Review The Pacific: Peleliu Hills

Los cientos de soldados de la Marina americana que continuaban en el infierno de Peleliu luchaban desesperadamente por tomar hasta el último trozo de tierra de aquella isla mientras trataban de no perder la vida ni la cordura. Durante el curso de aquellos larguísimos días algo dentro de muchos de esos soldados cambió sin previo aviso e irremediablemente, no volvieron a ser quienes eran. La historia de Sledge bien podría ser una de estas historias anónimas, perdidas en el pasado, enterradas bajo la vergüenza y el peso de los años, una de esas historias que de vez en cuando ha de ser contada.

Peleliu Hills comienza mostrándonos una serie de imágenes sobre los últimos días que la división de Sledge ha pasado en la isla. Tras horas de batalla, el territorio está completamente devastado, el aeródromo en ruinas… los soldados casi no saben por qué han luchado ni donde se encuentran en ese momento. En el campamento, un Sledge perdido y confuso encuentra apoyo en Skipper, en la naturalidad y la actitud positiva de su superior.

Tras unas horas de descanso, los marines se ponen de nuevo en marcha, encontrándose en el camino con la División de Leckie, donde vemos a un Chuckler en las últimas. Leckie ya había mencionado que éste seguía en la isla pero ¿qué le ha pasado?, ¿volveremos a verle?

Mientras tanto Basilone continúa asistiendo a eventos por todo todo su país y aguantando como puede larguísimos discursos sobre su valentía y coraje. No es un mundo hecho para él y los recuerdos de la guerra no dejan de asaltarle, incluso durante una larguísima partida de golf con la que intenta distraer su mente. Los recuerdos del miedo y la muerte en medio de la noche pueden acabar volviendo loco al soldado…

Y la noche cae en Peleliu, haciendo que la división de Sledge viva de nuevo una dura situación: uno de los soldados se levanta sin avisar y recibe un disparo de uno de sus compañeros. De nuevo queda claro como la frágil línea que le separa a uno de la muerte puede ser destruida en cualquier momento, en cualquier situación.

Con los ánimos por los suelos, los soldados tendrán que hacer frente a una emboscada japonesa, durante la que se encontrarán por primera vez con una zona de Bunkers. Nos encontramos de nuevo ante unas de las escenas más brutales de toda la serie hasta el momento: el espíritu y la filosofía del honor bélico japonés hace que la lucha se transforme en una carnicería y la frustración y la furia ante el enemigo convierte a los japoneses moribundos en distracciones, una forma de descargar la rabia mediante el dolor ajeno y la tortura que Sledge no comprende… de momento.

Sin descanso alguno, la división se dirige hacia las colinas de Peleliu, dónde les esperan cientos de recovecos y escondites en la roca repletos de peligros. Entre las explosiones y disparos Sledge se ve obligado a hacer de camillero, más indefenso que nunca, sin posibilidad de protegerse de las amenazas más que corriendo para cubrirse. Ante toda ésta presión hasta los más duros se derrumban y la moral decaerá definitivamente cuando se conozca la noticia de la muerte del Capitán Skipper… Sledge está ahora sólo pero no deja que eso le afecte demasiado y sigue adelante y, en un momento, es él quien consuela a los soldados con los ánimos más bajos. Había llegado, de forma tal vez demasiado abrupta, la hora de madurar.

Nos encontramos hacia el final del capítulo con dos momentos extraños por su tono y contenido: Por un lado una escena que nos pone una sonrisa en la cara: un soldado va a hacer sus necesidades a una cueva y se encuentra con dos japoneses que empiezan a perseguirlo… aún con los pantalones bajados. Es una situación cómica pero extraña en el contexto de la serie, cuando nos damos cuenta de cómo se han “utilizado” un par de “vidas” para dar lugar a ésta.

La otra escena está realizada a la perfección y nos muestra uno de los momentos más terroríficos de la serie hasta ahora y aquí una imagen si que vale más que mil palabras…

Sin comentarios...Sin comentarios…

Sledge explota y acaba intentando arrancarle los dientes de oro a un cadáver japonés, aunque ante los consejos de su compañero (que le dice que no debería hacerlo, ya no por lo que pueda significar para él como podemos creer en un principio, si no por que puede infectarse) desiste, arrancándole en su lugar el medallón del cuello.

Sledge ha tenido que convertirse en soldado de repente y dejar atrás al novato que era. Se encuentra de repente totalmente rodeado por la suciedad y el dolor de la guerra y aprovecha la que puede ser su última ocasión de limpiarse y dejar a un lado todo lo horrible de su alrededor…


Categorías: Series
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