Review The Newsroom: Bullies

Rezaba la entradilla de la review de Amen (ja-ja…) que hay un método bastante fiable para saber la nota del capítulo de The Newsroom de turno basada en el tiempo que trascurre entre la emisión del episodio y la publicación de la susodicha review. Una teoría que ha durado exactamente una semana: el repaso a Bullies llega nuevamente sobre la campana y en esta ocasión he quedado prendado de la hora que nos ha brindado Sorkin. Bien por Will y Sloan, los dos protagonistas del capítulo, los dos bullies. Bien por Maggie y Jim por darnos un poco de tregua, y bravísimo al señor Charlie porque creo que le ha arrebatado el maillot de Mejor Escena de la Temporada a quienquiera que lo tuviese hasta ahora. 1×06, Bullies, ¿vamos?

The Newsroom ha armado un capítulo muy sólido, quizá el mejor de lo que llevamos de serie, entorno a la figura del bully (el acosador, el matón del cole, el que te robaba el bocadillo), personificado doblemente en Will y en Sloan. Ellos dos han sido los epicentros de la trama, que por otra parte también se ha ido desgranando hábilmente a través de flashbacks narrados por el propio Will en su visita al médico. El presentador se deja caer por la consulta debido a su insomnio… y es normal que lo haga tras los garrafales errores que comete en el cierre del noticiario, justo al principio del capítulo. Errores que son un ejemplo de humor aceptable, alejado de los porrazos contra las puertas. Será que soy muy fan del washing us

A partir de la visita de Will al médico, pues, nos vamos hacia atrás y descubrimos que el presentador de News Night está obligado a llevar escolta (hola, Lonny Church) debido a una amenaza de muerte anónima. Supongo que la trama del escolta tendrá continuidad, porque de momento no ha sido especialmente relevante más allá de la pelea verbal entre protector y protegido… y el momento fan de Sloan tocando pectorales de hierro. Sí es cierto que tirando del hilo vemos que el comentario amenazador proviene de una entrevista en la que Will se excede, proclamándose Lord Bully del Reino. Se trata de un tremendo duelo dialéctico entre McAvoy y Sutton Wall. Wall es negro, homosexual y asesor de un político republicano cuyas ideas no cuadran demasiado con sus opciones vitales. Will se empeña en sacar carnaza y aprieta excesivamente a Wall, que termina por explotar. Me ha gustado que le diese réplica, que no se callase. No ya por las consecuencias que tiene en la trama, sino porque ver al personaje de Jeff Daniels silenciado es bastante noticia…

Sabemos también que la dirección de la cadena, resignada a que su equipo de informativos mire de lado y no de frente a los datos de audiencia, ha decidido incluir al final de News Night un pequeño espacio donde se lean los comentarios anónimos de los telespectadores; Will tiene una reacción muy Will a dichos comentarios: no es pedir que dejen de ser anónimos, sino exigir al comentarista que deje constancia de su nivel de educación. Un poco pedante, ¿no? La amenaza de muerte, ese pequeño terremoto, también desata de rebote el que Charlie quiera saberlo todo sobre Will, intentando así adelantarse a los medios rosas, que atacan de nuevo. Jim y Maggie conducen al equipo de investigación, cómo no, y aunque no sabemos mucho de ellos sí es cierto que nos sirven en bandeja una escena de lo más curioso: Will, MacKenzie y el anillo. ¿Tan orgulloso es Will como para no aceptar que sigue enamorado hasta las trancas de su ex? ¿Es capaz de gastarse una fortuna en el anillo, pero no de dárselo? Total… si ya la tenía ahí delante, ¿qué le costaba sincerarse? Obviamente, el tira y afloja de estos dos va a ser largo y trabajoso, y debo admitir que no me importa en absoluto. Los prefiero separados, creo que tienen mucho más jugo así, al contrario que Jim y Maggie, que debería dejarse ya de tonterías e ir al grano. ¡Si hasta Don lo tiene claro!

