Review The Killing: Undertow

Review The Killing: Undertow

Decía en la prereview que el título de este 1×09 de The Killing era, traducido, resaca, pero en el sentido marítimo del término. Es decir, según la RAE, “movimiento en retroceso de las olas después que han llegado a la orilla”. La resaca es esa cosa con tan mala leche que no te deja salir del agua, y que te lleva mar adentro. Es puñetera. Es sinónimo de problemas. En Undertow hemos visto problemas, y hemos visto cómo después de que la marea policial se haya retirado de Bennet (porque al final el profesor se ha quitado de encima el cartel de máximo sospechoso), ese retroceso lo ha cargado el diablo. O mejor dicho, Stan Larsen. Como ya viene siendo tradición, la serie nos brinda un capítulo calmoso que acelera al final, habitualmente al ritmo de esa musiquilla que para mí ya es magia pura.

Abría la prereview también con una mención a la Biblia de The Killing, el Suspect Tracker de la AMC:

Me sorprende realmente consultar el Suspect Tracker de la AMC y comprobar que el enemigo público número uno es… bueno, no digo nada, porque pensándolo bien esto podría considerarse spoiler de lo que sucede en este 1×09. Sólo os diré que el primer sospechoso suma un 40% de los votos, y que el segundo está a un mundo (11%).

Y así siguen las cifras, con Belko claramente en cabeza. Sí, Belko. El ayudante de Stan sube muchos enteros básicamente por dos motivos: uno, que Bennet está prácticamente limpio (y digo prácticamente porque en estos casos es mejor no mojarse del todo); dos, que su reacción cuando Stan está apaleando al profesor es digna de estudio. Luego iremos a eso. De momento empecemos por el principio. Los primeros compases del episodio nos muestran a un Bennet completamente cercado. Su conversación con Mohammed despierta incluso las sospechas de su mujer, que se arma de valor para acudir a comisaría. Mientras, Linden y Holder buscan y rebuscan la manera para legalizar su pinchazo telefónico. Realmente Holder es una caja de sorpresas: parece casi más un delincuente que lo contrario, pero no es la primera vez que le vemos sacar un as de la manga, y de los buenos. Lástima, eso sí, que esta vez el invento no ha funcionado y el juez no ha querido poner su firma. Por cierto… ¿solo yo pensaba que el buen hombre se iba a morir en la cinta justo antes de estampar su rúbrica? Llamadme cenizo, pero en serio que lo veía sufriendo mucho…

Sin firma y con Oakes jurando en hebreo, a la pareja de detectives se les pone un poco cuesta arriba el caso, pero en estas llega Amber. Sí, la embarazadísima Amber. Con todo el dolor del mundo, aunque con toda la desconfianza y el sentido del deber también, la mujer de Bennet cuenta lo que sabe: que hay algo raro entre su marido y el tal Mohammed. Un número de móvil, una visita al mercado, una treta de Sarah, un par de carreras (persecución muy cutre, ¿no?) y el misterioso Mohammed ya tiene cara. Sin embargo, una vez más en este serie, las cosas no son lo que parecen y tooooooda la acusación se va al traste. Lo que estaban tramando los sospechosos de asesinar a Rosie era más bien una obra de caridad. Es decir, no solo no habían hecho nada malo, sino que estaban a punto de hacer algo muy bueno. Una salida no del todo creíble, porque de ser así las cosas Bennet ha demostrado tener poca picardía. Si sabes que la poli anda detrás de ti, ¿crees que es buena idea mantener en secreto lo que no deja de ser un secuestro? Claro que, por otra parte, él está muy tranquilo, sabedor de su inocencia, y debe mantenerse firme si quiere que no se destape lo de la niña somalí. De ahí su órdago a la escuela. Ahora cobran todo el sentido sus contradicciones en los primeros capítulos, y todo el rollo que contaba el espía del telescopio sobre dos personas sacando un cuerpo, etc. En realidad, lo que ha tenido Bennet es la maldita mala suerte de que Rosie escogiera esa noche para devolverle los libros

