Review The Killing: Vengeance

“No volveré a entregar una review tarde”. Eso es lo que tenía que copiar 100 veces el señor Rodríguez si acudía impuntual a su cita con la review de The Killing. Pues bien, me ofrezco voluntario a ayudarle con el 50% del trabajo, ya que esta semana me tocaba a mí la faena de enfrentarme al 1×07 y el resultado ha sido el mismo: review sobre la bocina. Podría decir que The Killing es una serie lenta, sosegada, parsimoniosa, que invita a ser escrita los domingos por la tarde, y a lo mejor me creeríais, pero prefiero dejarme de explicaciones y comentar Vengeance, que a este paso me pilla el toro del siguiente capítulo. Y como es mi primera review, aprovecho para lanzar una cuestión que me persigue desde hace días: ¿es The Killing una serie demasiado lenta?

Me gusta The Killing. Por el trabajo del reparto, por los diálogos o por su capacidad para ir perfilando pasito a pasito a los personajes y montando la historia, lo cierto es que AMC ha vuelto a dar en el clavo con una serie bien hecha, aunque en esta ocasión buena parte del mérito sea para Forbrydelsen, que es el nombre de la serie en Dinamarca, donde se emite desde el año 2007. Me gusta The Killing, pero (maldito pero) en apenas diez líneas he dicho ya que es una serie “lenta, parsimoniosa y que va pasito a pasito”. No es el ritmo, desde luego, el único factor que determina la calidad de una serie, pero me pregunto cuántos bostezos habrá generado The Killing desde su piloto hasta la emisión de Vengeance si no contamos los últimos cinco minutos de cada episodio.

De la misma forma que nadie puede negar que The Killing es una serie elaborada, con acabados realmente profesionales, tampoco podemos darle la espalda a la idea de que su fórmula es repetitiva. A saber: cuarenta minutos de desarrollo lento de los personajes y de avance de una trama sobre el asesinato y de tres a cinco minutos con un cliffhanger rompedor que abre la puerta al sendero que tomaremos la semana siguiente. Se agradece que la serie no tenga prisa, señal de que AMC tiene más paciencia que otras cadenas; se agradece que no recurra a elementos clásicos de las series policiales, como la tensión sexual entre sus protagonistas; y se agradece la hábil disposición de sospechosos, que nos llevan a desconfiar de una cara nueva cada semana, algo obligatorio cuando te llamas The Killing y buscas a un asesino. Pero, maldito pero, creo que en ocasiones todo sucede en segunda marcha y agradecería que subiéramos un poquito las revoluciones. Y más ahora que sólo quedan seis episodios. Podemos debatirlo en los comentarios.

¿Mulder y Scully?¿Mulder y Scully?

Vengeance parecía un capítulo perfecto para cambiar esa fórmula a la que hacía referencia. Stan lo tenía en su mano. Lo único que necesitaba era acelerar con su todoterreno y mandar a Bennet al fondo del mar. Ojo por ojo. Al fin y al cabo, el profesor parecía muy sospechoso antes de empezar el episodio, como antes lo habían parecido otros. Y de Stan habíamos descubierto un pasado turbio y salvaje que lo convertía en el verdugo perfecto. Incluso el título del capítulo parecía estar diciéndonos: “atentos, he aquí la venganza”. Pero no. Stan ya no es ese hombre que solía ser. Stan no es el matón con el que Mitch se negaba a dejar a la pequeña Rosie. Ahora es un hombre capaz de esperar a que la justicia actúe, aunque eso signifique desperdiciar la oportunidad de dejar a escapar a un sospechoso del asesinato de su hija. Fantástica la escena inicial, que conecta con la última del capítulo anterior, en la que un padre de familia destrozado está a punto de destrozar la vida a un futuro padre de familia. Lástima que Vengeance haya sido fiel a ese corsé y la historia se haya vuelto a desviar.

Porque si Bennet era el gran sospechoso la semana pasada junto a su mujer, ahora las miradas apuntan a un tal Mohammed, un amigo del profesor con el que estudia el Corán. Mohammed es el único que tiene llaves de casa de los Bennet, en palabras de Amber. La mujer de Ahmed también le ha explicado a Linden que su embarazo no le permite coger peso, por lo que jamás habría podido mover el cuerpo de Rosie Larsen hasta el maletero donde encontró la muerte. Amber es una mujer inestable emocionalmente, pero no la veo capaz de cometer un asesinato, aunque no descarto su complicidad. Lo cierto es que la entrada en juego de Mohammed, un nombre difícil de seguir entre la comunidad musulmana, ha retrasado todavía más la marcha de Linden a Sonoma y ha conducido a los dos detectives hasta la mezquita donde el nuevo sospechoso reza junto a Bennet.

