Review The Newsroom: Main Justice

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Llegamos al ecuador de la temporada final de The Newsroom y parece que está en su mejor momento. A nivel ritmo y a nivel historia se siente el vértigo de la despedida y más cuando Sorkin declaró recientemente que, tras ella, no volvería a escribir para televisión. Nunca digas nunca, pero, y por si acaso, apreciemos el caramelo hasta el final.

Allá por julio de 2012, cuando The newsroom emitió su piloto, ganándose las críticas de todos y muy especialmente, de los periodistas, el peso del primer capítulo lo llevó Will McAvoy.
El presentador no pudo tener peor entrada. Herido, insolente y en plena espiral de un egocentrismo que lo convertía en un personaje, en principio, insoportable con el que era difícil empatizar pese a que los protagonistas oscuros o conflictivos estaban-y están-de moda en la pequeña pantalla. Sería un genio y sus discursos serían magníficos, pero primaban más las contras que los pros, y eso, en la cabeza visible de una serie que ya nació herida por su propio “hype” supuso un lastre para muchos.

Los que seguimos al pie del cañón, reconociendo fallos pero disfrutando del plantel de ACN, hemos sido testigos a lo largo del tiempo de la redención del personaje.
Pocas veces ha quedado tan claro como a lo largo de Main Justice.
La intervención de los federales en la redacción y todo el asunto de los documentos secretos ha crispado los nervios de muchos, incluso del siempre conciliador Charlie que ha tirado de farol épico y ha contado con la colaboración de casi todos, salvo el propio Will.
Cierto que es una situación excepcional. Un choque de trenes entre dos derechos fundamentales: la libertad de expresión-y el secreto de fuentes y los demás correlativos que esta libertad arrastra consigo-frente al derecho y deber de defensa, que aquí, en Europa, está más desdibujado que en un Estados Unidos que tantas veces peca de patriotismo excesivo.
Cierto que para Will, habiendo sido fiscal, todo el asunto de las leyes, acusaciones, citaciones y límites no resulta tan intimidante como para un lego y le da visión en perspectiva. Puede que sea la perspectiva de la acusación, como la propia Rebecca apuntilla, pero si el Will del pasado, de los primeros episodios, hubiese estado en esta situación tal vez no habría reaccionado tan pausado como actualmente, para asombro de su abogada (conozco a varios abogados que pagarían por una declaración tan bien llevada como la de McAvoy) o de su prometida.
Ha seguido adelante con el noticiario, incluso aunque las cifras de share sigan sin acompañarle y pese a que sus entrevistados no resulten lo que aparenten. Un medioambientalista que dice que vamos a morir todos en menos de lo que canta un gallo no parece la mejor solución para recuperar a la audiencia. Menudo personaje ha encontrado Maggie.

Otra prueba más de que las cosas cambian es que la antigua Maggie nunca habría ni conseguido esa exclusiva y más tiempo en pantalla-aunque tenga que pedir consejo a Jim-para su desarrollo; tampoco se habría tomado con tanta filosofía que las cosas no vayan como las había previsto. El anterior triángulo Don-Jim-Maggie ha derivado en ella siendo la más firme y segura de todos mientras comentan-micros abiertos al margen-entre ellos su evolución. ¿Remordimientos?
Quizás más Jim
, para el que las cosas con Hallie siguen sin marchar. Por muy nobles que sean sus ideas y a pesar de que esté claro que la cláusula del nuevo contrato de la chica sea una provocación al amarillismo-si eso es el nuevo “periodismo”, mejor me bajo- está claro que ha metido la pata. O al menos, se ha equivocado en el momento en el que le ha planteado la cuestión. Con lo fácil que habría sido un Enhorabuena, James (un cliché: ¿quién no ha usado el nombre entero de alguien para denotar enfado?)

Don ya tiene bastante con Sloan y con lidiar con que el nuevo jefe de personal sitúe en el punto de mira su no-relación. Para la próxima, no ser tan eficiente resolviendo líos de faldas entre la plantilla.

