Review This is Us: Memphis, What now? y MoonShadow

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Cuando el 21 de febrero Milo Ventimiglia nos hizo un justificante para no ir al cole/trabajo, ya sospechábamos que íbamos a necesitar pañuelos. Asistimos a uno de los episodios más bonitos e intensos de toda la temporada…

This is Us me ha despistado. Imaginaba, dada la estructura de la mayoría de los episodios, que hablaría de la muerte de los dos pilares de Randall, sus dos padres, en paralelo. Pensaba que veríamos el fallecimiento de Jack en el pasado y el de William en el presente. También imaginaba que sería en el último episodio, pero no ha sido así. Ha sido mucho mejor porque William, el William al que hemos querido desde el primer momento, merecía un episodio para él solo. ¡Y qué episodio!

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You’ll never know dear, how much I love you
Please don’t take my sunshine away

Mientras escuchamos esta preciosa parte de la canción sabemos cuáles fueron los orígenes de William. Su padre falleció joven -era militar- y su madre fue todo para William. Prometiéndole a un bebé de ojos gigantes que “iban a estar bien”.

Presente: Randall y Beth están en la consulta psiquiátrica -después del ataque de pánico que sufrió Randall en el episodio anterior-, ambos discuten sobre pros y contras de acompañar a William a Memphis. Finalmente gana el “sí” y el episodio será un merecido viaje padre-hijo: horas que compartir únicamente entre ellos dos. Habrá un antes y un después.

En la carretera, William se deshace de los mapas ante un perplejo y cuadriculado Randall. Entonces le da un consejo que bien puedes aplicar en la vida:“baja las ventanillas, sube la música y simplemente conduce”, ya llegarás a tu destino. Durante el viaje tienen tiempo para hablar de lo sucedido a Randall. No es la primera vez que le pasa. Randall habla de cómo su padre, Jack, era el único que lo tranquilizaba (única imagen de referencia a la línea del pasado en este episodio: Jack con las manos en la cara de Randall pidiéndole que respire). William insiste en ir al sitio donde parte de las cenizas de Jack fueron esparcidas. Una vez allí, William tiene unas palabras de agradecimiento preciosas hacia un Jack que ya no está. Palabras sinceras con las que agradece haber hecho de Randall lo que es. William no habría sido capaz.

De camino a Memphis ven un cartel sobre el hotel Peabody y William le cuenta una historia sobre unos patos que viven en la azotea y que, una vez al día, van en una alfombra roja hasta una fuente.

El episodio avanza y llegamos a Memphis. El coche se detiene en una casa humilde. A William le llama la atención la tapia de una de las puertas. Allí se crió él. Randall pide permiso a los actuales dueños para que su padre pueda entrar y recordar su antiguo hogar. William va directo a un ladrillo de la chimenea donde hace un millón de años guardó un tesoro: unos soldados y un coche de juguete.

Ahora tocan imágenes del Memphis actual, una barbería donde se cortan el pelo, restaurantes, fuentes segregadas: los blancos y los negros bebían de fuentes diferentes. ¿Adivinas en cuál beben Randall y William? Y un club.

Línea del pasado: William en los setenta era tímido. Tenía un don: escribir. Su madre ha de marcharse a Pittsburgh para cuidar de su propia madre. Es una despedida muy triste porque entiendes que William solamente tiene a su madre. En un club queda con su primo que toca en un grupo de música y le enseña una canción que ha escrito. Esa canción se convierte en un éxito, pero William recibe una llamada de teléfono: su madre está enferma y ha de ir a Pittsburgh. Promete volver. No lo hará. Primero: no abandonará a su madre. Y segundo: conocerá a Laurel.

En el presente nos vamos a un club de música para ver a ese mismo primo que aparentemente no quiere saber nada de él. William se disculpa, le devuelve un dinero prestado y le dice que se está muriendo. En el momento de abandonar el lugar le preguntan:“¿estás demasiado enfermo como para tocar?”.