La gran pregunta alrededor del profesor es ahora… ¿sigue vivo? La paliza ha sido de campeonato. No me atrevo a pronosticar nada, porque por un lado creo que la serie ganaría un punto si Stan se viera en serios problemas (no me imagino la cara de Linden al enterarse del pastel), pero por otro no quiero que dejen de lado la trama de Bennet y Amber. Ah, y a todo esto… ¿Bennet solo tiene 29 años? Le echaba varios más…

La que has liado...La que has liado…

Y ahora, ¿qué? Pues nada, casi que volvemos a empezar, como quien dice… Solo hay una pequeña luz en el camino: Adela. Adela, viernes, 11.45, dice la nota manuscrita por Rosie. ¿Es Adela una persona o un lugar? Más bien un lugar, algún sitio donde ella quedó con alguien. ¿Donde estaba la nota? No son los libros que Terry devuelve a casa de los Larsen, ¿verdad? Porque esos los lleva Mitch en la mano justo en la escena anterior a que veamos la nota, y Mitch pasa por la comisaría después de que Sarah descubra la nota. El caso es que Adela es la única pista a la que aferrarse, el resto es volver atrás: el coche, la escuela, etc.

Ahora sí, vamos a Belko. Belko tiene un problema con la violencia, está muy claro. Esos puñetazos a la roca mientras están destroza a Bennet son síntoma de algo incontrolable. ¿Puede haber sido él el asesino? La verdad, no me cuadra. Tal y como se han ido desarrollando las cosas creo que el culpable es alguien con quien Rosie conectaba mucho, alguien ajeno a su entorno. Ir a Belko nos llevaría a una especie de crimen pasional, a un te mato porque no me haces caso, y no creo (o no quiero) que los tiros vayan por ahí. Repasando cabos sueltos, tenemos aún sin mucha explicación la tensión entre Terry y el padre de Jasper. No sé si de ahí saldrá algo decente…

La trama política sigue su existencia paralela. Hemos visto que al alcalde no se le torea tan fácilmente, y que es capaz de sacarse de la manga una vasectomía si hace falta para defender su honor (y su mentira). Richmond ha patinado con su intento de ser malo, y ahora regresa a la buena senda para intentar recuperar la distancia perdida. Eso, en Estados Unidos, parece que solo se puede hacer de una manera: con dinero. Ni corto ni perezoso, Darren se va a ver al ricachón Drexler y le pide cinco milloncejos. Ahí es nada… Lo mejor es que su mecenas no le dice que no; le reta a meter un tiro a canasta. Madre mía, si yo pudiera repartir millones de dólares con tanta ligereza… A juzgar por la presencia de la pelota en su mesa, Richmond ha encestado. Con el dinero ganará el voto somalí, lo cual no es ninguna tontería: según la Wikipedia, hay 608.660 habitantes en Seattle, y 30.000 son de esa nacionalidad. Es un buen pellizco. Me ha hecho gracia que Gwen, la amante Gwen, insista en sacar a flote el tema de la mujer fallecida de Richmond. Sinceramente, me la humaniza un poco, nunca me ha parecido trigo limpio… Por otro lado, seguimos en las mismas: la trama política te puede gustar más o menos, pero sigue apareciendo muy en paralelo al resto.

Los Larsen, la trama familiar, en cambio, se cruza más con la de la investigación. Dentro del top de escenas del capítulo incluyo sin duda esa en que Mitch, o una especie de Gollum que lleva dentro, le escupe a Stan toda su ira, no me queda muy claro si culpándolo a él, a los policías, o a todos juntos. Probablemente esto último. Mitch era, claramente, una bomba de relojería lista para detonarse, y finalmente lo que ha hecho es prender la llama de Stan. Las consecuencias las veremos mañana

De este capítulo me quedo también con otras dos escenas: una, la de papá Larsen en plan protector con la niña que pide su bici. Muy normal todo, aunque algunos pensáramos que Stan podía derrumbarse. Y dos, el momento en que la clase de Bennet deserta en bloque. Tremendas las miradas de los alumnos, una especie de El club de los poetas muertos pero al revés. Y tremendo el movimento de cámara, dejando para el final el bombazo de Killer

Uf...Uf…

Me gusta The Killing, esta serie en la que nunca para de llover. Empiezo a asumir el tempo de sus capítulos y a calibrar el ritmo; ahora hemos dado un paso atrás y solo nos quedan cuatro adelante, porque la finale está a la vuelta de la esquina.


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