Review The Newsroom: The Blackout

The Newsroom prepara la tocata y fuga de su primera temporada con un doble capítulo titulado The Blackout, el apagón. Dos horas de serie en las que se recogen, reúnen y remezclan casi todas las tramas de fondo que hemos ido conociendo a lo largo del verano: la relación entre Will y Mac, convertida en ecuación con la presencia del famoso ex, Brian, al que ahora ponemos cara; la relación, ya convertida hace tiempo en ecuación, entre Maggie, Jim, Don y Lisa; las audiencias, espadas de Damocles sobre la cabeza de Will; el Garganta Profunda de Charlie; etcétera. Dos horas de serie trufados de altibajos, fiel reflejo de lo que ha sido la temporada debut de The Newsroom. ¿Comentamos?

Una de las principales críticas que se le echa en cara a The Newsroom es su falta de verosimilitud: las redacciones de informativos no son así, los periodistas no son asá. Sinceramente, creo que nadie quiere una serie realista al cien por cien: sería aburrida. ¿Os imagináis una serie de médicos fiel a la realidad? “Pase, pase, señora Paca, vamos a ver esas varices”. No, queda mejor que George Clooney sea el médico y que haya una alta concentración de casos extrañísimos y líos amorosos. Lo mismo pasa con cualquier profesión, y el periodismo no iba a ser menos. Los trabajadores del Crónica Universal levantaron más alfombras que la propia policía, de lo contrario no hubieran firmado nueve temporadas. El lastre de The Newsroom no es la verosimilitud; otra cosa es que no sea la serie que muchos queríamos ver, o que no esté al nivel de otras cosas de Sorkin. Y digo esto sin haber visto ninguna serie de Sorkin, pero la lógica me lleva a pensar que The Newsroom tiene que estar por debajo de The West Wing… o Sorkin no sería Sorkin.

Muchos os habéis quejado (y supongo que lo seguiréis haciendo después de esta review) de que la persona que escribe esto no defienda la serie. Parto de la base de que una serie debe ser analizada por alguien que ofrezca su sincera y argumentada mirada sobre ella, no por un fan cegado (ojo: tampoco por un detractor cegado). Entiendo que hay gente que disfruta mucho con The Newsroom, y yo mismo durante este doble capítulo he encontrado escenas que me han hecho quitarme el sombrero… pero la tónica general es de desencanto. Y espero poder explicaros claramente el porqué.

The Blackout pone sobre la mesa un nuevo giro en la vida de la versión 2.0 de News Night. A estas alturas de la película ya todos saben que MacKenzie McHale es la principal responsable del giro que ha dado el informativo en los últimos meses, y es a ella a quien apunta con el dedo Reese Lansing (recordemos, el presidente de Atlantis Cable News e hijo de la CEO de Atlantis World Media) cuando informa de la preocupante caída en picado de la audiencia sufrida por no cubrir el caso Casey Anthony. Pequeño paréntesis: se trata de un caso que llenó hojas y hojas de periódicos, y horas y horas de informativos en Estados Unidos, a un nivel que aquí en España quizá haya que buscar en el crimen de Alcàsser; para más info podéis consultar este artículo de la BBC en español, o la entrada inglesa de la Wikipedia. Con Casey Anthony topa News Night y con Casey Anthony deben empezar a lidiar porque de lo contrario el puesto de Will corre serio peligro. Por si eso fuera poco, a la fiesta se suma un político de apellido Weiner (bendita ironía) al que se le escapan unas fotos comprometidas por Twitter. Tal es la necesidad de amarillismo que Sloan no encuentra hueco para informar de la más importante decisión económica de la Historia de Estados Unidos. ¿De verdad, Mac? ¿De verdad no puedes sacar dos minutos para eso? Venga ya… Ah, por cierto: obviamente, alguien conoce a Casey Anthony de primera mano, en este caso Lisa. ¿Lo dudábais? No me molesta el hecho de que la teoría de los seis grados de separación quede reducida a dos cuando ves esta serie, en realidad me enfurece más que estos periodistas se saquen las castañas del fuego en base a sus excompañeros de instituto o a los amigos de sus hermanos… En fin, cosas mías. (También son cosas mías el hecho de que la audiencia de News Night decida de repente emigrar en masa a orillas pantanosas en busca de Casey Anthony, cuando en teoría ya llevan meses fieles a un estilo de informativos totalmente opuesto)

Vayamos a Will, que fuma tranquilamente en su oficina (¿?) mientras se carea con un tal Brian Brenner, que resulta ser Él. El tío con el que se fugó Mac. En un movimiento cien por cien macavoyano, Will mete al enemigo en casa para que este escriba un reportaje sobre los engranajes de la redacción, lo que se cuece (y cómo se cuece) en News Night. En realidad lo que le interesa es crearse un escudo anti-Leona: ella está usando la revista de cotilleos del grupo para desprestigiarlo, así que él busca sacar a la luz el buen trabajo que están haciendo vía el New York Magazine. La elección de Brenner como redactor solo se alcanza a comprender desde el punto de vista retorcido que Will tiene de, en general, todo. Y, en última instancia, se comprende desde el punto de vista de quien quiere recuperar a Mac. Porque al final es eso…

