Review The Killing: The Jungle / That You Fear the Most

The Killing miró el pasado verano directamente a los ojos de la muerte y le dijo: not today. Y eso que la muerte, vestida con una camiseta que ponía AMC en el pecho, ya había dejado caer la guadaña sobre la cabeza de Veena Sud. Será eso, o espero que sea eso, lo que habrá abierto los ojos a la renacida The Killing, que al final huyó del patíbulo para entregarnos una tercera temporada en la que debe haber aprendido la lección: casos de una sola temporada y no más red herrings, o sea, no más pistas falsas metidas con calzador con el único objetivo de confundir a la audiencia. Por favor. ¿Lo conseguiremos este año?

  • Episodio 3×01 y 3×02: The Jungle / That You Fear the Most
  • Fecha de emisión: 2 de junio

Es una lástima lo de The Killing. Es una lástima su pasado, esas dos temporadas anteriores que no podemos eliminar de nuestra memoria aunque lo intentemos con mucha fuerza, como cuando Hiro Nakamura se concentraba para parar el tiempo. En esas dos temporadas siguiendo al asesino de Rosie Larsen hubo momentos muy buenos, pero la sensación que me quedó a mi es que se multiplicaron las pistas falsas y redundantes sólo por el hecho de que la primera temporada había funcionado tan bien, que no se podía renunciar a una segunda. Tan justo me parece recordar esos errores como destacar el enoooorme trabajo de la serie en la construcción de los personajes principales y en la creación de una atmósfera adecuada para una ficción policial. De verdad, no creo que exista mejor ciudad que Vancouver (donde se rueda la serie) para desarrollar las tramas que plantea The Killing.

Buenas noticias: esos puntos fuertes se mantienen esta temporada. Y ahora me viene a la cabeza la escena final del episodio That You Fear the Most, en la que Linden se adentra en un bosque con una niebla densa, en la que tiene que caminar a tientas, y que acaba en una terrorífica ciénaga a la que no iría solo ni aunque me dijeran que allí me está esperando Scarlett Johansson. Y encima llueve. Y parece que es de noche, aunque en realidad seguro que son las 12 de la mañana… pero da igual, porque en Seattle/Vancouver se dan siempre las condiciones ambientales para que un asesino en serie lleve a cabo sus crímenes. Me fascinan los exteriores de The Killing. Son acojonantes. En fin, a lo que vamos…

Doble episodio para poner en marcha una temporada que será distinta a la anterior conceptualmente. Ya no jugaremos al Cluedo intentando encontrar el candelabro con el que mayordomo mató a la señora Larsen en la cocina, sino que iremos detrás de un asesino serie que tiene la entrañable afición de matar a menores prostitutas y homeless rajándoles el cuello de oreja a oreja. Lo de que no tengan hogar no es baladí, ya que las jovencitas se suben a cualquier coche con tal de no dormir en la calle. También es deciviso que no tengan contacto con sus familias, o que directamente no tengan familias, ya que la investigación se complica por todas partes. Es un cambio de juego importante porque aparentemente la investigación será mucho menos tranquila que la del año pasado. Habrá carreras y seguro que alguna persecución en coche, siempre las hay. Y otro dato trascendental: el asesino de las prostitutas tiene un modus operandi que recuerda al de un caso antiguo que acabó con un sospechoso entre rejas (ahora hablamos de Ray Seward), con Sarah Linden en un psiquiátrico y con un niño dibujante sin madre ni padre. La relación entre ambos casos es la chispa que enciende el alma policial de Linden, que estaba en un obligado retiro espiritual tras su obsesión con el tema Rosie Larsen. Dando por sentado que los dos casos tienen relación, es de suponer que la estructura de la temporada será menos lineal que la de años anteriores. No descarto incluso algún que otro flashback. Funcione o no, eso ya lo veremos, The Killing ha dado un necesario paso al lado.

Un año ha pasado desde los últimos acontecimientos de la segunda temporada. Un año en que han cambiado muchas cosas, como la situación de Linden que antes comentábamos o como el vestuario de Holder, que ya no viste como si fuera un alcohólico en rehabilitación porque se ha pasado a los trajes. Suit up, Holder! Y le sienta bien, no sólo porque el magnético Joel Kinnaman haya ganado 10 kilos de músculo, sino porque le da un aspecto de policía serio y profesional, que es lo que es… aunque su vocabulario siga siendo el de siempre. Aún fuma, como también lo hace Linden, y ha pasado el suficiente tiempo como para que se mientan entre ellos sobre el tema. O sea, la relación se ha enfriado, pero no tardará en volver a calentarse por culpa de la investigación y por el bien de la serie, que no renunciará a la enorme química entre Kinnaman y Mireille Enos. Más cosas han cambiado: Jack ya no vive con Sarah, que después de ganar el premio de peor madre del año decidió mandarlo con su padre a Chicago. Curiosamente, al chico se le va más sonriente, menos desnutrido. Otro acierto de la tercera temporada, porque al fin y al cabo Jack no tenía tramas propias y sólo era un lastre para Sarah y para su trabajo policial. ¿Más cambios? Linden y Holder tienen pareja. Bueno, al menos Linden la tenía al empezar el capítulo, pero ya sabemos que la señora inestable no es muy buena manteniendo cerca a la gente que quiere. Holder también está con una chica y ya ha empezado a dejar el cepillo de dientes en su casa, dato inequívoco de que la relación va en serio.

