Review The Pacific: Home

La marea del final de ha sido demasiado fuerte y ha dejado a las aguas del pacífico palideciendo a su lado, con el mundo de las series paralizado. Pese a esto, el retraso en la review no es justificable y ya es hora de poner punto final al análisis de la historia por la que nos ha llevado la HBO durante estas semanas. Un anuncio pillaba a los soldados de sorpresa y los dejaba en muchos casos sin saber cómo reaccionar: La guerra había acabado y los que tenían más suerte llegaban por fin a sus hogares, encontrándose con un mundo que se les había hecho extraño, un mundo que no sería jamás de comprender por lo que habían pasado.

The Pacific se ha desvanecido sin hacer mucho ruido. Capítulo tras capítulo la trascendencia y la fama de ésta ha ido disminuyendo y sus objetivos se han visto poco a poco incumplidos u olvidados. Una conclusión tranquila y de tono más emocional era la última esperanza para cerrar de forma sólida la miniserie de la HBO, pero, por desgracia, asistimos de nuevo a una entrega que podría haber dado mucho más de sí, que se siente desordenada y fuera de lugar, como si alguien no se hubiera molestado en trasladarnos hasta su contexto.

En un final que se nota anticlimático ( y que nada tiene que ver con su tono pues en Band of Brothers la última entrega hacía uso de éste recurso también y conseguía un ritmo y una conclusión excelentes) vemos como los personajes que hemos seguido a lo largo del tiempo se reencuentan con su hogar. Leckie vuelve a casa aparentemente intacto a nivel psicológico y decide, tras todos los horrores que ha pasado, que es hora de dejarse de tonterías y pasar a la acción y va a seducir de una vez por todas a su vecina, la mujer en la que ha estado pensando toda la guerra. ¿El problema? Parece ser que ella está saliendo con un militar recién graduado, un chulo novato que Leckie se quitará de encima en un santiamén. Así, en su primera cita, descubrimos que Leckie nunca mandó las cartas a ésta y que además se estropearon con la lluvia en la jungla. Pese a esto, todo se resume a un simple mensaje: he visto demasiados horrores y ahora quiero ser feliz. En una bonita y bien elaborada escena durante la bendición de la mesa en casa de Leckie, éste le coge la mano a su chica y comparten una mirada que parece indicarnos que a esta pareja le va a ir bastante bien en el futuro… Había sido ya mucho tiempo sin ver a Leckie y la despedida que se le da es bastante acertada, cercana a su personalidad y con un final feliz, ¿qué más se puede pedir?

Las cosas no han ido tan bien para Sledge por otro lado, deprimido y fuera de lugar en un mundo cuyas costumbres y mecanismos se han convertido en algo extraño y dónde las relaciones que han mantenido durante los últimos meses se ven antinaturales (destacable la escena del tren donde Snafu no sabe si despedirse –pese a esto en el epílogo comprobaremos como tras escribir su libro Sledge tuvo noticias de Snafu y acabó atendiendo a su funeral-). Surge continuamente una pregunta: ¿Cómo comportarse ahora en el mundo real? Sledge ha llegado de una pieza a su hogar pero no es el mismo de antes ¿se le ha ido del brillo de los ojos como decía su padre?

Basilone, está claro, no llega a casa. Su familia está destrozada y su viuda y su madre encuentran apoyo mutuo. Como algunos comentarios han hecho notar es cierto que la historia de Basilone y su mujer es real (de hecho ella tuvo una foto de su marido en el bolso hasta el día en el que murió y no volvió a casarse) pero eso no quiere decir que haya que darle el tratamiento melodramático que se le dio a la historia, las cosas pueden hacerse de muchas formas, sin desnaturalizarlas por ejemplo.

El episodio pese a todo esto se ha centrado totalmente en Sledge que, como ya veíamos desde hace tiempo, ha quedado muy afectado psicológicamente, sufriendo pesadillas y luchando por salir del horrible mundo en el que ha estado los últimos meses. Es destacable como entre los civiles también se conocían las condiciones en las que habían estado los soldados del Pacífico, más extremas respecto a otros conflictos, como muestra la escena en la que el taxista no le cobra a Leckie por respeto. Poco a poco Sledge consigue abrirse paso en el mundo real e intenta meterse en una escuela. Allí pierde el control y ante las continuas preguntas sobre si ha aprendido algo con los Marines que le puede ser de utilidad responde lleno de rencor y rabia: “Me enseñaron a matar japoneses. Me hice bastante bueno”. Tras esto Sledge acaba derrumbándose por completo al verse de nuevo empuñando un arma al salir de caza con su padre y después de soltarlo todo comienza lentamente a mejorar, volviendo a sentir que lo que le rodea es real y a adaptarse a un mundo en el que puede de nuevo caminar tranquilo, alejándose por los campos más soleados que ha visto en meses…

Y así acaba The Pacific, casi de repente, con Sledge caminando hacia una nueva vida y un epílogo que nos pone al tanto de cómo les fue a todos los soldados tras esto. Sin duda, una miniserie que nos deja algo decepcionados ante lo que podría haber sido, que más allá del aspecto emocional y el reflejo de los soldados, habría necesitado mucha mayor solidez y claridad cronológica así como una mayor sensibilidad a la hora de tratar las emociones. Pese a esto, han sido horas de historia, de historias y de televisión de calidad… ¿Qué os ha parecido a vosotros?

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