Review Weeds: Bliss

La
caravana de los Newman se ha asentado por fin, al menos
provisionalmente. De California pasamos a Tijuana y ahora a Seattle.
Allí, los personajes parecen haber encontrado cada uno su
sitio
, su propia comodidad. Así de rápido. Y por
supuesto, como no podría ser de otra manera, Nancy ya se ha
montado su propia red de distribución de la mercancía.
Todavía muy precaria, y no todo lo lucrativa que podría
ser, pero funciona, que es lo importante. Qué pronto le ha
llegado la dicha a los Botwin en su nueva vida.

La caravana de los Newman se ha asentado por fin, al menos provisionalmente. De California pasamos a Tijuana y ahora a Seattle. Allí, los personajes parecen haber encontrado cada uno su sitio, su propia comodidad. Así de rápido. Y por supuesto, como no podría ser de otra manera, Nancy ya se ha montado su propia red de distribución de la mercancía. Todavía muy precaria, y no todo lo lucrativa que podría ser, pero funciona, que es lo importante. Qué pronto le ha llegado la dicha a los Botwin en su nueva vida.

Nancy consigue lo que le hacía falta: un intermediario. ¿Que quién es? Pues un viperino e intrépido conserje, todo un trepa del mundo de la hostelería de lujo. De tan bien curtido que está, y avalado por su amplia cartera de contactos, detecta el estado de inferioridad en el que se encuentra ahora mismo nuestra protagonista, que empieza desde cero, y así le saca más tajada de la que debería. Pero la veteranía y la astucia de Nancy no tardarán en aparecer y seguro que este pimpollo muerde el polvo más pronto que tarde.

La mercancía se vende como lo seda y hace falta ir a por más. Volvemos a Linda Hamilton, a quien ya podemos calificar de proveedora oficial, tal como ocurría con Heylia en las primeras temporadas. Pero el efectivo sigue siendo un imperativo, así que a Lady Botwin no lo queda otra que improvisar en cuanto su familia le reclama la paga semanal. En este punto llega uno de los momentos más irreverentes de toda la serie, en el que Nancy llega su versión más arrastrada jamás vista y ofrece pagar la materia prima “en especies”… cromosomas Y, conténganse: no habrá escena calentorra entre milfs. Linda (que así se llama también el personaje) es una tía dura y no se le convence con eso, lo que no quiere decir que le deje de resultar apetecible en algún momento.

Proveedora oficialProveedora oficial

La salida llega por otro lado. Las armas de mujer muchas veces residen en la astucia, y así Nancy encuentra la solución. La clave está en el aceite. No, malpensados, abandonad ya los pensamientos calenturientos. Como ya dije en el episodio anterior, la casa de Linda es de todo menos normal. Pues eso, que el coche de su hija funciona con biodiesel, lo que reducido a lo absurdo y a lo burdo viene a decir que necesita aceite usado en cantidades para poder arrancar. Aquí se le enciende la bombilla. Acaba recurriendo, por no variar, al bueno de Andy, que acaba accediendo a darle el aceite de la cocina, muy a riesgo de poner en serio peligro su nuevo puesto como ayudante del chef. El flirteo de ambos es demasiado llamativo, así que apuesto que de esta temporada no pasan sin romper el hielo de una maldita vez.

La carretera es demasiado apasionante como para dejarla de lado. Así, mientras unos ya se han asentado en su parada, otros van en camino. César y su lacayo, con Doug de rehén, empiezan la búsqueda siguiendo el rastro del móvil de Andy. Con estos tres chalaos sobre ruedas, los momentos cómicos se multiplican. Las continuas amenazas de muerte de los secuestradores y la desesperadamente cómica autodefensa del rehén crean un genial contrapunto humorístico. Así, el culmen del cachondeo se presenta cuando llegan a Seattle y localizan al poseedor del teléfono: un pobre mendigo que no quiere saber nada del asunto. Al más puro estilo de aquel grandioso momento de Pulp Fiction en el que a Travolta se le disparaba la pistola tras pasar por un bache, aquí es la fugaz irrupción de un gato callejero lo que precipita el gatillo, llevándose por el medio al pobre mendigo. Ahora los sicarios tendrán algo más de lo que preocuparse mientras buscan a Nancy.

Menuda la que han liadoMenuda la que han liado

Volviendo a los Botwin, como ya he dicho, cada uno parece alcanzar la felicidad a su manera. Silas se infiltra en la vida universitaria y enseguida descubre su lado más ocioso y hedonista. Andy logra colar una de sus elaboraciones más preciadas en el menú, y viendo el éxito, el excéntrico chef (un papel a la medida del gran Peter Stormare) decide darle el puesto de ayudante, no sin antes hacerle pasar por un castigo tan clásico como el pasillo. Veremos lo que hará cuando se entere de que falta aceite. Sus líneas argumentales parecen quedarse en lo personal, sin interferir en la trama serial.

Algo que sí ocurre con Shane. El chaval ya la montó y ahora la vuelve a montar. Muy involucrado en la tarea de cuidar al pequeño Avi, conoce “por casualidad” a tres madres solteras (todos conocemos su pasión por las milfs, incluso si es la propia) mientras lo pasea. Con el único fin de crear un importante lazo afectivo que llegue a sus consecuencias más deseadas, se crea una historia, más rocambolesca imposible, en la que la supuesta madre del niño, que sería suyo, murió en la guerra de Irak, dando incluso el dato de la batalla concreta. Lo que pasa es que estas madres de hoy en día están en todo, y detectan una importante incongruencia en esa historia, y amenazan con tomar cartas en el asunto. Lo del cochecito robado era una pequeñez, pero esto ya no. Los jueguecitos de Shane le volverán a traer problemas a su familia, a no ser que vuelve a tirar de ingenio para salir del embrollo (lo que es posible).

A Shane le va la marchaA Shane le va la marcha

El cliffhanger se hace inmejorable. Andy y Nancy son cazados in fragantipor una pareja de policías cuando salen de casa de Linda con la mercancía. La dicha se marcha tan rápido como llegó. Empiezan los problemas, es decir, se avecina mucha diversión. Con César al acecho, y Shane en un fregao de tres pares, las siguientes entregas se intuyen frenéticas y apasionantes. Y atención, que aún están pendientes las apariciones de Richard Dreyfuss y Mark-Paul “Zack Morris” Gosselaar, así como los regresos de Audra y la tía Jill.

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