de Coca Cola en versión fallida. La comprensivo discurso del magistrado hacia el final, casi a modo de réplica, crea un inexplicable montaje vestido de moralina y pastel made in Hollywood, un tipo de momento por el que la serie nunca se ha caracterizado. Una inesperada aureola que queda desmontada por completo cuando se nos revelan los verdaderos planes de madre e hijo a continuación, instante perfecto para la irrupción de Heylia, o lo que es lo mismo, un logrado cliffhanger. La maestría del contraste y la antítesis de sello Showtime.

Mientras tanto, en Nueva York, lo mejor nos lo reservaron para Doug. Sin duda, es él quien mejor ha salido parado de la mudanza a la Gran Manzana, y se muestra decidido a hacer bien su trabajo de contable. Entonces se da cuenta de la auténtica realidad que hay detrás de los grandes números de las corporaciones, aún en tiempos de crisis. Seamos claros, una serie como esta no puede pasar la oportunidad para meterle la puya al sistema económico y a las causas de su recesión. Su amigo-enchufador se lo vende como una treta inevitable e históricamente siempre practicada, como el verdadero fundamento de la economía de mercado. Lo apacigua como sólo los algo pudientes se permiten, en un nuevo ejemplo de sensacional contraste entre imágenes y diálogo, de lo que tanto nos ha dado en esta serie (para bien). Pero ojo, que Doug, con todo su historial, siempre ha sido un tipo al que le ha gustado hacer bien las cosas. Pinta para un intenso conflicto por esta banda, y en la manera en la que confluya con la trama principal, puede haber grandes sorpresas.

Al mismo tiempo y en la misma ciudad, la enésima perversión sexual en la que Andy acaba metido le propina un susto de muerte, y nunca mejor dicho. El anciano y enfermo marido de ese matrimonio “poliamoroso” metía la quinta hacia el otro barrio, lo que le lleva al “devoto” tío y cuñado a cruzar, de manera inocente y muy momentánea, la otra acera, al aplicarle el boca a boca al viejo verde: !!de verdad, ni que lo hubiesen hecho aposta¡¡ Al margen de esto, una trama algo sosa en este episodio, al que sirve de relleno y poco más, pero que al menos, sí parece tocar a su fin. No queda nada claro que estrafalario argumento le tienen reservado, pero no debería pasar mucho tiempo más desconectado por completo de los tramas principales. Todo lo que no suma, resta.

Estamos casi en el ecuador de temporada, y sinceramente, no parece que esta hornada vaya a ser la última. Nos quedan intensos momentos por delante, más aún con la reaparición de Heylia, que para empezar, no le ofrece a sus viejos “amigos” el mejor de los recibimientos. Por supuesto, habemus promo del próximo.

Nota del autor
3.5
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