Review The Killing: Off the Reservation

Hay series a las que les sienta mal el final de temporada, que se ven intimidadas (o algo así) por la presión de tener que acelerar, que es lo que se suele esperar de ellas en ese momento. Por mucho que durante las últimas semanas se haya llevado más de un palo, y de dos, por nuestra parte,
hay que reconocer que eso es algo que no le podemos reprochar a The Killing. La criatura de Veena Sud firmó una primera temporada de ritmo más bien alto y constante, si bien luego nos dejaron con cara de tontos en el último suspiro; ahora, en este Off the Reservation parece que hemos encontrado el acelerador de la segunda, y lo que es más importante, nos hemos atrevido a pisarlo. Fuera falsos cebos, vamos a lo que vamos: reserva india, casino, puerto, alcalde, conspiración. ¿Estamos más cerca de saber qué pasó, realmente, con Rosie Larsen?

Desde luego que, si lo estamos, no será gracias a la salida de tono de papá Stan. Supongo que es humano caer en la desesperación y jugársela a la carta de la recompensa, pero estaba claro que al pobre señor Larsen le iba a servir de poco el órdago. Si algo hemos aprendido de las películas y series es que las recompensas públicas son terreno abonado a las falsas pistas, los tomadores de pelo… y las pitonisas. Debo decir que me ha encantado la escena que comparten la medium y Stan, en parte porque no he sido capaz de darme cuenta lo que realmente pretendía ella hasta el final. Y con esa sencilla conversación, sumada a la siempre eficaz actuación de Brent Sexton, me han transmitido mucho más sobre qué se cuece en el interior de un padre roto que con la absurda y eterna huida de Mitch. Ahora en serio… ¿dónde está Mitch? Vale que en este capítulo no ha salido y no debería mencionarla, pero… ¿nadie la está buscando? Es un tema que me exaspera bastante…

Como decía en la entradilla, en este 2×08 me ha dado la sensación de que la serie por fin se ha centrado un poco, y de que tendremos una recta final con cinco capítulos muy por encima de la media de lo que hemos visto el resto del año. Es hora: ya llevamos 21 días, tres semanas justas desde que Rosie Larsen fuese encontrada en el maletero de aquel coche de la candidatura de Darren Richmond. El hilo político del que tirar también ha renacido definitivamente: a través del casino, donde los herméticos indios de la reserva esconden un chanchullo de dimensiones considerables, relacionado de alguna manera con el proyecto portuario del vigente alcalde Adams.

Con la adopción teóricamente definitiva de este hilo se justifica asimismo la (a veces) cansina presencia de Richmond durante la temporada. La batalla electoral siempre ha estado de fondo en esta segunda, con el foco más puesto en el drama personal de Darren. Drama personal que personalmente veo agravado por el hecho de que en la semana que lleva en el hospital no haya recibido más visitas que las de Jaime y Gwen. ¿Dónde se ha visto un aspirante a alcalde con un círculo social tan microscópico? Richmond, por cierto, sigue empeñando en no proveerse de una buena coartada que sustituya a la verdadera: que estaba intentando suicidarse. Eso le está dando muchos quebraderos de cabeza y un roce serio con su equipo, culminado con ese momento con Gwen en el que él la culpa por estar en silla de ruedas. La táctica del aspirante pasa ahora por desmontar el proyecto del waterfront que tan fundamental es en la candidatura de Adams. Me gusta que Richmond haya decidido pasar al ataque visitando a su rival en casa y echándole en cara el asunto de la foto trucada; Adams se ha puesto muy nervioso, y ahora queda por ver qué sucederá en la reunión de Darren con la todopoderosa jefa Jackson.

También ha sido muy interesante el testimonio de la chica que le dio las cerillas a Holder, la tal Mary. A través de ella sabemos que en realidad Rosie no ejercía de prostituta, y que su gran error fue descubrir qué se está cociendo en la décima planta. Evidentemente, allí es donde se dirigen ahora los esfuerzos de la pareja de oro, Linden y Holder, reunidos otra vez. Un Holder que se ha recuperado tan milagrosamente como Richmond: empiezo a sospechar que los médicos de Seattle tienen algún tipo de pócima mágica… Llegados a este punto me surge una pregunta: ¿la décima planta del casino podría ser un nuevo falso cebo, o realmente estamos llegando a la meta? Es de cajón que la paliza a Holder es una respuesta tranquilizadora a esto, y que haya lo que haya allá arriba es digno de esconder; pero también es cierto que es muy absurdo intentar pararle los pies a un policía de esa manera.

Crucial para la investigación, y para este final de temporada, será también la decisión de Linden de enviar a Jack a Chicago. Linden ha ejercido por fin de madre y ha entendido que su chico no pinta nada en la locura que ha devenido su vida en Seattle. Desde el punto de vista egoísta de telespectador también salimos ganando: Jack empezaba a estorbar, y desde el momento en que huyó de los servicios sociales por aquella ventana del lavabo era ya muy complicado mantener la lógica. Sinceramente, es algo que debería haber pasado en el minuto uno de temporada.

Off the Reservation ha puesto algunas cartas sobre la mesa y nos ha enfocado, espero, hacia la recta final, cuyas palabras clave enumerábamos en la entradilla: reserva india, casino, puerto, alcalde, conspiración. Quedan 5 episodios, 5 días, alguno de ellos de título tan enigmático como el 2×12 (Donnie or Marie), y espero que en ninguno de ello nos salgamos de esta línea que acabamos de marcar. Que no haya más tumbos y que el único conejo que salga de la chistera sea el que todos estamos esperando: ¿quién mató a Rosie?

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3.5
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