William tiene una de las mejores noches de su vida. Toca, y está con su familia en su tierra de origen. Randall a su vez es feliz porque también está en contacto con unos orígenes que desconocía. Feliz de conocer a sus primos. La felicidad durará poco porque a la mañana siguiente William está tan débil que tendrá que ser trasladado al hospital. Hay una escena entre el doctor que atiende a William y un incrédulo Randall que me llegó especialmente. Supongo que debe de ser así: un estado de negación -Randall intentando convencer al doctor de que William no está tan mal- y un médico que es frío pero directo en el mensaje: a William le quedan horas de vida. Precioso el mensaje de despedida de padre a hijo: “mereces la vida que tienes”. Y sí, yo también lo creo. Antes de fallecer, William le entrega a Randall el libro de poemas que escribió de joven.

William muere en paz. Y feliz porque el principio y el final de su vida así lo fueron: felices. La despedida está llena de señales como la manera en la que Randall toma las mejillas de William y le pide que respire para calmar su miedo a morir.

De vuelta a casa, Randall lleva los pequeños tesoros del William niño y el libro de poemas “A mi hijo”. El coche se detiene para dejar cruzar unos patos por la carretera. William baja la ventanilla del coche y sube la música. No puede haber mejor despedida. Como tampoco pudo haberla en el guión. Dan Fogelman dejó esta nota a Ron Cephas Jones…

What now? es el título del capítulo siguiente. Y sí. ¿Ahora qué? Ahora que William ya no está, ¿cómo vivirán Randall, Beth y las niñas? Antes de partir de viaje, William le dejó una nota a sus nietas: ellas serían las encargadas de organizar su fun-eral así que se ponen manos a la obra y compran sombreros para todos los miembros de la familia y hacen un desayuno estilo William -sustituyendo sus mil pastillas por golosinas-. Y al final, en lugar de palabras tristes, habrá un brindis por William. Comparado con el episodio anterior podríamos pensar que es un episodio de transición, sin embargo hay detalles importantes que debemos destacar:

El cartero. ¿Cómo es posible sentirte como un personaje que no conocías y que probablemente no vuelva a aparecer en la serie? Un agradable cartero siente -llora- la muerte de William. El único de el barrio que se tomaba unos minutos para charlar con él.

Las tradiciones: Los Pearson son así. Hacen tradiciones nuevas. En esta ocasión un paseo matinal de William en el que Rebecca siente la necesidad de expiar el “pecado” de haber privado a Randall de su padre durante tanto tiempo.

El vacío: las niñas, Randall… ¿y Beth? A Beth nadie le ha preguntado y pasaba gran parte del día cuidando de William. Beth está enfadada con William. Por morir sin despedirse. Todos han tenido la ocasión de decirle adiós pero ella no. Y tiene razón. Así que Randall le cederá el honor de hablar durante el brindis.

La palabra: William se despidió de Beth diciéndole que le mandaría una postal y así lo hizo. Beth recibirá días después una postal donde se despedía de “la hija que nunca tuvo”.

Las heridas abiertas: hay palabras que remueven heridas que no se han cerrado. Es el caso de Kate que, cuando empieza a oír hablar sobre William tiene que salir de casa. Randall, que acaba de perder a un padre por segunda vez, consuela a una Kate que es incapaz de superar la pérdida de Jack.

La magia de la tele nos permite en este punto ver en una sala a Jack y William riendo y compartiendo historias de Randall. Para mí eso es lo más destacable del episodio. Pero hay más:

La obra de teatro es un éxito, aunque no vaya el crítico que esperaban. El que sí estará entre el público será Ron Howard, quien le ofrecerá telefónicamente una prueba en Los Angeles a Kevin.

En el pasado, la relación de Rebecca y Jack sigue deteriorada. Rebecca se despide y se marcha de gira con un frío adiós. Kate no es ajena a la situación. Finalmente, Jack decide hacer caso a Kate y luchar por Rebecca.

MoonShadow: y por fin llegamos al final.

Un final que más bien nos presenta un inicio. ¿Cómo se conocieron Rebecca y Jack? Ese inicio nos deja un sabor amargo porque dejamos a Jack y Rebecca en el punto más delicado de su relación, al menos hasta el momento). Pero vamos por partes.