Otra cosa que ha cambiado con el tiempo, ha sido la relación con los Lansing. Leona no ha conseguido el dinero. Hasta los ricos tienen sus límites y el suyo ha tocado techo y ACN se ha convertido en un capricho consentido-y sí es cierto que lo han malcriado demasiado-hasta para su divina excentricidad. Al comienzo habríamos dado lo que fuese porque los que parecían los malos desapareciesen, pero en esta escala de grises, se han convertido en fieles aliados.

Seguramente recordaremos más de una vez el clásico refrán de “detrás vendrá, quien bueno me hará”, porque el nuevo jefe promete ser bastante retorcido, a tenor del encuentro con Charlie. Difícil de satisfacer parece la expresión eufemística correcta a la espera de que deje ver (aún) más sus cartas. Eso es algo que no se descubre googleando su nombre, buscando su cuenta twitter o facebook. La falsa realidad de las redes sociales, que diría cualquier chapado a la antigua Jim Harper de este mundo.

Cierto que hay cosas que no cambian ni en un millón de años para bien y/o para mal y ahí está Mac para recordárnoslo. Mackencie ha tenido otro capítulo más para afianzarse en su testarudez y enfrentamientos dialécticos con su (no) ex amiga-invitada de boda federal. Claro que en esa dinámica de investigadora/productora periodística los éxitos nunca son tan suculentos como los de Main Justice. Dos encuentros (a cada cual más peliculero) relacionados con el pobre Neal (o no tan pobre que se ha escapado bien lejos, aparentemente).
La sauna siempre es un escenario perfecto para hablar de negocios para los mafiosos o de fuentes secretas para los espías. Casi tanto como los garajes de rascacielos, imprescindible gabardina. Debate al margen de si se vuelve a tirar de clichés, le ha valido a Mac para conseguir un acuerdo temporal con los federales.
El otro encuentro, en plena gala. Las cosas, en acontecimientos que requieren esmoquin, siempre dan más empaque: ¿y lo bien que quedan todos los protagonistas vestidos de etiqueta? A una solitaria Mac-mujer, ya que te has comprado un vestido, camina y lúcelo-se le ha acercado LA FUENTE. Así, en mayúsculas. Que levante la mano el que no se la imaginaba así. Que la levante también quien haya creído que sería propio de la productora hacer una locura al instante.

Con la segunda duda nos quedamos. Todo se ha frustrado con la citación de Will. Está claro que lo de menoscabar la buena fama del detenido no comulga con la Administración de Justicia de Estados Unidos. Eso sí es una buena carta de presentación al nuevo jefe al que, supuestamente, había que causar buena impresión.

Ah, sí, cierto. Hay otra cosa que no cambia junto a Mac: los discursos y frases lapidarias de su futuro marido. A lo mejor no era un presentador tan importante como se creía. A lo mejor. Seguiremos informando.

Nota del autor
2.5
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5 comentarios

  1. Anónimo

    A mi también me da algo de pena pensar que sólo quedan 6 episodios 🙁
    Por cierto, el canal fictício es ACN, no AMC (la de The Walking Dead). Es fácil liarse con tanta sigla parecida.

  2. sofi

    Definitivamente esta temporada está mejor que la anterior y es una pena que ya sea la última.
    Desde el primer capítulo Will me cayó muy bien, tal vez porque en cierto sentido, me recordaba un poco a House, de quien también soy fan. Un hombre inteligente, con frases lapidarias, un poco déspota y que no se sabía quienes trabajaban con él. Recuerdo el primer capítulo en que al final Will va a agradecerles a sus chicos por el buen trabajo y se equivoca de oficina, porque no sabía, ni le importaba los nombres, ni quienes trabajaban para él.
    También es cierto que de esa época, a la actual, el personaje ha cambiado bastante. Ha evolucionado, pero en su esencia sigue siendo el mismo Will de siempre.
    Veremos si el FBI logra descubrir la fuente, que la verdad no me la imaginaba mujer, (punto para Sorkin), aunque al parecer no lo van a descubrir del equipo de ACN

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