Review The Killing: Reflections + My Lucky Day

Suele pasar que los finales de temporada tensan cuerdas hasta que estas se rompen, dejando para las premieres el duro trabajo de la reconstrucción. Sin embargo, algunas series obvian su cara amable, y prefieren retomar las temporadas dando una vuelta más de tuerca. En el caso de The Killing, una vuelta más (o tres) al sacacorchos que Stan Larsen lleva clavado en la rodilla desde el piloto; no hay piedad tampoco para sus hijos, privados de hermana y casi de madre; ni para una cada vez más aislada Linden y su Jack. No digamos ya para el candidato Richmond y su devastado entorno… Muchos meses después, The Killing ha reaparecido a la sombra de los blasones de Game of Thrones, una vuelta silenciosa pero que no ha restado un gramo de calidad a una serie que merece un alto en el camino. Bievenidos a la segunda de The Killing, con más traiciones, más giros, más muertes que nunca. Y con triple ración de melancolía en los ojos de Linden. Nunca hubiese dicho que cabía más…

Tras ver Reflections y My lucky day, la doble premiere con la que The Killing ha vuelto a AMC, a uno le queda la sensación de estar viendo el humo que queda flotando en el aire después del truco de un prestidigitador. La serie se llevó más de un palo (y más de dos) tras los giros de su primera finale, con aquel Holder desconocido, entre otras cosas; ahora nada es lo que parecía entonces. Lo primero a lo que hay que estar dispuestos cuando nos sentemos a ver The Killing es a darle ciertas concesiones. Hay que saber que tendremos que transigir con la incómoda idea de que Linden, como otros muchos detectives de ficción (quizá también los reales, no lo sé), solamente es capaz de cambiar de sospechoso cuando a este le acaban de pegar un tiro. Resulta incómodo que en un par de capítulos logre deducir lo que no era tan difícil: dónde estaba Richmond la noche de autos. También deberemos aceptar que cuando se quiere hacer descarrillar a un político lo más sencillo y efectivo es matar a una adolescente y tratar de cargarle el muerto, a costa de montar una conspiración cósmica. No sé… ¿qué tal un lío de faldas o unos gramos de cocaína en su coche?

Porque la conspiración que estamos destapando, que Linden (y Holder, en realidad también, aunque de momento cada uno por su lado) está destapando, tiene pinta de cobrar dimensiones mayores con el paso de cada capítulo-día. Ya hemos descubierto que uno de los que mueven los hilos es Gil Sloane (quizá te suene de Caprica), el tutor de Holder en Narcóticos Anónimos. Sloane está conectado con la candidatura del alcalde vigente, el rival de Richmond, y está haciendo lo posible por evitar que salga a la luz la inocencia de este último. En vano: Linden también sabe mover hilos (¡oh, casualidad, es amiguísima de la fiscal del distrito!) y acude a Christina Nilsen para que reabra el caso Larsen. Curiosidad: Nilsen está interpretada por la danesa Sofie Gråbøl, actriz que da vida en la Forbrydelsen original a Linden, llamada allí Sarah Lund.

La eternamente melancólica Linden está ahora en el punto de mira. De momento hemos visto cómo la apuntaba una cámara de fotos; seguro que pronto hay un rifle tras esa mirilla. Su mal rollo con Holder, provocado por la presunta traición de este, se acabará resolviendo sí o sí porque se antoja muy necesaria una mano amiga en el camino de La Chica del Jersey de Lana. A todo esto… ¿hemos pasado de puntillas por el tema del futuro marido? ¿Me he perdido la llamada, o realmente no hemos tenido ocasión de ver una nueva bronca entre Linden y el personaje de Callum Keith Rennie, cuyo nombre obviamente nadie recuerda? He googleado para ver si nuestro querido ex-cylon era baja de cara a la segunda temporada, pero no: estará. Pues nada, ya recuperaremos esta apasionante en otro momento…

Me pasaba en la primera temporada, y veo que me sigue pasando en esta segunda, que tras ver el episodio de turno de The Killing me quedo bastante satisfecho… pero en cuanto me pongo a escribir me salen muchos sarcasmos. Supongo que se debe a que la serie es impecable en el plano técnico (me fascina ese Seattle lluvioso), y que los actores apenas chirrían, y el patinazo le viene por el lado del guión, así que como yo soy algo lento solo me doy cuenta un rato después. Sí, supongo que será eso… Con esto quiero decir que la serie me gusta, está desde luego por encima de la media; sin embargo, echo de menos algo más de coherencia y consistencia.

Por ejemplo: Oakes (el teniente fulminantemente jubilado) debería haber sido algo más cuidadoso con el asunto de la mochila. Holder tiene un pasado turbio, pero no quiere decir que se haya quedado tonto… si le cambias a Gary por Stu sin darle motivos es probable que se cubra las espaldas. Pero, sobre todo, si cuando le cambias a Gary por Stu te pones borde, tu siguiente paso debe ser comprobar que realmente Holder le dé a Stu la mochila correcta. En cualquier caso, supongo que ahora que ha sido sacado de la partida Oakes apoyará en la sombra a Linden.

Nos queda hablar un poco del trío de desangelados del capítulo: Belko, Stan y Darren. El primero ha tenido la salida más lógica posible. Tras haber pasado por el inevitable status de sospechoso y desencadenar el terremoto que desencadenó en el 1×13, Belko solo tenía dos salidas: cárcel perpetua o muerte. Los guionistas han optado por lo segundo, más efectista e igual de relevante para la trama, porque desde luego que el personaje no iba a aportar demasiado entre rejas. Muy buen trabajo, por cierto, de Brendan Sexton III.

Para Richmond ha quedado la parte más dramática. Entendemos ahora que su silencio durante buena parte de la pasada temporada se debía a intereses políticos, que no quería esconder una muerte ajena sino casi la suya propia. Difícil saber qué papel le reserva la serie a partir de ahora: ¿seguirá en la carrera electoral? Teniendo en cuenta lo rápido que se ha recuperado de una operación a vida o muerte, yo no descartaría nada. Será interesante también saber hacia dónde tirarán Jamie y Gwen, especialmente el primero.

Y para Stan, el papelón. Sin Rosie, ahora también sin Mitch (Michelle Forbes), y con dos pequeñajos que cuidar, el padre coraje se ve desbordado cuando la mochila ensangrentada de su hija aparece en la puerta de su casa. Un movimiento muy raro… si la conspiración trata de enmarronar a Richmond, ¿quién pone eso ahí? ¿Qué otro grupo hay en liza? No lo sé, pero en breve habrá aún otro más. Porque cuando Stan se mete en esa cafetería en la escena final yo pensaba que accedía a hablar con el periodista…pero no. No es el periodista, es Janek. Janek Kovarsky, jefe de la mafia. Ay, Stan…

En su regreso, The Killing ha sabido reconducir algunos de los hilos que más colgaban de aquel final de temporada, pero no se puede quitar de encima la sensación de ligera chapuza. En la búsqueda de lo efectivo se queda en lo efectista. Aún así, si perdonamos ciertos baches de guión (y ciertas licencias: “no, no he podido identificar una cara en el retrovisor de la bici de Rosie, pero a cambio tengo este tatuaje absolutamente inconfundible del que seguro que algún personaje secundario te sabe decir algo“), la heredera de Forbrydelsen nos presenta una segunda temporada interesante, donde los Larsen (lo que queda de ellos) van a empezar a tomarse la justicia por su mano; me encanta ese Stan que se avecina. Donde Linden y Holder, ahora separados por la gélida mirada de ella, acabarán haciendo un gran equipo. Me pregunto qué será de Darren Richmond

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