Allí esperaba el Imán Gelabi, el líder religioso de la comunidad, un tipo aparentemente poco dispuesto a hablar con la policía, pero que ha aportado dos pistas que presumo serán esenciales para encontrar al asesino o asesinos: una dirección que se relaciona con Mohammed y con Bennet, los dos grandes sospechosos; y un hachazo verbal a la policía, que ha pasado por alto la desaparición de otra joven, en este caso musulmana. ¿Acaso Rosie no es la única jovencita asesinada? ¿Estamos ante un caso de mayor envergadura? ¿Ha guiado el Imán a Linden y Holder a una pista que tiene que ver con Rosie o con el de esta otra joven? Como hemos visto al final del episodio, los dos detectives han encontrado algo sorprendente justo cuando el FBI ha entrado como un elefante en una cacharrería para dejarnos con las ganas de saber qué es. La semana que viene, o sea hoy (ahora sí agradezco mi impuntualidad), saldremos de dudas. No me gustaría que la el caso Rosie Larsen formara parte de algo mayor, de asuntos de terrorismo o similares, pero la entrada del FBI invita a sospechar que el asesinato de la hija mayor de los Larsen forma parte de una investigación de gran envergadura. Y más si tenemos en cuenta el enorme escuadrón que se presenta en ese tétrico escenario del final de Vengeance.

¿Qué está pasando aquí?¿Qué está pasando aquí?

La campaña de Richmond, por su parte, sigue viajando paralela al caso Rosie Larsen. La implicación de Bennet ha ensuciado al aspirante, que podría haber perdido todas su opciones electorales después de este capítulo. Darren se ha negado a crucificar públicamente a Ahmed, factor que ha aprovechado su enemigo político para hacer leña del árbol caído. Personalmente, no compro la moto que me está vendiendo The Killing del político solidario y de buen corazón. Será porque desconfío por sistema de los que dirigen el sistema o porque la trama política me parece metida con calzador en esta serie, lo cierto es que cada vez que enfocan al trío de protagonistas de esta historia, estoy deseando volver a ver la fascinante inexpresividad de Sarah Linden. En Vengeance hemos aprendido que Darren no sólo echa de menos a su mujer, sino que se culpa de su asesinato a manos de un irresponsable conductor. Todo habría sido más sencillo si desde el minuto uno, Richmond se hubiera desmarcado de los Seattle Allstars, así que si no lo ha hecho jugándose la campaña y la reputación, sólo puedo pensar que está implicado en el asesinato de alguna manera.

La trama política, así como el romance telefónico de Linden son los temas que menos me preocupan de The Killing. De hecho, estoy deseando que Sarah deje a Rick y se centre en el caso. Eso es lo que hizo en anteriores ocasiones, como nos repiten una y otra vez en cada capítulo. Ha quedado claro que Linden está dispuesta a sacrificar su relación por el trabajo, así que es cuestión de tiempo que haga o reciba la llamada definitiva que ponga punto y final a una historia en Sonoma que parece mucho menos apasionante que la que está teniendo lugar en Seattle. Además, mucho tendrá que trabajar para devolverle los 50 millones de dólares que le debe a su hijo, al que hemos empezado a conocer fuera de ese deprimente barco en el que come y duerme. Sarah, esa no es vida para un niño.

Cierro este repaso a Vengeance recomendando que os déis un paseo por Suspect Tracker, una web de AMC dedicada a encontrar al asesino de Rosie Larsen y en el que Belko Royce, el amigo de Stan, es el principal sospechoso. En las últimas semanas han crecido las dudas alrededor de Terry, la inestable hermana de Mitch. Sin duda, esa mujer esconde algo. La madre de Rosie es la protagonista del final del episodio, ya que el título del mismo hacía referencia a ella y no a su marido. Parece que Mitch sí ha cogido la mano que le ha tendido Belko, por lo que es cuestión de tiempo que Bennet vuelva a estar en apuros. Es el tercer capítulo consecutivo dedicado al profesor, principal hilo del que hay que tirar para desentramar un asesinato que podría ser un fenómeno aislado o, como decíamos, formar parte de una trama mucho más grande. Seguiremos investigando.


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