Review The Pacific: Peleliu Airfield

continúa donde nos dejó el último capítulo, con la Primera División de Marines preparada para asaltar el aeródromo japonés y con Sledge y Leckie en el frente de batalla. Un capítulo mucho más centrado en la acción que los anteriores y del que hay que destacar, ante todo, un nivel técnico impecable.

“He pasado sed, pero nunca una sed como ésta”. Los Marines se encuentran superados en número, en un territorio desconocido y sin agua. La presión de los bombardeos es contínua y la tensión es palpable. Los ánimos están por los suelos y los recursos de los americanos parecen comenzar a escasear. Ya no solo a nivel físico se ven continuamente atacados si no que la interminable y delgadísima línea por la que camina su mente se va balanceando cada vez más. Ante las esperanzas que otorga un gran charco de agua llega el horror al comprobar que ha sido envenenado por sus enemigos, sólo queda seguir adelante, hacia el horror y hacia el aeródromo, la conquista por la que siguen en ese trozo de tierra.

Gran parte del capítulo es dedicada a la carga hacia dicho aeródromo. Como siempre, The Pacific cumple de sobras con las escenas más espectaculares, como ya hizo Band of Brothers en su momento, y además las presenta con un punto distinto: desde el principio vimos la intención de otorgar a esta nueva miniserie un tono más crudo y visceral debido a su contexto y en este capítulo queda confirmado. Desmembramientos, impactos balas por doquier, enormes explosiones… todo se une a la paleta de colores verdes y marrones, podridos y sucios, para aportar esa sensación de degeneración y especial violencia que se vivió en las perdidas islas del Pacífico.

No hay una descripción disponibleLa carga

Los marines continúan avanzando sin parar hacia el aeródromo y nosotros les acompañamos con las explosiones y el rozar de las balas como únicos sonidos. Finalmente, con la ayuda de los morteros llegarán a éste, pero no sin numerosas bajas y heridos, entre las que se encuentra Leckie, que queda en un estado bastante grave mientras trata de buscar ayuda para Runner.

Ya desde un principio vimos que Leckie no era de naturaleza guerrera, pese a que nos sorprendió con su sangre fría en algunos momentos de necesidad. Leckie es un romántico, es el que continúa escribiendo cartas, el que se enamora de mujeres griegas y de sus huertos. A Leckie no le gusta la guerra, y parece que a la guerra tampoco le gusta Leckie: es la segunda vez que lo tenemos fuera de combate y pese a aparecer en bastante mal estado en un primer momento parece que se recupera poco a poco en un barco-hospital.

Mientras tanto, la noche cae y el regimiento de Sledge trata de descansar un rato, ahora con la ayuda de un perro que les alertará de la presencia japonesa. De repente, unos murmullos que comienzan a convertirse poco a poco en gritos, uno de los soldados americanos se mueve desesperado en sueños y despierta aún completamente traumatizado, varios de sus compañeros corren a calmarlo para evitar que los ruidos descubran su posición pero es imposible controlarlo y finalmente acaban con él con un palazo en la cabeza. Sledge lo ve ya claro, uno ya no tiene derecho a derrumbarse ni ante los suyos.

Al volver al barco-hospital nos encontramos con un Leckie abatido, pero vivo al fin y al cabo. En la cantina se encontrará con Runner y pese al alivio que le produce el comprobar que se encuentra bien ambos no pueden dejar de lado lo que acaban de pasar. El barco-hospital pone los motores en marcha y se aleja, ésta vez parece que es la definitiva… let’s go home

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