Aunque muchos pensamos que había muerto esa noche yendo en busca de Rebecca conduciendo borracho, Jack consigue llegar al lugar donde Rebecca actuará aquella noche. Se enterará de que Ben, minutos antes, había intentado besar a Rebecca y le propinará un puñetazo. Rebecca lo presencia y hay ruptura y media: por un lado Rebecca rompe con Ben y la banda y por otro lado hay una semirruptura con Jack. Cuando llegan a casa, lo primero que hace Rebecca es borrar un precioso mensaje que había dejado para Jack en el contestador del teléfono; después, hay una gran pelea entre ambos (por Dios qué escena) donde, lo siento mucho, pero soy #TeamRebecca. Rebecca se sincera y confiesa que no tiene vida. Y es verdad: sus hijos no la necesitan y ella NE-CE-SI-TA cantar. Es así. ¿Quién iba a decirle a Rebecca que el mayor daño se lo causaría Jack al burlarse de su carrera musical? Para Jack no es una carrera. Es un hobby de una ama de casa de 40 años. Rebecca zanja la disputa después de oír a Jack decir que le quiere. Le pregunta qué es lo que él quiere en ese preciso instante y le pide que la próxima vez que le diga que la quiere no sea por costumbre. A la mañana siguiente duele ver cómo Rebecca sale de la habitación y comprueba que Jack no ha dormido en el pasillo, como hacía en otro tiempo más feliz…

Con una sinceridad aplastante le dice que lo que se dijeron la noche anterior no fue de la manera apropiada, pero ambos sintieron lo que decían. Por eso le pide que se marche unos días a casa de Miguel.

¿Corazón encogido? Pues ven a conocer a la soñadora Rebecca y al soñador Jack. Ambos jóvenes y sin muchas oportunidades, la verdad. Conocerás que Jack estuvo en Vietnam y que arregla coches -será precisamente la dueña de su futuro Chevy quien le hará quedar en una cita a ciegas-. Toda su obsesión es ahorrar dinero para poder irse de casa y abrir junto a su amigo Daryl un taller. En una timba de poker, Jack gana el dinero suficiente como para hacerlo, pero el dueño del bar recupera su dinero propinándole a Jack una paliza.

Jack está harto de ser bueno, así que se plantea robar el bar y, justo cuando está a punto de hacerlo, ve en el escenario a Rebecca. Una Rebecca que poco antes fue rechazada en Elektra Records y que huyó de una cita a ciegas porque tenía que cantar.

Y no hizo falta mucho más. Rebecca y Jack se encuentran cara a cara: “Hola”.

De vuelta a los 90, con Jack duchado y con su ropa en la bolsa, Rebecca pregunta cómo se lo dirán a sus hijos y Jack le dice que los chicos estarán bien: a veces tomarán decisiones buenas (paso al presente y a Kate diciendo que quiere cantar), a veces tomarán decisiones malas (paso al presente e imagen de Kevin y Sophie despidiéndose) y a veces tomarán decisiones sorprendentes (Randall le comunica a Beth que quiere adoptar un hijo).

Jack se despide de Rebecca diciéndole qué ama de ella. Estilo “Cuando Harry encontró a Sally”: su forma de bailar, su risa, que salió corriendo de una cita a ciegas para cantar, que es su gran historia de amor y su gran oportunidad. Y sí, lo fue. Al menos aquella noche en que Jack se olvidó que tenía un bar que robar.

¡Nos vemos en la segunda temporada!

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Review This is Us: Memphis, What now? y MoonShadow
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2 comentarios

  1. Manuel Porcel

    Gracias por tus reviews. No soy mucho de comentar, pero tus reviews han sido un bonito añadido a esta preciosa serie. Hasta el ultimo capitulo han conseguido agarrarnos el corazón y no soltárnoslo hasta que derramáramos una lagrimita de felicidad y amor. Gracias por todo Anabel, nos vemos en la segunda.

  2. Muchas gracias por tus palabras. Deseando estoy que vuelvan los Pearson. Te recomiendo sigas sus RRSS y escuches, de vez en cuando, la setlist. Nos vemos!

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