Review The Pacific: Guadalcanal

Review The Pacific: Guadalcanal

Los primeros minutos de The Pacific me produjeron una leve sensación de asombro. Y es que no puedo evitar realizar comparaciones, casi de manera inconsciente, con Band of Brothers. Una forma totalmente diferente de planear el relato de esta historia es fácilmente detectable incluso en los primeros momentos. Por el momento, no sé si mejor o peor, simplemente diferente. Un menor enfoque en el origen de los protagonistas, de los cuales apenas si podemos llegar a recordar el nombre al finalizar el capítulo o una rápida transición al escenario bélico sin explicar cuál es el origen de los Marines (en este caso) o su función, son algunos de los detalles más significativos que resaltaría del primer capítulo de The Pacific. ¿Lo comentamos?

¡Acabamos de recibir la primera review! Esta semana, segundo episodio…

HBO vuelve a la carga con otra de sus ya famosas miniseries de presupuestos astronómicos y que cuentan historias sobre batallas de la Segunda Guerra Mundial, un suceso histórico que es un filón inagotable de grandes producciones. The Pacific, como su nombre indica, muestra la vida y muerte de los soldados americanos desplegados por todo el Pacífico en su lucha contra el Imperio Japonés. Japón atacó sin aviso previo a Estados Unidos el 7 de diciembre de 1941 en Perl Harbor, Hawai. Parte de la flota americana fue dañada o totalmente destruida y el presidente F.D. Rosselvet pasó a recordar aquel trágico día para la historia de los Estados Unidos como “el día de la infamia”. Pocos meses antes, los nazis habían también atacado sin previo aviso a los soviéticos en la Operación Barbarroja, cargándose de paso el pacto de no agresión (tan difícil de sostener según la lógica hitleriana) y consiguiendo que el siempre frío y resuelto Stalin pasase algunos segundos de pie ante sus generales negando la evidencia.

De la primera parte del capítulo destacaría el intento de acercarnos de alguna manera a uno de los protagonistas, aunque el director no lo consigue. Da la impresión que el origen de los protagonistas no es interesante para la historia que vendrá después, pues el tiempo que se le dedica es escaso y tiene poca trascendencia. Puede que el hecho de que la mayoría de personajes de Band of Brothers tengan un carisma tan mágico, ya desde el primer capítulo, acentúa esta percepción. Las comparaciones serán odiosas, lo adelanto. En todo caso, el trato que se da al background de los pocos personajes principales que aparecen en esta primera entrega de The Pacific, me dejaron algo desangelado.

Rápidamente la acción se traslada a la invasión anfibia de los Marines en la isla de Guadalcanal, cuya pronunciación para los americanos resultó el primer problema de toda la guerra. Los hombres reciben su “última” comida antes del desembarco. No debía de ser muy agradable comer dentro de un buque de transporte con cinco mil tíos alrededor tuyo compitiendo por el postre. La invasión a Guadalcanal resultó más plácida de lo esperado. Los bombardeos de la Marina y los ataques de la aviación comenzaron. Al desembarcar, los marines vieron con asombro como otros soldados los recibían con bromas y sonrisas burlonas. A las 09:10 AM, Guadalcanal presentó menos resistencia en comparación con el desembarco en las islas cercanas, como Tulagi, Gavutu y Tanambogo, de las cuales perecieron casi la totalidad de defensores japoneses.

En Guadalcanal, los 11000 hombres desembarcaron entre Koli Point y Lunga Point. Las fuerzas de combate japonesas habían abandonado sus posiciones debido al ataque de la Marina y la aviación. Los japoneses debieron de huir precipitadamente pues los americanos se encontraron suministros, comida y material de construcción en las posiciones que los primeros debieron defender. Lo peor de todo era el clima: calor y humedad. El principal enemigo del Marine en el Pacifico se llamaba jungla. Un entorno que podía calificarse de paradisiaco pero que chocaba frontalmente con las ganas de vivir de un ser humano occidental, poco acostumbrado a esos rigores climáticos. A estas alturas del capítulo seguimos con la dificultad de acordarnos de los nombres de los pocos protagonistas definidos que hay en el primer capítulo. La noche cae y los soldados acampan a cielo abierto en medio de una lluvia inclemente.

GuadalcanalGuadalcanal

Durante las operaciones de desembarco de los Marines en Guadalcanal, los japoneses atacaron la fuerza anfibia alidada. Lo que a ojos de los soldados parece un espectáculo de fuegos artificiales digno del 4 de julio, es en realidad una batalla naval donde los americanos no salen bien librados. De hecho, el comandante de la fuerza expedicionaria, Frank Fletcher, decidió retirar su flota de la zona de las islas Solomon ante posibles ataques japoneses. A la mañana siguiente, los Marines otearon el horizonte del Pacífico, comprobando estupefactos como no había ni rastro de su Marina. Debían atrincherarse. Gracias a las provisiones encontradas de los japoneses, unidas a los suministros que pudieron descargar desde los barcos de la Marina, los americanos tenían comida para 14 días.

