Review This is Us: I Call Marriage

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¡Nos vamos de boda! A esos primeros tiempos de los Pearson sin niños y con una historia en común por escribir. Historia que conocemos en parte y cuyo pasado nos explica el presente de los personajes. ¿Te vienes a comentarlo?

Si me lo permites, voy a empezar hablando de Randall. De Randall entrando en casa y viendo a William al piano. De ese momento que esperamos que llegue pero para el que, como Randall, no estamos preparados. Afortunadamente es una pesadilla. Una pesadilla que sirve para darse cuenta de que su hija no está en la cama a las tres de la mañana. Que le hace darse cuenta de que se le escapan cosas como el concurso de ajedrez para el que se prepara la niña a hurtadillas por las noches con William.

Randall está sobrepasado. No controla el trabajo ni la familia, y no por falta de voluntad sino por exceso de responsabilidades tal vez y negación hacia la situación de William. Beth y Randall contratan a un asistente en paliativos y Randall se niega a escuchar alegando que tiene trabajo. También se enfada con Beth (esa Beth sabia y genial que debería salir más) cuando ve que le explica a sus hijas cómo superar la muerte de su abuelo… que aún está vivo. La genial explicación de Beth es que ni ella ni Randall estaban preparados cuando fallecieron sus padres y no quiere que le pase lo mismo a sus hijas. Randall intenta huir de casa hacia el trabajo, pero Beth en este caso hace un llamamiento al matrimonio y pide que su marido acuda a ver el campeonato de Tess. Y, por supuesto, gana. El cariño que las niñas tienen por William hace que Randall se plantee si ha hecho bien presentándoles a su abuelo moribundo.

En el trabajo, a Randall no le va mejor y le comunican que Sanjay se quedará con la mitad de sus clientes. Randall es perfecto y en su perfección hace que veamos cuáles son sus prioridades. Sin embargo, preocupa que no se exprese o que todo le supere hasta tal punto de que no es capaz de sujetar un vaso de agua con las manos.

En cuanto a los hermanos de Randall, tenemos a Kevin y su tierno intento por recuperar a su exmujer. Quedan en el sitio donde tuvo lugar una de sus primeras citas y hasta consigue -en una escena muy simpática- el mismo sitio donde se sentaron. Sophie, en principio, entra enfadada y dispuesta a marcharse, pero unas “lava fries” le hacen cambiar de parecer hasta que oye a Kevin decir que quiere volver al punto donde lo dejaron. Esto hace que la magia desparezca y Sophie salga corriendo. ¿Y por qué? Pues porque el punto donde lo dejaron fue a Kevin engañando a Sophie. Sophie huye hacia el metro y Kevin la persigue. Por suerte para éste, el metro se estropea y tienen tiempo para hablar y descubrir que Kevin creó una identidad ficticia para cotillear el facebook de Sophie. De todos modos, Sophie confiesa que se encuentra bien actualmente, y que tiene una relación estable con alguien de su trabajo. A Kevin no le supone mucha competencia ya que insiste en volver a verla al día siguiente.

Paso a Kate y su campamento: Toby hace aparición sorpresa cargado de revistas, con una reserva para una noche romántica y, en fin… Kate no se lo toma muy bien. Le agradece las atenciones pero COMO YA LE EXPLICÓ, está completamente centrada en el programa del campamento. Toby conoce a Duke y decide apuntarse al campamento, pero no se lo toma en serio y Kate se enfada. Entonces Toby, ante la regañina de Kate, se hace la víctima y termina dándole enfadado el anillo de compromiso. Lo siento, pero aquí soy #teamKate y es que Toby tiene la costumbre de no tener en cuenta a Kate en lo que es importante para ella. Y a veces no basta ser gracioso. Una cosa es que entienda el enfado de Kate… pero tampoco me gusta Duke.

Ahora sí. Paso a hablar de Jack y Rebecca. De la boda. De la felicidad de los primeros años. De esa historia que, tal y como apunta Rebecca en sus votos, estaba comenzando.

Hay una escena en un cuarto de baño setentera y otra noventera. La setentera es con unos jóvenes y enamorados Jack y Rebecca jugueteando mientras se lavan los dientes, con jabonera rota incluida. La noventera es con los mismos personajes arreglándose para una cita con unos amigos. Uno se lava los dientes mientras la otra se pone crema. El diálogo es sobre la cita y es interrumpido por una Kate adolescente pidiendo un tampón a su madre. ¿Qué ha pasado aquí? La vida. Un matrimonio que se quiere pero al que le pasa algo… monotonía, cansancio, hijos adolescentes con los que lidiar, falta de tiempo, falta de comunicación…

Es por eso que, cuando en la cena con Miguel y Shelly estos les comunican que van a divorciarse, Jack y Rebecca no tienen el mismo punto de vista cuando vuelven a casa y hablan del asunto. Para Jack, el matrimonio es inamovible, mientras que para Rebecca no es tan difícil de entender ni asimilar que si uno de los dos es infeliz, es mejor dejarlo. El divorcio de Miguel y Shelly hace que se planteen su propia relación. Rebecca le recuerda a Jack que ellos no son Miguel y Shelly y Jack no logra entenderlo. Tanto es así que se enfrenta a Miguel en la oficina y la respuesta que obtiene no le gusta: Miguel no es de los que siguen luchando por salvar su matrimonio.

Con toda esta crisis tanto Jack como Rebecca saben lo que tienen.

Jack es el hombre perfecto y sorprende a Rebecca llevándola al primer apartamento que compartieron. Vacío y adornado con un millón de luces. Y el baño con la jabonera arreglada. Jack y Rebecca leen de nuevo sus votos. Sus preciosos votos. Esta escena sucede también en un cuarto de baño, en un cuarto de baño en los noventa que devuelve la magia de los setenta. Un regreso a los orígenes.

Rebecca entonces dice que quiere ir de gira con el grupo. Tal vez mal momento para comunicárselo, ¿no?

A DESTACAR:
– Rebecca poniendo los puntos sobre las íes acerca de su marido. Jack es un superhéroe.
– Rebecca consciente de su relación y del amor entre Jack y ella sentenciando: “vamos a estar bien”.


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