Review The Newsroom: Election night (part 1)

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El final de temporada de The Newsroom, en una doble entrega que se presume apasionante. Ahora que se ha confirmado que la serie volverá para una tercera temporada estos últimos compases tienen que dejar el listón bien alto.

Para lograrlo, el tema estrella y predilecto de Aaron Sorkin: poítica. Pocas noches son más importantes en la sociedad estadounidense como aquellas en las que se elige a un nuevo presidente. Esas veladas son la envidia del mundo. Cubrirlas, el sueño de cualquier periodista. Charlie lo dice bien claro en este episodio, tal vez pecando de patriotismo (una vez más, y van…), pero lo cierto es que todo lo que rodea a la fiesta de la democracia resulta envidiable para los que el pasado noviembre seguimos al minuto la información proveniente de más allá del charco en una de las contiendas electorales más reñidas que se recuerda.

Tal vez, lo ajustado de las cifras, suponga que aumente fácilmente el riesgo de cometer fallos. Pero, pese a ello, no hay margen de error en ACN después de lo ocurrido con Genova. El gran elefante rosa de la redacción que ha derivado en la dimisión de Will, Mac y Charlie y de todos los demás y que Leona es reacia a aceptar. Oposición que llega hasta límites insospechados-pobre Reese Lansing al que “su madre no le deja” y no puede autorizar a los principales miembros del equipo que abandonen el informativo-y que se ve apoyada por una Rebecca que, en gran medida, se está divirtiendo con el caso.

Pero la mandamás y la letrada no son las únicas que aportan la visión optimista. Drama, mucho drama, pero tratado como Sorkin sabe hacerlo. Sin sentimentalismos excesivos y jugando con sus puntos irónicos. Todos tienen sus demonios internos con los que lidiar y por ello, quizás no es la mejor noche para ser el modelo de perfeccionismo. Que se lo digan a Jim y su desliz con las abreviaturas de los estados- ¿Michigan o Mississippi? -que una Maggie más insoportable de lo habitual ha disfrutado remarcando.

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Porque el dúo Maggie y Jim sigue teniendo esos “pequeños problemas” pendientes. Puede que resumirlo a celos sea simplista pero no existe otro motivo para que Margaret lo odie, tal y como ha declarado de manera fría y contundente, en este episodio. Dicen las malas lenguas que cuando alguien quiere superar una ruptura y a un ex, suele cambiar de look. Cortarse y teñirse el pelo puede valer. Ese supuesto odio la ha llevado a aliarse con Taylor que es la invitada republicana en la mesa de debate de las elecciones-compuesta por Will, Sloan y Elliot -y cuya presencia seguro que se debe a Harper en gran medida. La ex responsable de prensa de Rommey decide devolverle el favor al buenazo de Jim – aunque el personaje haya perdido presencia y carácter, quizás desde su relación con Halley, la característica de buenazo sigue siendo omnipresente-regalando una primicia a la primera que ha declarado su animadversión al joven productor.

Primicia que ha derivado en una historia de las gordas y que lleva a preguntarse porqué todos los secretos de Estado- y especialmente los relacionados con el campo militar llegan hasta los oídos de ACN y a suscribir la pregunta que grita Skinner. “What the f…?”

Todo ello debido en gran medida a la ayuda de los contactos de Don. Este personaje mejora cada entrega, y sin duda, a un capítulo del final, es el mejor perfilado de la temporada. Donde otros van dando tumbos, la progresión de Keefer es excepcional. Una gran personalidad y la falta de hipocresía de la que siempre ha presumido tiene consecuencias, no obstante. El viejo amigo Jerry lo ha demandado individualmente por dar malas referencias de él. O, siendo legalistas, por haberlo llamado alto y claro, sociópata. Otra hipoteca para el apartamento que está la vida para ir pagando a embusteros…
Si todos fueran tan legales como Sloan, la vida no necesitaría abogados. Se ha pasado el tiempo más preocupada por saber quien adquirió en subasta la copia del libro con su firma falsa -y acosando a Neal para que lo averigüe-que de los datos provenientes de la aislada sala de análisis de votos. Mención aparte merece Kate Ling. Qué mujer más “adorable” proporcionándole información a Elliot. Suscribo también lo de “televisión en estado puro”.

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Realmente quien lleva peor lo de Génova es Mac. No ha dormido, y aunque en circunstancias normales tampoco lo habría hecho por causa de las elecciones, en esta ocasión lo que le ha quitado el sueño lleva nombre de ciudad italiana. Lo de wikipedia y las burlas de Will al respecto son mera anécdota-queda acreditada la importante lista de gente que estudió en Cambridge, pero Oxford sigue siendo Oxford, se siente, Mac- frente a su máxima obsesión. Ser despedida por Will. Algo que, en principio, el presentador no quiere a pesar de ostentar el privilegio de hacerlo. despedirla supondría colocar a Mac como cabeza de turco de cara a la opinión pública. No es justo, pero cabezota ella, se sale con la suya.

Igualmente, no se ha de pasar por alto que en todo esto subyace la eterna, y no superada, ruptura de la pareja y el hecho de que McAvoy no haya logrado pasar página. Razonable que Mac piense que las consecuencias van a ser peores ahora que ha estropeado la vida profesional de su ex, que desde siempre fue para él mucho más importante que su vida personal. ¿Cómo la va a perdonar?

Will, en este capítulo se muestra impasible, manteniendo la calma, pues ese es el rol que quiere jugar. SIN ESTALLIDOS. Aunque ese cruce de miradas en el último segundo deja claro que lo que se avecina no va a ser tranquilidad, precisamente. Ni en el ámbito informativo, ni en el personal. Seguiremos informando.

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