Solos en territorio hostil, luchando contra un enemigo fantasma, que estaba allí, en la jungla, en alguna parte decidido a recuperar su isla. Encaramos ya la recta final del capítulo, la acción narrativa es intensa pero poco profunda, supongo que es algo se remedia en los siguientes capítulos. La acción bélica está mal explicada estratégicamente hablando puesto que no aporta datos claros y concisos de ese teatro de operaciones, ni tan siquiera aciertan a explicar con claridad por qué eligen Guadalcanal para su invasión.

Los americanos no tardan en establecer contacto con los japoneses. La batalla se salda con victoria para los americanos que aún y así pierden muchos hombres, sin contar con los heridos o los enfermos de disentería. Hay algo que sí que está bien explicado, aunque de momento no con toda la fuerza interpretativa que sería necesaria y dejamos su evolución al posterior desarrollo de los capítulos: la moral de la tropa estadounidense en el Pacífico y su relación con el enemigo. En varios momentos del primer capítulo vemos a los americanos hablar de “monos amarillos” o comentarios similares. Es una forma claramente despectiva de nombrar al enemigo, porque se da por supuesto que es una raza inferior. Esta consigna emergió directamente de la sociedad americana de los cuarenta, el tratar a los japoneses como seres humanos de raza inferior. Esta propaganda no hace falta decir que afectó y espoleó la actitud aliada en el Pacífico.

La muerte, mejor que la derrotaLa muerte, mejor que la derrota

De ahí una escena en la que un soldado japonés, herido y derrotado, desarmado, reta a los americanos blasfemando en un idioma desconocido y misterioso para aquellos soldados y para muchos de nosotros. Desafiante, avanza con el agua hasta la cintura maldiciendo a sus enemigos en un acto de valor suicida. Los americanos reaccionan con burlas y practicando el tiro al pato con aquel desconocido soldado japonés. Para casi todos se trata de una diversión, porque no están jugando con un ser humano igual que ellos, es un japonés, una raza inferior. Pueden hacer con él lo que quieran pues así lo dice el Ejército y prácticamente su mundo conocido. Tiro a tiro, van hiriendo al soldado del Imperio del Sol Naciente, que sigue maldiciendo la suerte de sus camaradas caídos y la suya propia, casi implorando la muerte que borrará de su existencia la mancha de la derrota. Las lágrimas que recorren su faz son heridas en su alma, la sangre que brota de su cuerpo son balas americanas. Finalmente, el soldado Bob Leckie acierta a acabar con la vida del japonés, que por fin cae hundido en las aguas de su Imperio, hallando por fin la paz. Sus compañeros le recriminan por qué ha hecho eso. Se lo estaban pasando bien

En otra escena podemos ver otro rasgo del soldado japonés: una lealtad inquebrantable y un horror inverosímil de la derrota. Una fiereza en el combate casi sobrehumana. Dos americanos descubren a un japonés vivo entre la amalgama de cuerpos caídos y se prestan a ayudarlo. Cuando ya está de pie el soldado japonés arremete contra ellos, gritando Dios sabe qué, pero empuñando en su mano, escondida, una granada de mano que estalla matando y mutilando a los tres hombres. La muerte es mejor que la derrota. La muerte es honorable, la derrota no. Una filosofía vital que costó a Japón miles y miles de vidas de sus mejores hombres. Han pasado muy pocos días desde la invasión y la fuerza de invasión americana comienza a conocer a su enemigo. No será fácil. Sin embargo, la moral de la compañía es alta. En una escena muy significativa de la camaradería de la tropa, los soldados cantan el cumpleaños del soldado Philips, que cumplió los dieciocho años hacía dos semanas. Como regalo dos cosas: una granada y una canción.

  • Cumpleaños Feliz, Cumpleaños Feliz,
  • Cumpleaños Feliz, querido Philips,
  • Cumpleaños Feliz. ¿Cómo de jodido estás ahora?
  • ¿Cómo de jodido estás ahora? (How the fuck are you now?)
  • ¿Cómo de jodido estás ahora?
  • Ahora seguro que estás jodido. (You’re surely fuck now)

Y así acaba el primer capítulo. Estoy seguro que los capítulos siguientes darán el tono real de la serie. El primer contacto no es ni mucho menos decepcionante, aunque deja un regusto extraño. Quizá faltaba algo más. Como hemos dicho, echamos en falta mayor profundidad en el trasfondo bélico que acompaña este inicio de serie y un mayor carisma de los personajes. Aún y así, se trata de una gran serie que en los próximos capítulos alcanzará mejores cotas de intensidad dramática e histórica.


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