Review The Killing: Stonewalled

Un lector ligeramente indignado reclamaba más justicia con The Killing en Todoseries, ya que las reviews siempre llegan demasiado tarde. Más justicia para el estreno del año, remarcaba. Y tiene toda la razón en la parte de que llegamos tarde, ya que sólo encontramos acomodo para The Killing los domingos, que es el día de emisión del siguiente episodio. Pedimos disculpas. Lo que no tengo tan claro es que The Killing sea el estreno del año. Personalmente, me siguen faltando argumentos durante más de medio capítulo, sea en el ritmo o sea en la historia, para considerarla la mejor serie que me he echado a la boca en los últimos meses. En lo que no dudo ni un segundo es que Stonewalled es de lo mejorcito que nos ha ofrecido The Killing hasta la fecha. ¿Lo comentamos?

Es curioso. La semana pasada le reclamaba más ritmo a The Killing y ésta, que nos ha ofrecido su enésimo episodio pausado, digo que me ha encantado. También es llamativo que exigiera más avances en la trama del caso Rosie Larsen y en el único capítulo que apenas hemos avanzado, al menos hacia delante, sea el que más enganchado me he quedado a la pantalla. A lo mejor es que Stonewalled ha sabido construir una magnífica tensión en la complicada relación Holder-Linden; o que hemos cambiado la tendencia perdedora de la campaña de Richmond. A lo mejor es que el problema no estaba en el ritmo, que sí es cierto que a veces peca de lento, sino en nuestra relación con los personajes. Una vez habíamos perfilado cómo era cada uno (Linden, seria y obstinada; Holder, oscuro; Mitch, destrozada; Richmond, débil y herido) sus reacciones nos parecían más o menos previsibles. Finalmente, al octavo capítulo, aunque la trama alrededor de Rosie apenas haya avanzado, hemos podido conocer diferentes caras de los protagonistas. Ahí reside en mi opinión el éxito de Stonewalled.

Y eso que Linden sigue siendo un libro cerrado. Sigue obsesionada con el caso, que durante unas horas se le ha ido completamente de las manos. Y sigue priorizando su trabajo a su familia, como se ha encargado de recordarle su hijo Jack. En su caso, casi me da igual que sea previsible, porque podría pasarme horas y horas mirando la cara de Mireille Enos, que no me aburriría. Cuando hablaba de la escasa profundidad de los personajes, que quede claro, no quería manchar el trabajo de los actores, que sí me parece impecable. Lo cierto es que Mireille Enos se vuelve a comer el capítulo, sólo que en este caso, a diferencia de los siete anteriores, Sarah Linden es la gran perdedora.

Pierde ante el FBI, antes que nada. Su obsesión por el caso, perdonad que vuelva a insistir, queda reflejada en la primera escena. En el suelo, con la rodilla de un federal en la cabeza y gritos a su alrededor, Linden observa la habitación para encontrar pruebas. No le basta, así que se salta la cadena de mando y consigue fotografiar una prenda de ropa de Rosie, que seguro será decisiva para que la pareja protagonista siga investigando la semana que viene (o sea, hoy). No me gusta que el caso Rosie Larsen, el de una joven asesinada posiblemente por su profesor, forme parte de una acción terrorista a gran escala en la que hay islámicos radicales involucrados. Demasiado americano y demasiado tópico para una serie tan trabajada, pero no lo voy a criticar, me voy a dejar llevar por la grandeza de Stonewalled. En esa habitación del pánico estuvo Rosie junto a otras chicas. ¿Cómo llegó la mayor de los Larsen hasta ese lugar? ¿Para qué usan a las jóvenes? ¿Existe relación entre Rosie Larsen y la chica islámica que policía y prensa habían pasado por alto? ¿Es Ahmed una de las piezas de un puzzle, como hemos visto al final de Stonewalled? Buen título, por cierto, no sólo porque signifique poner trabas, en este caso a la investigación, sino porque el episodio se puede plantear como un enorme muro de piedra que se ha creado frente a Sarah Linden y que cada vez se ha ido haciendo más alto. El FBI, Jack, Oakes, Holder…

Una pista para seguir adelanteUna pista para seguir adelante

Porque no sólo el FBI ha torpedeado la investigación. Linden también pierde ante el enemigo que tiene en casa. Se llama Jack, es adolescente y medio huérfano. El pobre niño, viendo que su madre le hace más caso a una chica muerta que a él, ha decidido llamar su atención enviando las fotos del caso a sus contactos. Y de ahí, claro, a la prensa, especialista en comer carroña. ¿Qué interés público tiene mostrar a la ciudadanía las fotos de Rosie Larsen destrozada? Ninguno, pero el periodista siempre es un señor (o una señora, en este caso) sin escrúpulos capaz de todo por la audiencia. Mitch estaba ante el televisor en el momento equivocado y ha visto las imágenes. Un golpe durísimo que poco ha tardado en prolongarlo hacia Sarah Linden, que esta semana ha pillado por todas partes. Claro que, por el camino, casi acaba con la vida de sus hijos, que se han quedado en el coche con el motor encendido.