Recapitulamos. Tenemos un asesino en serie que se carga prostitutas jovencitas y sin hogar. Tenemos a Linden fuera de la policía, pero dentro del caso por voluntad propia y por conexiones entre los asesinatos y un antiguo caso aparentemente resuelto. Y tenemos a Holder liderando la investigación con un nuevo compañero que es mucho más divertido que Linden, que no lleva sus horribles jerseys de lana y que le garantiza una vida más tranquila. Eso sí, tiene más ganas de tomarse unas cañas en el bar que de resolver cualquier asunto. Y eso choca con Holder, que sólo es capaz de renunciar a una cañas por un caso que suponga un verdadero desafío. Por eso Holder se “olvida” los papeles de la investigación en casa de Linden, para picarla y meterla en el juego. Holder quiere ser el copiloto de Linden y Sarah se muere de ganas por recuperar su placa. O al menos, de acceder a información policial que le permita enfrentarse en condiciones al caso. Así están las cosas en Seattle cuando acaban los dos primeros capítulos. Así de bien, diría.

Las conexiones entre el nuevo cadáver y los cadáveres que llevaron a Ray Seward al corredor de la muerte son destacables. No para determinar que Ray es inocente, pero sí para reabrir la investigación. Se da la circunstancia de que Seward acaba de poner fecha a su último día en el mundo y que no parece que vaya a colaborar con la policía para cambiar su condena. Ni idea de por qué. Igual está hasta las narices del sistema, que lo ha condenado injustamente. O igual es que sí, que mató a su mujer y que ahora le ha salido un doble. En cualquier caso, intuyo que el danés Peter Sarsgaard nos ofrecerá una gran actuación de este convicto con cara de psicópata y mente retorcida, que personalmente me ha recordado a Hannibal Lecter. Esa voz rasgada a dos decibelios de potencia es un punto en contra para que algún día lo veamos como inocente, pero es un puntazo a favor de su concepción como villano. Porque sí, Ray parece inocente, pero sólo hasta que decide violentarse con ese cura que venía a darle la paliza sobre el sentido de la vida y no sé qué más historias. También intuyo que el señor Seward irá cambiando de la columna de los inocentes a la de los culpables, y viceversa, durante el resto de la temporada. Depende de cómo se lleve a cabo este juego puede que sea fascinante y sorprendente o predecible y manipulado. Y aquí sí, el pasado juega en contra de la serie.

Dejamos a Ray en la cárcel para adentrarnos en los suburbios de Seattle, donde se sacan cuatro perras las jóvenes prostitutas que serán las víctimas de la temporada. Por norma, no me gustan los adolescentes. Mucho menos, los que aparecen en series, porque se les suelen caer los tópicos de los bolsillos. Pero es evidente que no estamos ante adolescentes al uso, sino jóvenes madurados a base de golpes con una mochila de problemas y un futuro desalentador. Entre ellas está Kallie, la chica que desaparece en el primer episodio y que es el fiel reflejo de la situación de su entorno: no tiene ni un duro, no tiene oportunidades de mejorar y el único familiar que le podría prestar ayuda, en este caso su madre, es exactamente igual que ella… pero con 20 años más. La historia de la madre que pierde a su hija ya la vimos el año pasado, pero la intuición me dice que ni Kallie es tan misteriosa como Rosie Larsen, ni Danette se va a preocupar tanto por encontrarla como Mitch hizo en su día. Me interesa más lo que pueda hacer Bullett, la adolescente que comparte confidencias con Kallie y que acaba el capítulo con una escena que también refleja su cruda realidad. Lyric y Twitch, la pareja de adolescentes en la que ella trabaja para cumplir los estúpidos sueños de él, completan el reparto de novedades para esta temporada. Miento: también debuta el actor Aaron Douglas como uno de los guardias de la prisión. Más allá de lo que pueda aportar a la trama, que creo que será bastante, pongo sobre la mesa un tema que empieza a preocuparme: Douglas (Chief Tyrol) es el tercer miembro de Battlestar Galactica que llega a Seattle después de Callum Keith Rennie (Leoben Conoy) y Tahmoh Penikett (Helo). Un día, Veena Sud se quitará la máscara y le veremos la sonrisa a Ronald D. Moore…

En un papel más secundario, por lo que parece, estará el detective con el que Linden solía trabajar en el pasado y que mandó a Ray Seward a la cárcel. Mola que Ray lo haya llamado para invitarlo a su particular ejecución (¡colgado!), pero mola mucho más que tuviera un rollete con Linden que casi acaba con su matrimonio. Cierro con dos detalles: la señora del motel que no quiere colaborar con Holder es la actriz Grace Zabriskie, popularmente conocida por ser la madre de Laura Palmer en Twin Peaks, la serie con la que más se ha relacionado a The Killing. Y un aplauso bien grande por la escena de Linden y la vaca. En una granja abandonada llena de cadáveres y barro, Linden se da cuenta de que esa vaca moribunda necesita urgentemente cambiar su situación. Entonces se apunta a la cabeza y se pega un tiro. Porque es ella la que debe salir del barro y recuperar su mejor versión. Buen comienzo de temporada. No nos falles, The Killing.


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30 comentarios

  1. Danny Rubio

    Hay que destacar el cameo de Jewel State como novia de Holder y ese detalle friky que dice del tatuaje (Un homenaje a la nave de Firefly, serie en la que actuaba ella).

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