Ah, Mac… MacKenzie es la perfecta metáfora de lo que está siendo la serie. La primera pincelada que nos dan de ella (y me voy a rescatar la frase del 1×01) es que vuelve a Nueva York después de 26 meses como corresponsal de guerra. Sabiendo eso, la tomo por una profesional con, entre otras cualidades, sangre fría, ya que para sobrevivir a un trabajo así tienes que ser una persona especial; no cualquiera resiste dos años largos sobre el terreno. Con el corazón en la mano: ¿alguien ve capaz a Mac de estar no ya 26 meses sino 26 días en medio de una guerra? Yo no, desde luego. Mac se ha ido caricaturizando con el paso de los capítulos, y ahora apenas es una sombra de lo que prometía. Es un auténtico manojo de nervios capaz de estallar en cualquier momento. De alguna manera, me da la sensación de que ha habido una especie de vasos comunicantes entre ella y Maggie: mientras la primera llegaba para mandar y cambiar el rumbo del programa, la segunda se nos aparecía como arquetipo de la becaria insegura, con muchas lagunas de conocimiento, y víctima de ataques de pánico. Ahora es Mac quien lleva el disfraz de bomba de relojería y Maggie la chica capaz de nombrar idiomas como el acadian o el kiswahili-bantu (aunque confunda el estado de Georgia con el país), pero sobre todo de no ceder ni un milímetro en su decisión amorosa. La joven madura a pasos agigantados, la mayor sufre un Benjamin Button de libro. Y que nadie salga a decir que el rumbo del programa ha cambiado por la visión periodística de MacKenzie: lo ha hecho por la especie de epifanía que tuvo Will y por la calidad de sus redactores, porque desde luego no creo que ninguno aprendiese nada de aquella pantomima que fue la clase magistral 2.0 del 1×02… Si quitáis a Mac de la segunda parte de la temporada, la trama profesional se resiente cero.

Y es que MacKenzie estropea su gran reacción inicial (“No sabía que Él tuviera este timing cómico“, dice cuando se produce el apagón) con una idea de bombero jubilado. ¿Montar un plató en la calle en menos de media tarde? Locura no, lo siguiente. Por no hablar de lo inverosímil (no, inverosímil no, imposible) que es el que una cadena de televisión no cuente con unos generadores lo suficientemente potentes como para emitir sin corriente eléctrica. Puedo aceptar y acepto que Will sea el tipo de persona que para ponerte un ejemplo recurra en exceso a la supremacía mental (no te explicará que quiere ser entrevistado para demostrar el buen trabajo que hace: mencionará a Camelot), y lo acepto porque Will ha sido así durante los nueve capítulos que llevamos; pero la evolución de Mac ni tiene sentido, ni es buena para el personaje.

Acabo rápidamente con lo que no me ha gustado para pasar a lo bueno: no compro ni medio segundo de las tramas de Neal (bravo, un super especialista en informática que usa Explorer para navegar en su casa…), así en general, ni de las reacciones de Sloan en este capítulo. La periodista económica se había redimido en el episodio de Fukushima, dando una imagen más entera y cabal de lo que se empeñan después en enseñar. Desde luego que hay mucho de Mac en Sloan, y aunque en Bullies parecía que rascábamos y surgía una nueva capa, en The Blackout queda claro que no. Ah, y la escena de los pantalones de Will de no consigue hacerme reír. Es burda, muy burda.

Vayamos con lo bueno, que lo hay. Don se me ha revelado como una de las mejores aportaciones de la serie, y en esta ocasión su presentación sobre la competencia explicando los tejemanejes audiovisuales de Nancy Grace ha sido tan interesante como efectiva. Esa escena quizá no aporte muchísimo al desarrollo argumental, y seguro que el episodio podría vivir sin ella, pero para el espectador es muy ilustrativa. Hemos aprendido más sobre una newsroom o redacción con eso que con varias horas de serie. Me gusta que Sloan sea tan cabezona con su jefa, y le dé la lata una y mil veces con su noticia. Eso es mucho más inteligente que arrinconar a Neal contra la pared, desde luego… Pero sin duda lo mejor de todo ha sido el mock debate, el debate falso que se va cociendo durante las dos horas y que desemboca en una curiosa puesta en escena (lo digo por las camisetas que llevan los periodistas) que, por desgracia, no convence a los miembros de la comisión republicana… lo cual es doble desgracia porque echa por tierra toda la bilis tragada al cubrir las noticias de Casey Anthony y Anthony Weiner.

Esa escena pone sobre la mesa la problemática real de las entrevistas y los debates. Por un lado, el político de turno (o cantante, o actor, o lo que sea) necesita exponerse a la luz pública para mantenerse en el candelero, pero por el otro desea profundamente evitar cualquier complicación. Quiere baño y masaje, lo cual deja la labor del periodista a la altura del betún, porque se limita a leer un guión. Sin embargo, a la que aprieta puede perder al entrevistado. ¿Qué hacer? Desde luego, la apuesta de Will es la correcta, y debería serlo también para los políticos: salir airosos de una sesión de McAvoy sería, como dice el propio amigo de Will, una garantía de éxito en las encuestas. Pero ay, los buenos no siempre ganan. Como casi con total seguridad sucedería en la vida real, gana el miedo, y la comisión republicana se retira con la música a otra parte, con el debate a otra cadena.

Con apuestas argumentales de este tipo, aderezadas con el factor romántico (que no es especialmente brillante, pero en realidad tampoco me sobra), creo que The Newsroom ganaría muchos enteros. Cada vez que intenta aproximarse a la comedia o algo ligeramente parecido, fracasa estrepitosamente.

Nota del autor
2.5
Vuestra nota
Review The Newsroom: The Blackout
4 (80%) 2 votes
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »