Review The Newsroom: Run

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La tercera temporada de The Newsroom empezó a la carrera (Boston), centrándose en el ataque bomba que tuvo lugar durante la Maratón de Boston de 2013, y parece que va a seguir corriendo, como sugiere el título del segundo capítulo. Correr está de moda. Aunque como no todo es lo que parece, mejor ver el capítulo antes de comentar más. ¿Primeras impresiones?

Ha sido este un capítulo de diálogos y de principios.

 

Diálogos ágiles, entretenidos, brillantes. Puede que no se hable así en el mundo real, pero ¿y lo divertido que es presenciarlo y lo bien que lo han hecho en Run todos los miembros de la serie sobre un guión excepcional?

A la mayoría de las personas las réplicas ingeniosas se le ocurren o tiempo más tarde-¿quién no ha tenido el momento revelación/rabia de “pues tendría que haberle contestado esto y lo habría dejado callado”?-o directamente, no se le ocurren (¡ojo! a veces es mejor el silencio).

Diálogos de parejas, de tríos, de grupos.

Empezando por Sloan y Don que van camino de convertirse en pareja de clásicos televisivos-¿en serio que The Newsroom no va a volver?- y que han servido de contrapunto a lo dramático. Lo bien que se les da y el potencial que tienen aunque –petición- apetezca verlos en alguna tesitura más seria. En una cita -¿en que medida cita por conveniencia? Las dietas pueden dar mucha hambre y el Don, te has saltado los gofres lo deja claro- a estos dos se les plantea un problema grave. Don ha podido cometer un delito pues siguiendo las recomendaciones de Sloan invirtió (y ganó… ¡que lista es-otra vez- esta chica!) en bolsa. Aprovechando que Rebecca está en la oficina por el asunto de Neal pueden preguntárselo…más cuando está claro que pueden vincularlos porque son-¿lo son?-una PAREJA. Sudores fríos de la morena. La discusión que nadie quiere: la de las etiquetas. La del clásico: y oye, ¿en que punto estamos?¡Seamos amigovios y hagamos felices a los señores de la RAE! Keefer se ha reconocido a sí mismo en Sloan. No hagas aquello que no quieres que te hagan y ha probado de su propia medicina poniéndola a prueba con todas las “situaciones” que vivió con Maggie. Y lógicamente, ella no las ha pasado. En su descargo, reunión con los padres es jugar duro. Pero el miedo a perderlo o la inteligencia emocional que está desarrollando la ha sacado de la tesitura-incómoda escena en el ascensor mediante-y así se lo ha confesado a Don y a un estupefacto McAvoy.

Diálogos cargados de veneno los de Reese con sus hermanastros. Más bien con Blair-soberbia Kat Dennings- porque de su hermano, entre comida y comida, sabemos que alcanza a sumas simples y a poco más. Menos mal que estaba Charlie porque ha caído más de un golpe bajo. Ha demostrado una fidelidad –merecida-por los Lansing hasta la entrada triunfal de Leona. Queda claro que su trabajo le ha costado llegar hasta ahí y que harán falta más de dos niñatos a punto de cumplir los veinticinco y chiquilladas de “papá no te quería” para poder con ella, aunque tenga que rebuscar hasta debajo de las piedras el dinero y así satisfacer ínfulas materialistas.

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Diálogos cargados de normas legales. Como ya he dicho, ha vuelto Rebecca y nunca decepciona: ni profesionalmente –qué manera de recitar normas, madre – dejando bien claro que lo que ha hecho Neal es ESPIONAJE; ni personalmente –la chulería de McAvoy presumiendo de título ella también la supera- con más de una pulla al presentador. Como si Will no tuviese bastante réplica con Mac, otro contrapunto más. Seamos francos, le encanta. Está en su salsa. La prueba está en que va a casarse con alguien que le lleva la contraria por inercia: estos dos no callan ni debajo del agua. Solo durmiendo lo cual no equivale a la rendición para la productora. Realmente más que conversaciones tienen monólogos. Cada loco con su tema. Muy felices. Están hechos el uno para el otro.

Otra pareja que ha tenido un diálogo bastante tenso ha sido la de Hallie y Jim. En twitter prima la inmediatez pero Hallie se ha unido a esa larga lista de personas que habría agradecido un: ¿seguro que desea enviar este twit? Menuda frase contra los republicanos en Internet, en la cuenta oficial de un medio cuya fiabilidad está en cuestión y en una red donde siempre hay alguien mirando. Nadie puede culpar a Charlie por despedirla y aunque el gesto de Jim es caballeroso (muy propio del personaje) sería una locura considerar que podía quedarse. No la han acusado directamente –un genérico “un miembro del equipo”- pero de eso ya se ha ocupado ella en su propia cuenta y tal vez, muy convenientemente. ¿Abandonar el barco por la puerta de atrás? Desde luego, nada que ver esa conversación compartiendo cerveza con la de Sloan y Don en el buffet libre.

Pero ante todo han primado los principios y la ética de la mano de Maggie y Neal. Los secundarios levantando el nivel, otra vez.

La primera se ha encontrado en un vagón medio vacío de camino a la redacción una noticia que haría las delicias de cualquiera del sector. Todo gracias a un deslenguado mediambientalista. Ha hecho lo necesario, valiéndose de la argucia y finalmente ha decidido no emplearlo. Valores. Está loca esta chica. O no. Simplemente es la honradez personificada, ante la mirada estupefacta del perjudicado y de un profesor de derecho de ética. Qué sincronización. El equilibrio del universo le ha regalado acceso a un documento oficial (sin necesidad de hackers) una entrevista exclusiva y hasta una cita. A eso se le llama un buen día.
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Eso sí, llegar a AMC y encontrártela llena de agentes federales no puede considerarse la guinda del pastel. Las consecuencias secundarias de que Neal haya llevado hasta el extremo la ética periodística y haya decidido hacer la llamada confesando cómo ha conseguido esos documentos incriminatorios del Gobierno estadounidense. No hará que otros carguen con su culpa. No revelará su fuente. Pero, ante todo, no dejará que otra muerte penda sobra su conciencia. Ello, aunque le suponga una pena y esta sea bastante más grave de lo que le había dicho Mac (esa amiga a la que no ve desde las Navidades pasadas y que también juega en la liga del off the record federal).

Menos mal, que The Newsroom se basa en un principio que no se recoge en ningún código deontológico pero que todos en el noticiario tienen más que interiorizado. Somos una familia. Puedo pelearme con los Lansing, sí, pero sé que serán justos llegado el caso. Puede que tengamos una gran noticia, pero lo primero es el miembro de mi equipo. Al que he llegado a conocer, a bastarme mirarlo para saber que ha confesado. Del que ya sé su nombre. Will lo ha llevado al extremo y lo ha materializado en un proverbial Run Neal.

Nota del autor
4
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2 comentarios

  1. Anónimo

    Visto el capítulo, es curioso a que referencia el título con “run” (curioso también que se vea en al última escena).

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