Esta escena ha sido determinante para que Stan, que está tirando de las riendas de la familia como puede, haya decidido retirar todas las pertenencias de Rosie de su habitación con el objetivo de seguir adelante. A Mitch no le ha hecho ni pizca de gracia. Y ha vuelto a colocarlas con lágrimas en los ojos porque es incapaz de dejar atrás esta historia, al menos hasta que encuentren al asesino. Salvando el caso que da pie a la serie, The Killing ha tratado con mucho cariño a los Larsen. De ellos sabemos que eran un matrimonio de clase media, con un negocio propio con aspiraciones y sin demasiados problemas que ahora hace aguas. Y las fugas no han llegado de la parte más débil, porque todos intuíamos que Stan haría honor a su pasado de chico malo, sino de la parte más recta, Mitch, que se ha torcido hasta poner en peligro su matrimonio. Fantástica una vez más, por cierto, la señora Michelle Forbes.

La mayor derrota de Linden, sin embargo, ha llegado en la historia de su compañero. Sarah, como muchos de nosotros, soespchábamos de Holder por sus extraños métodos de proceder en la investigación, pero también por esas escenas perfectamente encajadas en las que alguien, supuestamente un mal jugador de blackjack, le entregaba buenas cantidades de dinero. Holder no tiene un problema con el juego. Ni con las drogas. Ya no. Como ha comprobado Linden en primera persona, Holder lleva seis meses limpio. Y tan duro como escuchar la historia de la moneda de oro ha sido ver a Linden con su cara de soy una maldita desconfiada. Lo es. Pero esta confesión involuntaria de Holder ayudará a tender puentes en la relación entre ambos. No creo, ni espero, que sean uña y carne, porque más bien son la noche y el día, pero sí deseo que trabajen codo con codo para que la investigación avance. La escena final entre ambos invita a pensar que ya hemos abierto esa puerta, la de la confianza.

¿Ha nacido una amistad?¿Ha nacido una amistad?

Otro que ha abierto una puerta, pero sin retorno, es el aspirante Darren Richmond. Y digo aspirante, como en el boxeo, porque la campaña se ha convertido en un intercambio de golpes. Adams mandó un derechazo que envió a la lona a Darren cuando explicó la vinculación entre Ahmed, su rival político y el asesinato de Rosie Larsen. Y Darren ha contestado mandando a la prensa un lío de faldas del Mayor que manchará su reputación y equilibrará la balanza. Boxeador a la lona. Los dos han besado el suelo del ring, pero Adams parece que mantiene cierta ventaja sobre Richmond. Veremos cómo encajan uno y otro esta guerra sucia tan interesante y tan típica de la política. Celebro que Richmond se haya arremangado y haya borrado esa expresión de niño pijo perfecto de su rostro.

Todavía me queda por comentar una última derrota de Sarah. Con Rick, su futuro marido y ex novio a la vez. Como sabéis, Sarah debía viajar a Sonoma en el episodio piloto. Han pasado ocho capítulos, con sus ocho días y ocho noches, y Sarah sigue en Seattle detrás del asesino de Rosie Larsen. Rick no le coge el teléfono, y no precisamente porque esté muy liado organizando la boda. Es más, en uno de los intentos por contactar ha respondido la secretaria de Rick, en lo que sólo puede ser una pista de que el hombre se ha cansado de esperar. Y no me extraña. Qué mal lo ha hecho Sarah… Menos mal que Holder ha encontrado un clavo ardiendo al que agarrarse, con esa escucha en las conversaciones telefónicas de Ahmed, porque sino el panorama de los dos detectives pintaba desolador. Por cierto, la mujer de Ahmed estaba al tanto de lo que decía su marido, por lo que se me antoja bastante decisiva para que la investigación avance.

Ahmed, ¡cazado!Ahmed, ¡cazado!

Voy cerrando. Cuando hablaba de lentitud en el ritmo en el episodio anterior, me refería a que la investigación estaba bastante parada, pero también a que los personajes nos eran demasiado desconocidos. No podemos olvidar que la serie juega a encontrar a una asesino. Y hoy por hoy no estamos mucho más cerca de la meta que el primer día. No me preocupaba demasiado la situación del caso Rosie Larsen, pero sí el hecho de no rellenar los espacios en blanco del pasado de los personajes. Sabía que Holder escondía algo, pero hasta el octavo episodio no hemos descubierto qué es. Sabíamos que Richmond estaba perdiendo la campaña con su actitud de personaje de Disney, pero hasta Stonewalled no ha pasado a la acción. Sabíamos que Linden era obsesiva con su trabajo, pero hasta este episodio no hemos visto cómo afecta realmente esa fijación a su entorno. Si estamos jugando al Cluedo, insisto, creo que necesitamos saber más de los personajes. Porque con sólo cinco episodios por delante podrían contarnos que este o aquel son los asesinos y nos lo tendríamos que creer, básicamente porque no los conocemos. Por eso, hablando de la evolución de los personajes, que también es un avance para la historia, Stonewalled es uno de los mejores episodios de la temporada.


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