La mejor trama del episodio, sin duda, es la de Sloan. Vale, sí, Olivia Munn sigue carente de muchos de los registros expresivos necesarios para dar vida a una persona normal, aunque en este capítulo queda disimulado porque realmente tiene que poner esa cara de tensión y mala leche, y eso le sale bien. Como ya es casi tradición en la serie, el periodista con la exclusiva de turno llega a ella por casualidades del destino (Sloan y Tanaka, el portavoz de TEPCO, son viejos amigos) y no por sus habilidades. En serio, Sorkin, ¿qué problema tienes? Sloan, o girl, acaba armando una gorda en parte espoleada por Will, que la acusa de ser una floja. Es muy, muy grande la escena de su entrevista en antena, perfectamente aderezada con la locura de Don en la sala de realización: “And now we are doing the broadcast in Japanese!” ¡Buenísimo! Y, para coronarlo, la bronca del siglo: Sam Waterston está maravilloso en el papel de Charlie, son ese punto de abuelete entrañable… aunque esta semana se ha dejado el disfraz en casa y hemos visto al ogro Skinner. Muy fan de su entrada, cual gorila de lomo plateado, y muy fan de su salida, aludiendo a la segunda cagada de Sloan, la confusión entre Sarah Bernhardt y Sandra Bernhard. Bravo también por la señorita Sabbith: “Don’t call me girl, sir!

La trama me ha gustado aparte de porque podría estar toda la vida viendo y oyendo a Olivia Munn hablar japonés, porque ha estado bien construida y, sinceramente, me ha parecido realista. Seguramente es muy difícil que algo así suceda al nivel en que juegan estos periodistas de ficción (prime time USA, que se dice pronto), y desde luego no tengo dudas de que una Sloan real se hubiera ido con una patada en el culo en el minuto uno; pero como serie de ficción que es, The Newsroom cuenta con licencias permisibles, y así como otras semanas las he criticado, en esta tengo que decir que me encaja. Incluida la solución final, con esa mentirijilla sobre el nivel de japonés de la periodista (que no creo que cuele, se nota que es casi nativa, ¡cómo va a confundir dos números!). Lo único que me ha patinado ha sido la primera conversación Don-Sloan, cuando él le pide por favor que presente el noticiario. Me ha resultado muy pedante y artificial, esas líneas de diálogo veloces y mordaces pero a veces sencillamente ridículos sin las que Sorkin debería aprender a sobrevivir. Por cierto… en su segunda conversión, cuando Don la pregunta a Sloan si está perdiendo a Maggie, ¿creéis que lo pregunto solo por Maggie, o que hay en él cierto interés en acercarse a la especialista económica? Meditemos…

Buen capítulo para darnos más cancha con Sloan, a la que por cierto no le están dando el toque sexy que se le supone a Olivia Munn, sino que están tirando por un perfil más friki… lo cual es igualmente sexy, pero bueno. Me ha llamado mucho la atención el que Will diga que Sloan es como una hermana pequeña para él; no lo dudo, no dudo que Will pueda tener esos sentimientos, pero desde luego nosotros no tenemos material suficiente para justificarlos. Lo que sea que ha provocado esos lazos, sucede fuera de pantalla.

Antes de cerrar, dos pequeñas quejas y una bonita conclusión. Queja A, que Maggie siga trabajando en una redacción después de ser capaz de pensar sin sonrojarse que los rusos están campando a sus anchas por el estado de la Coca Cola, y de demostrar no ya no saber qué significa LOL, que es muy raro, sino la poca vista que tiene al poner una abreviatura así en un mensaje de pésame. Queja B, que MacKenzie, aparentemente, tenga facilidad para pegarse chicles en el pelo. ¿Qué sentido tiene?

La conclusión es que es aparentemente fácil construir buenos capítulos de The Newsroom. Esta semana hemos necesitado pocos ingredientes para ello, y ni siquiera nos hemos centrado enormemente en los recovecos de una noticia. La diferencia entre la Primavera Árabe de la semana anterior y el Fukushima de esta es que con el caso japonés han sido capaces de integrar muy bien en la trama una parte de la realidad. Sí, los japoneses son así, como Tanaka; sí, las conversaciones off the record existen; y sí, la solución para Sloan es agridulce. En Amen la Primavera Árabe podría haber sido cualquier revuelta popular, y no creo que se tuviera mucho en cuenta sus características a la hora de montar la trama. Y, desde luego, la solución que se le dio fue simplemente una manera de honrar a Rudy. Con Bullies, Mr. Sorkin, sí se puede

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