Review Weeds: A Beam of Sunshine

Nancy Botwin es un beam of sunshine, o un rayo de sol. Un médico simpático es el último en enterarse, pero nosotros ya lo sabíamos desde hace bastante. El segundo episodio de la octava se conforma con ser un puente entre el disparo y lo que tenga que ofrecernos el último año; es, lo que es lo mismo, un poco de relleno, pero –ni mucho menos– no nos ha hecho perder el tiempo. Buen capi, muy decente, y mientras disfrutamos de ese humor tan socarrón donde hay látigos y restaurantes chinos, de A Beam of Sunshine lo que más destacamos volver a ver es a la señorita Botwin en plena forma. Ella amenaza a payasos, se pone estrellitas en la venda de su frente y lucha contra el karma.

Cosas rápidas que comentar. Nos ha gustado: ver a una Nancy curada, recuperada, y que la factura del hospital, de cientos miles de dólares, no sea nuestra. También ha gustado a algunos tener a Silas sodomizando a una provinciana que se mudó hace dos años a Los Ángeles, fue modelo, hizo de prostituta muerta en CSI y ha conseguido ahora un papel en Weeds. Seguramente no tenga un nombre real y artísticamente se haga conocer como Galaxia. Nos ha desconcertado: ver a Silas rollo chuloputas escandinavo dando latigazos, todo vestido de negro y con mirada penetrante. Desconcertar y gustar puede ir junto. Eso es, un poco, el balance objetivo del episodio.

En la review de la premiere, algunos hablabais de Jill, del juego que da. Da mucho juego, es graciosa, está desesperada, y su contrapunto/rivalidad con su hermana Nancy es un divertido tira y afloja muy muy necesario, sobre todo porque seguimos con las ganas de ver cómo fue la dinámica familiar de ella –y de ellas dos– con sus padres, ausentes en toda la serie porque, bueno, están muertos. Sin embargo, para suplir la falta, siempre quedan las anécdotas, precisamente como la que cuenta Nancy a Silas en un momento del capítulo: madre perfecta, madre de los suburbios, obsesionada con las apariencias. “Esa Navidad la mató.” Conocer esos detallitos nos deja conocer un poco más a las hermanas.

De esa mamá, concluimos, han salido Jill, cuasi-heredera de los histrionismos de Celia Hodges, y Nancy. Ambas son unas madres que exprimen con genialidad aquel primer punto que quiso abarcar Weeds en sus tres primeras temporadas, las hipocresías de la burguesía. Los patetismos de las clases altas y sus mentirijillas sucias (Mujeres Desesperadas es el otro enfoque, con sus distancias, otro cantar). Como ya comenté la semana pasada, volver a los suburbios en Old Sandwich –el nuevo barrio– nos va a hacer regresar al punto de partida, ya que vuelven los jardines y las ventanas indiscretas. Volvemos donde empezamos y eso refuerza todo el conjunto: genial. Y no será la última vez que veamos a los vecinos murmurar sobre quién es Nancy Botwin y su relación con la mafia… siciliana. Gusta ver eso.

Jill se hace con parte importante del capítulo protagonizando, con Andy, una hazaña imposible: salvar su matrimonio. El marido vuelve de la India con una carta hecha a bic enunciando, segurísimo, que pueden salir adelante, como siempre lo han hecho. El tío lee los papelitos con absoluta rutina, como si lo hiciese un par de veces al mes, y apostamos a que así es. Al final da lo mismo quién tiene la culpa, porque el historial asegura que siempre acaban juntos de nuevo.

Digo que la hermana rubia y celosa de Nancy está loca y es graciosa, pero si se la desata de la María Luisa Parker uno ve el interés decaer. ¿Flojea? No necesariamente. Su mejor momento, no obstante, fue y sigue siendo en Do Her/Don’t Do Her, cuando van a visitar al hermano de Zoya: ahí pillamos el concepto del personaje. Y ahí se la subraya con rotu grueso y se da lo mejor de ella. Es bueno, aunque no lo más interesante de la serie. Lo más brillante de sor Jill es cómo evoluciona en sus celos hacia su hermana. Cómo pasa de envidiarla genuinamente porque tiene una vida de aventuras a unirse a su filosofía de vida. Ella quiere esa emoción, y la está consiguiendo. De no estar ahora mismo enlazada con los Botwin en mitad de Connecticut, Jill hubiese vuelto con Scott –es evidente,– ese cacho de pan, como siempre ha hecho.

Pero está con los Botwin y desmelenarse –voluntariamente o no– se ha convertido en su leit motiv. Su trama en este episodio nos puede decir baah, pero visto bien, visto más despacio, es ciertamente un puntazo. A ver dónde acaba, qué hace con Andy y qué hace, eventualmente, con su hermana. ¿El negocio familiar se extiende a la Price-Gray? ¿A sus hijas? Interesa ver el lugar al que se dirige Jennifer Jason Leigh, esta extraña MILF, en Weeds. ¿Cuánto tiempo se quedará? ¿Con qué nos puede sorprender? Apuntaos esa. Andy, atento.

Saltamos al hospital. Entre Messy y A Beam of Sunshine pasan casi tres meses, un salto necesario, y a Nancy tiene ya el alta después de una convalecencia que deja huecos y, sobre todo, un misterio. ¿Fue consciente de la visita de Tim Scottson? Todo indica a que sí, pero vaya, no lo llegamos a pillar. Tampoco llegamos a entender cómo ha dado Shane con su perfil en el Facebook guarro-no-tenemos-derechos-de-reproducción. Es un agujero que no sé si será explicado o si, simplemente, harán la de zas, somos guays: lo saben, tú lo sabías ya, qué más da, sigamos con lo nuestro, para qué perder el tiempo. Lo aceptemos con manga ancha o no, la venganza va a llegar más rápido de lo esperado, a juzgar por el avance del tercer capítulo. El pequeño Tim ya está en el radar.

Esta semana, Nancy tiene dolores de cabeza más por sí misma que por el balazo, y se administra un correctivo kármico. Rodearse de enfermos y de su reciente estado de vulnerabilidad le abre los ojos o, como mucho, se los entorna. Nuevo camino para la señora de la droga. Sin embargo, en algo gracioso, no parece redimirse del tráfico de drogas. Sigue dando dulces marías pero gratis. Era mala, quiere ser buena, y nos dice que sonríamos. Fuera del hospital, ¿el método de pago va a cambiar?

Este episodio, por lo que vemos, no hace más que poner cemento en el camino y abrir las rutas. Disponer preguntas. Se complementa con la premiere en este punto, en que están pasando cosas pero no está pasando nada, y que todo es construcción de líneas blancas y expectativas. Yo, por lo menos, estoy contento con lo que veo y feliz con que Weeds esté poniendo las fichas para salirse de nuevo: salirse, por un lado, de lo establecido. Salirse, por el otro. Salirse simplemente, porque Weeds es la ostia.

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3.5
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